La
mañana estaba somnolienta pues hacia un frio temible,
y a causa de que habia algo de neblina, se auguraba un dia caluroso.,
pero nada mas alejado de la realidad, el dia estaba frio cual
mas, y asi seguiria, ademas el airecillo empezaba a molestar...La
levantada de la cama fue muy lenta ya que los musculos no respondian,
era mas bien una ocacion para permanecer en ella todo el dia...Pero
la caceria estaba en su mas algido momento, y era asunto de
no quedarse en la casa por ningun motivo, ya dos compañeros
habian cobrado sendos venados y hacian burla al quedarse en
lo calientito, sin mas tarea que hacer de comer y tomar cafe.
Asi
que luego de manejar de mala gana por mas de media hora, detuve
mi vehiculo en una hondonada, y me baje para de manera muy peresoza
caminar los 500 metros que me separaban de mi lugar favorito.
El
frio calaba hondo y pasajes neblinosos me recibian aquella mañana
de diciembre del 83, y a fuerza de dar los pasos empezaba a
calentarse el cuerpo, aunque me movia seguro, hiba resintiendo
la caminata con todo el ajuar que me cargaba, cuernos para sonar,
guantes, binoculares, chaqueta y cubreboca a mas de mi inseparable
winchester 30-30 mira abierta, cañon ochavado, con cuatro
balas en la recamara y cuatro en la bolsa derecha, tambien cargaba
un pito para llamar coyotes y pensaba en no hacer ruido sintiendome
semejante piñata asi que mientras oraba mis oraciones
diarias, continue paso a paso hasta llegar al punto de mi comodo
escondite.
Sabia
que el aire frio me haria los mandados en cuanto estuviera instalado,
porque el dia anterior se me ocurrio la puntada de dejar ahi
una colcha bien gruesa......solo me hacia falta la moca de cafe
que habia dejado olvidada en la casa, ni modo, tres naranjas
me mantendrian vivo, sin duda.
Este
espiadero en el Rancho Familiar llamado La Burra en Guerrero
Coahuila era de mis consentidos, habia aguantado carrilla por
haberlo instalado en un lugar en donde no se veia ninguna brecha,
ni espacios abiertos ni nada, solo el monte como higado rodeaba
el alto escondite, y me habian hasta apostado a que no habria
suerte en este lugar inhospito y solitario.
Mi
terquedad hiba a darme resultados -me decia para mis adentros,-
pues le apostaba a que mientras todo mundo espera un venado
cruzando una brecha, o caminando en lo abierto, yo ideaba a
que -en un lugar asi-, seguro se sentirian bien cubiertos y
tomarian confianza, asi que pensaba que con la paciencia de
una hormiga, un dia me saldria con la mia.
Subir
los cuatro metros de la escalera fria y resbaladiza me hizo
creer que subia al kilimanjaro, aun asi en cuanto me senti seguro,
me felicite a mi mismo y le agradeci al creador la oportunidad
inigualable de poder ver el espectaculo de un amanecer en medio
del campo y con el frio calando hasta los huesos y sobre todo
con la enorme posibilidad de cazar un buen venado.
El
tiempo se fue esfumando con suavidad, el desfile de venados
empezo bien pronto, no me habia equivocado, algunos venian y
se hechaban en el seco pasto, otros correteaban alguna hembra,
los mas chicos simulaban un pleito, y hasta seis jabalies pasaron
bajo mi lugar .....Los pajaros y palomas gorgojeaban un saludo
al amanecer mientras el silencio reinaba por doquier con su
misterio insondable.
Complacido
con tan bonito espectaculo, tome de pronto una decision, y fue
la de no soltar un solo tiro, dedicarme a la observacion pasare
lo que pasare.
A
las dos de la tarde cuando el hambre me estaba haciendo una
mala pasada, mi propia promesa ahogada me daria el momento mas
feliz, de pronto como de la nada, logre observar un solo cuerno
entre el breñal, al tiempo que los venados chicos y medianos
que se habian apoltronado del lugar volteaban al mismo lado
y guardando muy respetuosas maneras se fueron desapareciendo
lentamente como si no quisieran ni pisar el suelo.
Temeroso
de ver filetes adonde solo habia monte, segui en mi escrutinio
trabajando con mis binoculares rama tras rama, espacio tras
espacio hasta que tomo forma un venado espectacular, de diez
puntas bien abiertas, de gruesos troncos, de simetria casi perfecta,
grueso el cuello, alerta la mirada y las orejas cual radares
moviendose sin cesar, camuflajeado como lo ha dotado la sabia
naturaleza, se me desaparecia y aparecia por momentos como una
vision autentica.
Perder
el aliento es lo que provoca este espectaculo, hubo momentos
en que no le podia contar las puntas y solo alcanzaba a verle
las manos, estaba jugando a la estatua el finisimo animal.
Me
dije para mis adentros este es el mero rey del lugar, voy a
cumplir, no soy digno de quitarle la vida, ojala que nunca nadie
lo haga y que siga viviendo aqui dejando toda su herencia.....
Y Asi fue., Luego de largos e imborrables momentos de ver la
actividad de este hermoso animal., me retire muy orondo por
haber cumplido mi palabra.
La
historia relatada solo tomo veracidad cuando ese mismo mes en
ese mismo lugar dos jovencitos casi niños- ahora Profesionistas-,
el Lic. Jorge Cervantes Castro y su Hermano el Dr. Arturo Cervantes
Castro, cobraron entre grandes algarabias su primer venado cada
quien, habiendoles advertido que no le habian sonado al Rey,
tan solo a sus dos de sus descendientes.
Y
por cierto que antes del suceso aguante la tremenda carrilla
de el porque los habia llevado a un lugar adonde dos novatos
no verian ni el polvo.
El
resultado fue, de que le pusieron la muestra al resto del grupo
en aquella ocacion de inolvidable Monteria.
Algunas
veces el cazador se juega un chance, se promete algo, se cumple
y se siente muy hondo poderlo hacer.....Al fin que tanto es
tantito.....Digo.
Dr.
Alberto Nava Hinojosa
Relatos solo para Cazadores
( libro en Proceso ).