Es común que en las noches de cacería, alrededor de la lumbre, se cuenten anécdotas de aparecidos, ánimas en pena, brujas, etc., por lo que aprovechando estas fechas les platico una “real” que viví hace ya muchos años.

Tendría 19 años y era mediados de diciembre cuando, por tradición, iba con mi señor padre y sus amigos a la busca del escurridizo Cola Blanca a San Luis Potosí; empezábamos a subir la sierra a eso de las 9 de la mañana, cazadores y arreadores por un lado y un solo arriero con aproximadamente 8 burros que llevaban toda la carga que representaba estar arriba 5 días, por la vereda; el llegar hasta arriba nos llevaba, a los cazadores casi 7 horas y 8 a los pobres burros, por lo que ya tardeando, todos hambrientos esperábamos con ansia que llegaran para, aun cuando en la subida matábamos algún conejo o codorniz, entrarle a las gorditas y enchiladas que nos preparaban las esposas de los arreadores.

Ésta espera la hacíamos viendo hacía abajo de la sierra directamente a la vereda por dónde debían aparecer primero los burros y tras de ellos el arriero, unos los buscábamos a simple vista y otros con los binoculares; por fin, de entre los mezquites y ya algunos pinos, apareció uno tras otro y al final el arriero que arreaba a los rezagados; ¡ahí vienen ya! casi al mismo tiempo exclamamos todos aliviados; Chon, el jefe de los arreadores, guía y administrador del rancho preguntó “¿quién viene con Ricardo?”, todos afinamos la vista y efectivamente, a su lado vimos claramente que lo acompañaba otra persona; sin darle importancia nos dispusimos a esperarlos. Por fin llegaron y como era de esperar nos fuimos sobre el burro que traía la comida y bebida; mientras Chon le preguntó a Ricardo quién venía con él, respondiendo tranquilamente que nadie, que venía sólo; todos nos quedamos viéndonos, aclarándole e insistiéndole que todos vimos a una persona de gran sombrero ancho que venía a su lado, ya espantado Ricardo repetía constantemente que sólo los burros, sin embargo recordó que la habían platicado que por ese camino se decía aparecía un rabioso.

Nota.- En esos años y en esos lugares despoblados, a los que les pegaba la rabia, los amarraban y los abandonaban a su muerte en el monte para que no causaran daño.

Entre que si fue un simple aparecido o rabioso aparecido, pero fue el comentario de toda la cacería (y las siguientes), procurando salir a campear todos en pareja, no por miedo, pues es sabido que los cazadores somos muy machos, sino simplemente para hacernos compañía.

Espero que ésta narración les haya traído recuerdos de esas cacerías que se hacían en el México ahora plagado de inseguridad que nos impide repetirlas.

Saludos y buena suerte