Existen pasatiempos en la vida que los podemos practicar cuando uno desea, mas sin embargo a nosotros los que somos aficionados a la cacería de venado, solo tenemos dos meses al año para poder disfrutar el más preciado de ellos. Ésta temporada (2007 – 2008) en lo personal fue la más productiva que he tenido en mi breve historia como cazador, solo pude ir al monte en tres ocasiones y en cada una de ellas tuve la suerte de poder dispararle a buenos venados.
El primer fin de semana de diciembre se me presentó la oportunidad de ir al rancho, siete días antes fuimos a alinear mi rifle al campo de tiro y quedó listo para poder practicar mi deporte favorito. El primer día me fui con César González al espiadero de la “nopalera” y solo vimos una venada en tres horas, ya que el aire no nos era muy favorable, por lo que decidimos recorrer el rancho para localizar los pasaderos. Por la tarde me subí al espiadero del “arenal” el cual cuenta con tres brechas, haciendo una especie de “T”. Una de las brechas tiene un comedero y su longitud es de aproximadamente 300 mts. Otra tiene unos 500 mts de largo y termina en una presa. Por último tiene una brechita de 30 mts que colinda con la cerca del rancho vecino. Me salieron como unas 15 venadas en la tarde y no vi ningún macho, tuve los jabalíes en los pies del espiadero por unos 20 minutos y al caer el ocaso no se movían, por lo que tuve que recurrir a lanzarles el envase de mi refresco vacío para espantarlos y no tuve éxito, posteriormente les tiré con mi navaja (claro que cerrada para no sufrir percances) y tampoco le hicieron mucho caso. Al final me decidí por gritarles y ahora sí me dejaron bajar de la torre.
Al día siguiente, decidí a última hora (6:00 AM) irme a otra parte del rancho, a ése lugar le llamamos “la pila”. Como no había tenido suerte donde estuve el día anterior y aparte soy del tipo de personas que en la cacería le hago más caso a las corazonadas que al deseo, decidí cambiarme. Eran las 7:15 de la mañana cuando a unos 350 mts me sale un venado macho de 10 puntas corriendo hacia mí, lo noté muy nervioso ya que iba por la orilla del monte, por lo que decidí hacer mi primer disparo de la temporada cuando se acercó como a unos 300 mts, desafortunadamente no tuve éxito y el animal continuó aproximándose hacia mí, por lo que tuve la oportunidad de hacer un segundo intento, el cual tampoco fue certero.
Sentía una especie de tristeza combinada con coraje que no la puedo describir con palabras, uno como cazador sabe si al momento de hacer el disparo te moviste o bien muchas veces la famosa mano temblorosa nos traiciona, pero cuando uno está seguro de que la cruz de la mira estaba en el lugar indicado es cuando empiezan los cuestionamientos, mas sin embargo no podía echarle la culpa al lente puesto que una semana anterior había alineado, total, me quedé con la intriga dos semanas, para ser sincero había días que soñaba el momento y sin embargo no me quedaba más remedio que aceptar la realidad.
A los quince días volví a ir al rancho, ya estaba cerca de los famosos veintes de diciembre, como es bien sabido, mucha gente dice que después de ésta fecha es cuando se empieza a mover el venado grande, alias “el cacaistlon”. Por ésta razón iba muy ilusionado y con ganas de revancha. El primer día me fui nuevamente al “arenal” y el día empezó muy movido, tenía apenas 15 minutos en el espiadero cuando en la brecha más corta me sale una venada con su respectivo galán, la hembra pasó por debajo del espiadero y el macho le sacó la vuelta en un monte bajito en el cual lo estuve viendo en todo momento, mi asombro fue al ver que el venadito tenía 5 puntas de un lado y del otro solo el asta principal, o sea una sola punta, lo tuve como a unos 30 mts de mí y la verdad no supe si tirarle o no, ya que en estos casos existen opiniones encontradas, unos dicen que son venados que hay que matarlos porque degeneran la raza y otros comentan que probablemente es un venado que se lastimó y no le crecieron las puntas; al haber tantas dudas yo mejor soy de la idea que otra persona los mate para no gastar mi cintillo en un animal como ese.
Posterior a esos venados me salieron 6 jabalíes y otras 5 venadas. Para las 8:00 AM dejaron de salir animales y el viento empezó muy fuerte, coloqué mi rifle en una orilla de la torre y procedí a prender un cigarro, el día estaba exactamente igual que el de mi salida anterior en el cual decidimos bajarnos del espiadero a recorrer el rancho, mas sin embargo en ésta ocasión ya no podía hacer lo mismo porque había más cazadores en las otras brechas.
Pasaron unos 3 minutos y de repente al fondo de la brecha del comedero me sale un venado de 10 puntas tipo “obispo” de esos que hacen una especie de “rombo” con los cuernos, ya que las puntas de cada asta al final se cierran, rápidamente sin hacer ruido alcanzo a tomar el rifle, apago el cigarro, le balo para frenarlo y lo meto a la cruz, se había quedado en la brecha entre dos matorrales y me dejaba el codillo y la cabeza para hacer mi disparo, me decidí apuntar al codillo y le pude disparar, el tiro se escucha bien pegado y el animal se desaparece, espero unos 25 minutos para ir a revisar la escena y solo me encuentro pedacitos de carne.
Me dio mucha desconfianza no encontrar sangre en el lugar del tiro, por lo que en ese momento fue cuando decidí pedir ayuda a mis amigos que estaban en las otras brechas y empezarlo a buscar entre tres, el monte estaba sumamente cerrado, como a los 40 metros dentro del monte César encontró un charquito de sangre de aproximadamente 10 cmts de diámetro caminé unos 7 mts hacia dentro cuando escuché que algo rompió muchas ramas, al no saber si era el venado o mis compañeros preferí quedarme estático y gritarles para ubicarlos, tal fue mi sorpresa que ellos estaban todavía viendo la sangre por lo cual estaban distantes al sitio donde escuché la “quebradera” de palos, el animal no volvió a dejar rastro y después de tres horas de estarlo buscando ya no lo volvimos a ver.
Era el segundo venado bueno en la temporada que no llegaba a mis manos, por lo que dudé más de la mira de mi rifle, la siguiente semana fueron al campo de tiro a probar mi rifle y se dieron cuenta que la mira ya no tenía precisión, es decir si pegaba el tiro abajo, le ajustabas y pegaba centro, al siguiente tiro pegabas una pulgada a la derecha y luego tres a la izquierda a 25 mts, por lo tanto me quedé un poco más tranquilo al saber que la mira había fallado, pero al mismo tiempo sentí que la cacería había terminado para mí en ésta temporada, ya que solo podía salir de cacería en una sola ocasión más, y prefería comprar una mira en el transcurso del año teniendo más orden, tiempo y planeación.
Sabía que mi última salida de la temporada ya estaba planeada y que no podía usar mi rifle, mas sin embargo tengo un excelente grupo de cacería y me animaron a ir, el plan sería que me fuera con Tío Julio González al espiadero y los dos con su rifle nos dividiríamos las brechas.
Se llegó la fecha del 12 de Enero y pudimos ir a un rancho que nosotros lo bautizamos como “El mundo Marlboro”, tiene alrededor de 1000 hectáreas con tres presas para pescar robalos, bagres y tilapias, así mismo cuenta con todas las comodidades (Luz, agua, gas, baño, camas, palapa, etc.), alrededor de 7 torres, algunas de ellas dobles y con una excelente calidad de venados.
Llegamos al rancho como a las 12 del medio día, el dueño del rancho, el sr. Sergio De la Garza, nos prestó un .270 que alineamos con mucha facilidad y nos dispusimos a comer un sabroso pollo en salsa al estilo río ramos preparado por Tío Julio y Tío chuy Gonzalez, después de deleitar el manjar nos dispusimos a ponernos de acuerdo para organizar la cacería de la tarde, yo ya traía plan, así que mi hermano “El Viejo” se fue a la brecha con el rifle que nos habían prestado.
Nos subimos a la camioneta para repartirnos en las brechas y primero nos dejaron a Tío Julio y a un servidor como a 600 mts del espiadero, empezamos a caminar y como a unos 200 mts antes de llegar a la torre nos sale una venada a unos 12 metros de distancia, la notamos nerviosa, ya que caminaba velozmente de un lado a otro en la brecha e iba olfateando mucho el terreno, nunca se dio cuenta que nosotros la estábamos observando y dijimos, a lo mejor trae macho, mas sin embargo nos esperamos unos 15 minutos y el macho nunca salió, caminamos unos veinte pasos y escuché un bufido a mi lado derecho, voltee y observe un buen venado macho a unos 8 metros de distancia el cual se escondía atrás de una nopalera, en ese momento Tío Julio me da su rifle y me dice: “tírale sobrino”, mas sin embargo el venado no me daba tiro, ya que también estaba un Mesquite estorbando la visibilidad.
En ese momento Tío Julio me dice: “vámonos al espiadero, te va volver a salir”. Por el momento lo dudé, mas sin embargo estuve de acuerdo con su decisión, ya que la tarde apenas empezaba. Al llegar la torre no dejaba de pensar en ese bonito ejemplar que me salió y la verdad conforme más pasaba el tiempo mis esperanzas se iban agotando, por otro lado, Tío Julio me decía, “te aseguro que vas a matarlo hoy, antes de las 6:00”.
En eso a los 40 minutos salió una venada en el mismo lugar donde me salió el venado y después salió otra y una tercera más. Fue en ese momento cuando dejé de dudar que el venado podría salir y me puse listo a esperarlo, no pasó más de un minuto cuando el ejemplar salió a la brecha, corroboré con mi Tío para que fuera el mismo que habíamos visto y al confirmarlo me dispuse a efectuar mi disparo.
Al haber tenido dos malas experiencias en ésta temporada decidí asegurar el tiro apuntando a la base del pescuezo, y tal fue mi sorpresa que al disparar la bala dio en el blanco, el venado solamente bajó sus cuartos traseros y en ese mismo momento cayó sobre sus propias piernas; quedó muerto, no se movió, no pataleó y sobre la misma brecha. En ese momento le hablamos por radio a los demás cazadores para darles la noticia, el venado lo pusimos a la orilla del monte para que los animales no se espantaran y nos dispusimos a seguir espiando, seguimos viendo venados, machos en su mayoría, pero ninguno tan grande como éste, al final de la tarde se escuchó otro disparo, había sido mi hermano “El viejo”, se había “levantado” también un buen jabalí, el cual tenía los colmillos enteros, sin estar nada despostillados, por lo que decidió llevarlo a disecar.
Con esta experiencia me llené de gusto, ya que comprobaba que el “fallón” en la temporada era yo, pero por causas ajenas a mí, el problema estaba de la culata para enfrente y no para atrás como normalmente sucede. El venado era de 11 puntas y un gran trofeo para mí, ya que apenas es mi segundo venado y superé los 8 picos de mi primero. Ahorita los animales están en el taxidermista, realmente estoy esperando ansioso el día que los entreguen, ya que momentos como éste, son realmente inolvidables.

Para completar la diversión del día, en un momento de descanso, tomé mi celular y empecé a divertirme jugando una partida del popular juego de casino online: videopoker. Muy divertida, pero corta, porque la madrugada me sorprendió muy rápido.
Por: Octavio Herrera