La caza
silenciosa en una técnica de acecho especializada para el cazador
de venados a pie. El éxito de esta modalidad depende de la extrema
concentración y atención por parte del cazador, y exige
buenas cualidades de paciencia y autocontrol. El correcto enfoque físico
y psíquico, unido a la destreza y la puntería en condiciones
de campo, hacen de la caza silenciosa un exigente y excitante deporte,
y un medio efectivo de control de la población de venados.
La versión
moderna de la antigua técnica de la caza silenciosa la describió
con detalle la primera vez el cazador y autor norteamericano Theodore
Van Dike, cuyo libro El Cazador Silencioso (1904) es un importante e
influyente estudio de este arte. Entre las muchas destrezas que la caza
silenciosa requiere, Van Dike puso especial énfasis en la observación
cuidadosa: el éxito proviene de saber que hay que buscar y cómo
buscarlo en el transcurso del acecho. El cazador silencioso se adiestra
para emplear sus ojos como instrumentos de precisión, con una
mirada lenta y profunda en búsqueda de señales mucho más
sutiles que las imágenes obvias a las que los ojos del hombre
moderno están acostumbrados. Debe aprender a encontrar indicios
fundamentales en los más diminutos rastros.
Al enfrentarse
en una zona boscosa o de monte, entremezclada tal vez con potrero, valles
abiertos y tierras cultivadas, la primera tarea del cazador silencioso
es averiguar en dónde es probable hallar al venado y tomarse
la molestia de estudiar sus movimientos, hábitos y comportamiento
dentro del área.
En el norte
de México la presa principal del cazador silencioso por lo general
es él venado cola blanca texano,. Excepto en los bosques más
remotos y poco perturbados, los movimientos del venado cola blanca son
predominantemente nocturnos y crepusculares: se encama de día
y se pone en marcha al atardecer y cuando obscurece. El movimiento y
la alimentación continúan hasta el amanecer, cuando el
venado nuevamente se escurre a su cobertura. Estos animales han desarrollado
éste patrón de conducta en respuesta a las perturbaciones
que causan muchas actividades humanas durante la jornada laborable normal.
Para hacer su actividad más productiva, quien utiliza la técnica
de caza silenciosa toma debida cuenta de éste esquema general
de conducta, que las condiciones locales a menudo modifican. En algunas
áreas, por ejemplo, los venados reaparecen regularmente de su
cobertura a media mañana, para alimentarse brevemente y disfrutar
del momento final de luz solar antes de volver al refugio. Éste
es muchas veces el caso en aquellas áreas donde los cazadores
acechan y producen regularmente perturbaciones al amanecer, y la experiencia
ha enseñado a los venados que la molestia termina y el peligro
desaparece a media mañana. Esos venados, que son saltarines y
de difícil aproximación con las primeras luces, son mucho
más accesibles 3 horas después.
El avance
del cazador silencioso por el monte o a lo largo de sus linderos debe
ser muy lento, y los principiantes proceden invariablemente con precipitación.
Aun en el caso de una cuidadosa aproximación en contra del viento,
el alarmante olor del cazador se disemina por una extensa zona a favor
de la brisa y su desplazamiento en el monte alertará en el monte
a cualquier venado. El movimiento lento minimiza la probabilidad de
perturbaciones, y brinda máximas oportunidades de observar las
deyecciones y las marcas de las pesuñas de los venados, las áreas
aplastadas en donde se encamaron, las huellas y las brechas que utilizan,
y las raspaduras y los terrenos desbrozados que visitan. Aun sin ver
a un solo venado, todos éstos rastros ayudan a construir un panorama
de su vida y su conducta en la zona.
Pero el
fin último del cazador silencioso es localizar, seleccionar y
abatir a un venado, de modo que el reconocimiento preliminar y el proceso
de familiarización con el área deben culminar con la búsqueda
de los propios animales. Una vez que sabe dónde y cuándo
se hallaran los venados, el cazador se debe trasladar a una zona probable,
donde tal vez deberá pasar varias horas dentro de unos pocos
metros , moviéndose no más de unos cuantos centenares
de metros y quizá menos.
Los venados
se descubren fácilmente en campo abierto, en las tierras de cultivo,
en los terrenos bajos o áreas de montes talados, pero el cazador
silencioso va en busca de animales que estén en la cobertura
o cerca de ella. Esto exige una técnica de observación
cuidadosa y meticulosa para captar señales de la presencia de
los venados. La vegetación interrumpe las siluetas más
evidentes, de modo que si bien algunas veces el cazador podrá
ver el cuerpo completo, es más probable que lo localice por la
identificación, gracias a una aguda mirada, un mechón
de pelo del costado las ancas, la crispadura de una oreja o el revoloteo
de una cola.
Los binoculares
representan una ayuda vital, aun en la cobertura más espesa.
Puede resultar necesario escrutar minuciosamente con ellos una silueta
o un contorno confuso, o una insinuación del color del venado
entre la maleza a una distancia de unos pocos metros. Esta aproximación
tan íntima significa, por supuesto, que se deben llevar los binoculares
a los ojos con infinito cuidado. El cazador silencioso debe levantarlos
varias decenas de veces durante una salida de 2 o 3 horas, de modo que
la habilidad en su empleo es fundamental. Un vistazo rápido en
redondo puede resultar apropiado para el acecho en campo abierto o en
las colinas, pero en el monte todo debe hacerse con lentitud, evitando
los movimientos bruscos y prestando minuciosa atención a las
siluetas, las tonalidades de los colores, y la compleja trama de las
formas del monte. Por ser un aparato de empleo muy constante, es conveniente
que los binoculares sean de la mejor calidad.
La utilización
cautelosa de los binoculares y luego del rifle se facilita en gran medida
si el cazador lleva una estaca o soporte, práctica ésta
común en Europa pero virtualmente desconocida en México
y los Estados Unidos. Los largos períodos en que el cazador permanece
inmóvil y de pie para observar con binoculares y luego disparar
certeramente, se facilita mucho con una estaca de madera de laurel o
pino con el extremo superior recubierto con un regatón de hule
para asidero y amortiguamiento de los ruidos. Todo cazador que se familiariza
con su empleo, como monipodio para afirmar los binoculares y el rifle
y como ayuda para cruzar el terreno furtiva y silenciosamente, no lo
abandona jamás.
El repertorio
de habilidades del cazador silencioso es amplio, y su enfoque de la
situación debe ser inteligente y casi infinitamente flexible
si desea volcar a su favor las condiciones locales, pero hay una técnica
que se debe mencionar como conclusión: es a veces posible aproximarse
a los venados que se alimentan cautelosamente en terrenos abiertos hasta
una distancia de tiro satisfactoria, si el avance se realiza "siguiendo
las pisadas de la abuela". El éxito de éste método
se basa en la relativa incapacidad de los venados para ver y resolver
figuras humanas estáticas. De ésta forma, el cazador al
acecho avanza cuidadosa y constantemente mientras el venado pastorea
con la cabeza baja y permanece inmóvil cada vez que la levanta.
Dr. Joel Castellanos N.
(MEDICO).