Para el 28 de diciembre del 2007 invite a mi amigo Gabriel a salir el último fin de semana de caceria de la temporada del Bura. Por razones ajenas a este asunto no me pudo acompañar. Total, decidí salir solo al mentado rancho ubicado en el norte del Estado de Chihuahua.
Llegue ya de noche el Viernes, los vaqueros me recibieron con unas tortillas de harina recien hechas con sabor a rancho. Obvio yo invite unas deliciosas cervezas enfriadas en hielo aunque con el frío de menos cinco grados centígrados que hacia la diferencia era poca, total iniciamos el tema donde andaban los chivos grandes y como todos sabemos que si por la buena no sale, con la cerveza o el pisto sale por que sale. Ya con 3 o 4 levaduras salio a relucir el famoso llabudo, con santo y seña.
El Sabado me levanté antes del salir del sol, preparé el café y unos deliciosos tamales hechos en casa por mi esposa; como era obvio los vaqueros ni se inmutaron, seguieron en su profundo sueño.
Me preparé para salir al punto indicado, como todo buen cazador preparé mi equipo como lo son arma, municiones, una copa de tequila para despertar del frío, etc. iniciando mi campeo a poco andar pude observar un venadito de 6 puntas el cual me indicaba me lo habían corrido del grupo de venados grandes por el gran jefe de la tribu. Decidí caminar mas lentito y al pasar de los minutos sin pensar me encontraba frente a su majestad, un animal muy grande, de esos para colgar en tu sala de trofeos. Aunque en ese momento el problema fue que el venado ya me había visto primero así que opté por sentarme y esperar a que todo volviera a la normalidad ya que lo tenía de frente como a unos 400 mts tratando de ver como podía hacer la cacería y de pronto, el sigiloso venado se dió la vuelta y empezó a caminar, encuanto bajo de la loma al plano empezó a botar con esos andares de una presa al saber de su depredador y así me quede con la imagen de un Trofeo más que se va.
Me renegé a mi mismo por no haber sido mas precavido y haberlo visto antes de que él lo hiciera. Me regresé al rancho para prepararme una buena comida, ya para esto el propietario del Rancho me esperaba para ver como me había ido. Por la tarde del mismo Sabado, trate salir buscando al famoso y susodicho venado, el cual no encontré; unicamente un par de venaditos de 4 puntas, nada que hacer ahí y regrese nuevamente al rancho.
Nuevamente la plática nocturna acompañada de unas cervezitas con su correspondiente aperitivo nacional y una sabrosa carne asada, T-bone, amenizó la velada, por supuesto temprano nos fuimos a dormir.
El Domingo por la mañana, última oportunidad, prepare el mismo ritual del café con pan para antes de salir el sol encontrarme listo, en esta ocasión deje un radio de comunicación en la casa de los vaqueros y me dirigí nuevamente a la sierra donde había visto a su Majestad y tratando de ganarle el jalón me fui con cuidado tratando de avanzar más despacio y con mayor observación. Cual sería mi sorpresa, en el llano pude observar unos diminutos animales, por lo lejos, que se movían dentro del terreno, al observarlos había uno muy grande; el cual tenía una colorición negra. Me detuve, ahí medí mis fuerzas y valoré la dirección del viento ya que había una gran distancia y me dispuse a realizar la cacería a las ocho de la mañana aproximadamente. Transcurrio un tiempo y pude llegar a una sierrita, pero mi sorpresa fue que había otra mas adelante, total ya era menos. Al fin logré subirla y caminando lentamente me pusé a observar centímetro a centímetro lo que tenía frente a mí, volteando cautelosamente a ambos lados cuando alzace a ver a uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete venados machos y una hembra. Nunca en mi vida había visto algo semejante a este espectáculo que se presentaba ante mí, me llegaron oportunidades de dos y tres machos pero nunca tantos. Recuerdo mientras los observaba con los prismáticos decía “se le ven los cuernos a todos, pero he de andar desesperado”, pero de pronto ví que uno era el mas obscuro y grande, el cual acompañado con una hembra se encontraba delante del grupo y me dije, “este es el Mío”, quiero comentar que se encontraba otro venado que tenia los cuernos mas grandes, casi del doble de largo aunque muy delgados lo cual significa juventud. Hay que dejar a los jóvenes trabajar y vamos a cazar un trofeo.
Lo tenía de punta y no me quise arriesgar como el día anterior que lo tenía de frente, asi que me acomodé y dispare, el venado cayó pero luego de unos instantes se levantó y empezó a caminar en dirección a donde yo estaba. Lo deje caminar como unos setenta metros pero conforme caminaba se veía más fuerte así que disparé nuevamente, ahora si al codillo con todo la tranquilidad que mi experiencia me ha dado, quedando ahí el mas grande y mas viejo de los Siete Machos.
Que afortunado me siento de haber tenido la oportunidad en esta vida de apreciar estas maravillas y doy gracias al Todo Poderoso de darme fortaleza para subir y bajar los cerros todavía.
Llamé por radio al propietario del Rancho para que ayudaran a levantar mi Trofeo. El primer disparo, calculo que serían aproximadamente ciento ochenta metros, pegó a un lado de la nuca, es por eso que el animal caminaba osilante; despúes el segundo disparo serían entre cien y ciento veinte metros.
Y es así como despúes de un fin de semana de aventura regresé deseoso de compartir con mis hijos, amantes de este bello deporte de la cacería, con un gran Trofeo de 10 puntas.

Su amigo,
MVZ EPA Luis Carlos Grajeda Fierro