Mediados de un mes de octubre de 2005, bastante agitado, y mi amigo
Pancho Licciardo, me llevaba hasta Ezeiza a tomar el avión que
me llevaría a Ciudad del Cabo en Soud África, donde cambiaría
de línea aérea y continuaría en otro vuelo hacia
otro país africano, Namibia, arribando a su capital Windhoek,
luego de unas doce horas en total, entre vuelos y esperas. Allí
me esperaría Jhon Van Der Westhuizen, mi guía y compañero
de caza por unos diez días.
Lamentablemente
en Ciudad del Cabo extraviaron mi equipaje, solo recuperé (gracias
a Dios) mi rifle en su caja, y fue muy duro tomar la decisión
de continuar hacia otro país africano, de grandísimos
contrastes, sin mi equipaje, sin mis municiones, recargadas y "archiprobadas"
en el Tiro Federal, sin mi calzado adecuado a la sabana africana, sin
las ropas, en fin realmente muy triste (Malasyan Airlines.....). Algunas
cosas importantes como mis binoculares, remedios, pasaporte y pasajes,
viajaban en una pequeña mochila junto a mí, de manera
que algo a mi favor había, pero el otro avión salía
en una hora y media y ... ¿me subía o no? Por supuesto
que mi "alma cazadora y aventurera" empujaba fuerte y si bien
seguía angustiado ya iba en el avión de South Africa Airlines
camino a Windhoek, recordando los consejos de mi amigo Alejandro Verzini:
"Jorge tené en cuenta que se pueden perder los equipajes,
en este tipo de viajes
" En swahili, brujo se dice "Mganga",
así lo llamo a Ale desde ahora, que además me asesoró
de maravillas, acorde a sus muchos safaris realizados en África,
con abundante experiencia en varios países africanos.
Al llegar
a Windhoek me esperaba mi amigo Jhon, un profesional de los mejores
de África, sumamente conocido en los Estados Unidos y Europa,
con clientes con trofeos más que excelentes publicados en las
principales revistas del mundo, un P.H. excepcional; luego de los saludos
y las explicaciones de la pérdida del equipaje, fuimos a comprar
algunas ropas y dos cajas de municiones, que gracias a Dios, como uso
un calibre "Rey", habían municiones para mi .375 Holland
& Holland, pues en esos remotos lugares no se consigue cualquier
munición, solo tienen para los calibres más usados mundialmente.
Por supuesto no eran las precisas recargas mías, pero el lance
estaba planteado de esta manera y si quería continuar debería
levantar este guante
Desde Windhoek
hasta el lugar de la cacería debimos recorrer más de quinientos
kilómetros por carretera, al norte, a la provincia de Kunene,
( su nombre se debe al río Kunene que hace límite entre
Namibia y Angola), a cuarenta kilómetros de un pequeño
pueblo llamado Kamanjab, al sur-este del majestuoso Etosha Nacional
Park, cerca del "Corredor de Caprivi" (lugar famoso, si los
hay para la "dangerous hunt" de los cinco grandes), una angosta
faja de terreno limitada por Angola, Zambia, Zimbabwe, Bostswana.
El lugar
donde Jhon lleva a cabo los "Plains Game" es totalmente salvaje,
son casi trescientas mil hectáreas de sabana, con Acacias umbrelas
y bosque de Mopane, de una belleza escénica difícil de
describir como merece ese paraíso de la caza. Según Jhon
y Juliana (su esposa), éste es uno de los últimos reductos
verdaderamente salvajes para practicar la caza en África, parajes
inmensos, totalmente abiertos, sin ninguna clase de cercas (yo las llamo
"gallineros"), donde los animales pueden desplazarse a sus
anchas y donde los recechos son verdaderas emociones en un medio totalmente
salvaje, agreste y natural.
Los que
me conocen saben muy bien que amo los atardeceres pampeanos, con sus
rojos arreboles clavándose como puñaladas en el caldenal,
y juro que es exactamente igual en el norte de Namibia, solo que cambiamos
el Caldén por el Mopane. Además Octubre tiene una particularidad
en ésta parte de África, es el mes de "la vista larga"
todo es pasto seco (yellow grass) y está muy comido, por lo tanto
muy bajo y los árboles sin su frondosa vegetación, todo
esto permite penetrar la sabana con nuestros binoculares, a mayor distancia,
lo que nos facilita la tarea de valorar los trofeos, ya en Noviembre
inicia la temporada de lluvias que se prolonga hasta fines de febrero,
época en la que no se caza.
Las instalaciones
son dos Lodges distanciados a unos cuarenta kilómetros uno del
otro, uno es "Westfalen Hunting " enclavado en la sabana y
el otro, el "Elefant Camp" entre montañas de rocas
y denso bosque de mopane en donde conviven Elefantes, Warthog, Baboones
y la codiciada Mountain Zebra Hartmann's, además de Leopardos,
Chitas, y otros antílopes. Justamente el norte de Namibia es
el único lugar del mundo en donde habita la cebra de Hartmann's,
no así la cebra de Burchell's que vive prácticamente en
toda África. Es grande la diferencia entre estas dos especies
de cebras, la de Burchell's tiene las patas blancas, no rayadas y sí
tiene rayas en la panza, mientras que la de Hartmann's tiene las patas
con rayas hasta las pezuñas y no se juntan las rayas en la panza,
personalmente prefiero la Hartmann's mountain Zebra por su belleza y
la gran dificultad que representa su cacería a pie por esas montañas
rocosas y bello bosque de Mopane.
Los alojamientos
están ambientados con alfombras de Cebras y Springbok, cubriendo
las paredes hay pieles de Leopardo y cuernas de Oryx, Kudú, Eland
y grandes colmillos de Facoceros (Warthog) . Las comidas con las carnes
de caza, como su presentación, son manjares dignos de exigentes
gourmets. Diariamente hay un servicio de lavandería excelente
que nos permite viajar con poca ropa.
Los vehículos
totalmente panorámicos con todo el equipamiento necesario para
el tipo de cacería y el personal de trackers y skinners son la
mayoría de raza Bushman ("pequeños guerreros del
bush" al decir de algunos americanos) y también de raza
Himba, que es la raza autóctona de esa región de Namibia.
Aparte
de Jhon me acompañaba July, un pequeño Bushman con una
vista de águila y un conocimiento de rastros asombroso, que con
el pasar de los días iba enseñándome algunas palabras
de su dialecto que es una mezcla de Afrikaner, Swahili, bushman e inglés,
de manera que con unas veinte palabras de las más elementales
me las arreglaba para entenderlo. Además antes de salir en busca
de tal o cual trofeo, hablábamos de qué tamaño
debería tener o qué característica debería
poseer, de manera que al primer enfoque de binoculares, si no reunía
esencialmente lo charlado, rápidamente abandonábamos ese
lance y buscábamos otro. En este tipo de cacería, el uso
de unos binoculares de primerísima calidad, es una necesidad,
pues un binocular de excelente definición evita errores y grandes
y cansadoras caminatas. Son una herramienta de precisión, y son
realmente "los que cazan
". Yo usé mis inseparables
Swarovsky 8,5 x 42 modelo E.L. Habich, sencillamente insuperables.
Fue necesario
regular la mira telescópica de mi rifle, una Leupold 6 X con
retículo Heavy Duplex, para lo que Jhon posee un shooting land,
en donde la dejamos "pegando a cero" en ciento cincuenta metros
con la nueva munición que compré en Namibia.
Son las
05:30 hs y estamos frente a un desayuno impresionante, con todo tipo
de comidas como huevos revueltos, diferentes tipos de jamones, una gran
variedad de frutas y un exquisito café alemán; luego de
una noche en la que prácticamente no pude dormir, pues la excitación
era mayúscula; mi morral con las municiones, el GPS, un encendedor
para comprobar la dirección del viento y la máquina de
foto junto al rifle, ya había quedado listo de la noche anterior
y a las seis horas exactas partimos, debo hacer notar que la prolijidad
y cumplimientos de los horarios son al más puro estilo británico
y se cumplen "a rajatablas".
Inmediatamente
que nos adentramos en la sabana empezamos a ver toda clase de animales,
Oryx (Gemsbok) , Gran Kudú, Springbok, Jirafas, Red Hartebeest,
Warthog, Steenbok, Damara Dik-Dik, Klipspringer y una variada fauna
menor y muchísimas aves. A media mañana una Cheetah cruzó
a altísima velocidad a unos cincuenta metros delante de nosotros
corriendo a un grupo de Springbok, que saltaban desplegando sus lomos
blancos, es decir, estos animales tienen la propiedad de levantar sus
pelos, desde la cola hasta casi el cuello, y al ponerlos eréctiles
su color varía del marrón al blanco, justamente en este
lugar los Springbok poseen glándulas que emiten diferentes mensajes
a sus congéneres, como señal de peligro, estado de excitación
de hembras o machos e incluso para demarcaciones territoriales. Puedo
asegurar que el espectáculo de observar a decenas de Springbok
saltando por arriba de los pastos en plena sabana con esos "plumeros"
blancos es maravilloso, "It is to beautify the savanna..."
al decir de Jhon.
Casi a
las once de la mañana July, el pequeño Bushman, señala
un grupo de Oryx (Gemsbok), donde se destacan dos con buenas posibilidades,
y dice en su dialecto : "
Suki, suki,
.Jorgui
"
(Shoot, shoot
.Jorge) y Jhon luego de observarlos con detenimiento,
me dice que hay un macho excepcional, y que hacía mucho que no
veía un Oryx con las cuernas tan gruesas en sus bases, de manera
que Jhon y yo emprendimos un rodeo buscando "el mejor viento",
mientras que July los seguiría observando con sus binoculares
desde la Toyota. Algunas partes nos exigían arrastrarnos un poco
en los pastizales o agacharnos detrás de algunas plantas y observar
el movimiento de los Oryx con los largavistas. Nos habían visto
pero no podían tomar nuestro olor, pues en la posición
que estábamos, el viento nos venía desde ellos hacia nosotros,
pero la distancia de tiro era todavía muy larga. Continuamos
con nuestro acercamiento, ya casi estábamos a ciento cincuenta
metros y de nuevo la observación, confieso que mi corazón
estaba por estallar, realmente un trofeo maravilloso, recién
ahora lo había podido valorar muy bien, realmente una cuerna
muy larga y muy gruesa. Era una decisión difícil de tomar
y había que tomarla rápido. "
disparar desde
allí o acercarnos un poco más con la finalidad de asegurar
el disparo
" Me incliné por acercarme más hasta
ponerme a ciento veinte metros y de rodillas y apoyando mi rifle en
el shooting stick, le coloqué los 300 gr en medio de los pulmones
por varios motivos, primero para asegurar el trofeo (los pulmones son
un blanco de mayor tamaño), segundo para no arruinar el trofeo
disparando al cogote, como acostumbro con nuestros ciervos colorados,
y tercero recordando los consejos de Alejandro Verzini (
"dispará,
dispará y volvé a repetir el disparo, debés asegurarlo,
que no se vaya
."), y así lo hice, pues el Oryx cayó
y se levantó y en ese preciso momento repetí el disparo
a la articulación de la paleta, que lo acostó definitivamente.
Nos dimos
un gran abrazo con Jhon y la emoción que me embargaba era grande,
al tiempo que me recomendaba tener mucho cuidado en la aproximación
al Oryx, pues son animales muy peligrosos en condición de heridos
y pueden cargar de manera imprevista. Esperamos a unos cuarenta metros
un corto tiempo y luego nos acercamos por detrás, realmente un
soberbio Gemsbok, un gran macho, estos tienen cuernas algo más
cortas que la hembras pero mucho más gruesas, son más
cortas debidos a los constantes combates por la territorialidad y la
posesión de hembras.

El Oryx
posee una de las máscaras más bellas de África,
una cara negra con antifaz blanco grisáceo, un gran cuerpo gris
con una línea negra horizontal a cada lado de sus bajos flancos,
y la cola negra, parecida a la de un caballo, es un hermoso trofeo.
Las fotos
de rigor con mi trofeo, junto con mi PH, y otras junto con la "máquina
de buscar y rastrear", que es el pequeño July.
Las toyotas
son totalmente descapotadas y equipadas con malacate para la carga de
especies tan grandes y pesadas. En el lugar se evisceró el Oryx,
de manera que redujimos en un cuarenta por ciento la carga.
Una vez
que arribamos al Ranch, donde poseen un lugar apropiado para pesar,
desollar y despostar, con una gran carnicería y grandes cámaras
frigoríficas para la conservación de las exquisitas carnes,
Jhon procedió a medir el trofeo que dio casi cuarenta pulgadas
de largo y casi nueve pulgadas alrededor de sus bases (ambas iguales)
siendo un trofeo "Medalla de Oro" para el Rowland Ward. No
fui a buscar a África trofeos medallas de oro, con haber cazado
cualquiera, mi alma cazadora, hubiera estado tan emocionada como estuvo,
y mi grado de excitación hubiera sido el mismo, simplemente quiero
dejar por lo claro el excelente trabajo del PH, que dijo "
shoot
"
sobre un animal determinado, luego de una intensa búsqueda y
una exhaustiva selección, por algo Jhon y Juliana Van Der Westhuizen
tienen en el mundo la reputación que tienen (nobleza obliga).
El día
siguiente y siempre a las seis o'clock entrábamos nuevamente
a la sabana, en busca del Gran Kudú y del Springbok. El Kudú
bull, normalmente se lo puede ver en pequeños grupos, de cinco
a diez animales, no más, y muchas veces solo o dos machos. Siempre
está dentro del bush, a lo sumo en sus contornos, es muy difícil
encontrarlos en llanuras abiertas, Ernest Hemingway lo llamaba "El
fantrasma del bush". A las hembras, Kudú cow, sí
se las encuentra en grupos mayores, son muy curiosas y a diferencia
del Oryx, las hembras de Kudú no poseen cuernas.
Varias
caminatas, largas y penosas dentro del bush, tratando de acercarnos
a un grupo de Kudú, fueron con resultado negativo, ya sea porque
nos "ventearon" y se escaparon o porque no daban las condiciones
de animal para se cazado.
Es una
zona en donde alterna la sabana con bosque de mopane y acacias, y también
elevaciones rocosas, cerros con grandes rocas y grande árboles
en esas alturas. Mirar desde una de esas elevaciones al valle, es todo
un espectáculo, aparte de ser un excelente método de detección
de animales con nuestros binoculares. A media tarde pudimos ver desde
la cima de un "Kopje" (elevación rocosa en afrikaner)
un Gran Kudú impresionante, algo extraordinario según
Jhon, pero se encontraba en una altura muy grande y muy lejos para arriesgar
un tiro de cerro a cerro, además imposible bajar de donde nos
encontrábamos y volver a subir con luz diurna.
En el descenso
íbamos rodeando el pequeño cerro, y Jhon se detiene, me
hace señas, nos agazapamos y podíamos ver a un Springbok,
que "pintaba" muy bueno. Estaba a unos trescientos metros
y se encontraba solo, buena señal según Jhon "
The
big ones are alone
".
El acercamiento
fue fácil, pues nuestra posición era muy favorable, veníamos
de arriba hacia abajo, con buen viento, y ocultándonos entre
grandes rocas y árboles de mopane, pude acercarme hasta unos
cien metros, desde donde le disparé, impactándolo en la
parte alta de la paleta sobre la espina, con un disparo que salió
alto, supongo que el ángulo de inclinación de ese disparo
fue el motivo de que impactara alto, pero de todos modos, los 300 gr
son contundentes y más en este caso con un animal relativamente
pequeño, si lo comparamos con los grandes antílopes. Nos
acercamos rápidamente y Jhon solicitaba con urgencia mi máquina
fotográfica, al principio no entendía cuál era
el apuro, si el Springbok no iba a poder moverse, luego entendí,
además lo ví y me explicó
."El Springbok
apenas es impactado de muerte, pone sus pelos blancos eréctiles
por un lapso muy pequeño, puede ser de tres a cuatro minutos,
luego se aplasta y toma su color marrón definitivamente.

Interesantísima
experiencia que capitalicé y la cual, gracias a Dios, la tengo
registrada en una sola foto, más que suficiente, pues no dio
para otra con el penacho blanco parado.
Una vez
cargado el Springbok, emprendimos el regreso a la hora que se llama
"
The golden savanna
.", los atardeceres africanos
son sumamente intensos, y los colores de los pastos y los árboles
se van tornando dorados. Lo mismo pasa con los animales, en esa zona
hay muchísimas Jirafas, andan en pequeños grupos de hasta
seis congéneres, por lo general un macho viejo, uno joven, tres
o cuatro hembras y una o a lo sumo dos crías. Son animales sumamente
curiosos y nos permitían acercarnos a unos veinte metros, tuve
la oportunidad de disparar infinidad de veces mi cámara fotográfica
a esa hora de la tarde, donde el dorado de la vegetación se confundía
con el de las Jirafas, como dije antes; "
escenas bellísimas
."
Si bien
las Jirafas están contempladas como trofeos de caza, y Jhon tenía
licencia para cazar dos, nunca estuvo en mis planes disparar sobre uno
de estos bellos animales, que nos acompañaban todos los días
en nuestras cacerías.
Una tradición
muy de la zona, es brindar por cada trofeo, al atardecer del día,
con un trago específico para "cada" animal cazado en
buena ley. Una bebida tradicional de África es el famoso "Amarula",
es justamente ese uno de los ingredientes que Jhon vertía sumamente
despacio, en el pequeño vaso, y sobre "menta" que es
de color verde y con el amarula que es un marrón claro, semejan
los colores de la bandera de Namibia y es el trago para festejar y agradecer
en un ritual legendario, por el Springbok cazado.- Nos reunimos los
involucrados alrededor de los fuegos del lodge en círculo y al
mismo tiempo se lo bebe "
To drink of a single swig
".
El tercer
día de Plains Game se mostraba duro, no encontrábamos
un Gran Kudú como lo que nos habíamos planteado, dos o
tres caminatas de acercamiento con resultados negativos. Paramos al
medio día a descansar unas dos horas, y luego del ritual del
"
Tea of three o'clock
" retornamos nuestra búsqueda
en la sabana. A media tarde nos encontrábamos en zona de los
Red Hatebeest, grandes antílopes de cogote muy fino, y cuernas
negras, algo curvadas hacia atrás. Encontramos uno de estos animales,
atrapado hacía ya mucho tiempo en una alambrada, a la que intentó
saltar y se trabó entre los dos alambres superiores, quedando
inmovilizado, una lástima, pues era un ejemplar joven. Muy cerca
de este lugar encontramos una tropa realmente grande de estos corpulentos
antílopes, entre los que se destacaba uno con una cuerna impresionante
de grande, muy negra y muy gruesa. Jhon comentó de inmediato
que era, sin lugar a dudas, un "medalla de oro", y con total
seguridad me invitó a que disparara, a lo que me negué,
porque nunca me gustó como trofeo, aunque para ser honesto, cada
vez que recuerdo el tamaño que tenía, pienso que debí
haber disparado.
Se iba
el tercer día de cacería y sin trofeo, a lo que Jhon me
decía ". . . In Africa, one day without blood, it is as
one day without sun . . ." al decir en la jerga de los PH.
El sol
ya a punto de esconderse en el horizonte, y July, infalible como siempre
"
Stop
bwana
Kudú bull
" y realmente
un Gran Kudú impresionante junto a otro también de muy
buen porte a unos ciento cincuenta metros, Jhon me hizo señas,
descendimos atrás de unos árboles y nos acercamos unos
veinte metros, Jhon me mira con los ojos muy abiertos y dice por lo
bajo " Is very, very, very, big
..shoot
" y con
la última claridad del día disparé al mayor y a
los pulmones, tal como estaba planeado. Vi al Kudú, de cuerpo
gigantesco, encoger sus patas delanteras y dar un gran salto hacia arriba,
inmediatamente después del disparo, y Jhon gritaba y daba saltos
también, mientras July corría detrás de la alocada
carrera del Gran Kudú. Jhon me saluda y me dice que me quede
tranquilo que el Kudú no se iría, que fue muy bien "tocado",
no obstante fui de inmediato a ver, cuando veo a July que me hace señas
pidiéndome que me apure y me dice "
Suki, Suki,
..Jorgui
"
me angustié pensando que el Gran Kudú se estaba escapando,
y yo encaraba con mi telescópica hacia donde me señalaba
el pequeño Bushman, y con la poca luz que había no veía
nada
.., cuando lo veo que se agarra la panza de risa . . . el
pícaro estaba sentado arriba de mi Gran Kudú.

Nuevamente
los abrazos con Jhon y July, y la emoción que me embargaba era
gigante, juro que se me hizo un nudo en la garganta y se me vinieron
a mi cabeza un torbellino de recuerdos, de otras cacerías, de
compañeros de cacerías, de mi padre, que desde algún
lugar del cielo seguro que estaría festejando también
mi trofeo.
Un animal
muy grande y muy viejo, de cuernas muy gruesas y retorcidas, con unas
puntas de marfil de casi veinte centímetros en cada una, un trofeo
excepcional, según Jhon otro "Medalla de Oro" con total
seguridad.
Otra hermosa
máscara africana, con su "pintura de guerra" en la
cara, una V ("chevron" de los americanos) de color blanco
en su frente que le otorga una gran belleza, un cuerpo de color gris
verdoso, atravesado por rayas blancas perpendiculares, todo este conjunto
le otorga excelentes cualidades para mimetizarse dentro del bush.
Jhon me
explicaba que el Gran Kudú, con su ojo observa perfectamente
sus puntas marfileñas, a través de la espiral que forman
sus cuernas, y que esto es una necesidad para los combates que sostienen
con sus congéneres por hembras y territorio.
La tarea
de cargarlo en la Toyota entre los tres fue penosa, aún teniendo
el malacate, y una vez cargado y con una fresca brisa de la noche africana,
que me daba en la cara, regresábamos al Ranch en búsqueda
del "
drink Kudú special
"
Apenas
llegamos al Ranch, los encargados del cuereado y el despostado ya estaban
en posición, mientras Jhon, procedía con su hiperactividad
característica, a medir ese magnífico trofeo de Gran Kudú,
que tenía cincuenta y cuatro pulgadas la cuerna derecha y cincuenta
y dos pulgadas la izquierda, con una circunferencia en las bases de
once pulgadas cada una (ambas iguales) y nuevamente obteníamos
un "Medalla de Oro" para el Rowland Ward.
Era el
turno de buscar un Warthog, si bien todos los días veíamos
cantidades de facoceros por el campo, no habíamos encontrado
ninguno con las condiciones requeridas y como tenía tiempo más
que suficiente, preferí esperar, aunque una mañana uno
me dejó con grandes dudas y quizá le hubiera disparado.
Es muy
común acechar Warthog en los water-holes, y los trackers de Jhon
tenían algunas informaciones de Warthog en determinados water-holes,
a los que fuimos a verificar sus rastros. Como en uno vimos rastros
importantes decidimos volver casi al medio día, cuando el sol
"apretaba", con la intención de acecharlo por unas
dos horas, al menos. Como de costumbre, escondimos la Toyota lo suficientemente
lejos y nos acomodamos dentro de un arbusto sumamente espinoso a unos
ochenta metros aproximadamente, con "buen viento" según
desde donde parecía que entraba, por los rastros vistos. Realmente
hacía mucho calor, el sol brillaba con gran intensidad, y mi
rifle como de costumbre con su funda en el cañón, para
evitar los "flashes" con el sol, cosa que le llamó
mucho la atención a Jhon, pues según él, no hacía
falta, cosa que con el correr de los días aceptó, incluso
comprobó en los ascenso a las pequeñas elevaciones, que
el cañón efectivamente brillaba, cuando no llevaba puesta
su funda.
Aproximadamente
a los cuarenta minutos de espera, San Huberto que siempre me acompaña
en todas mis cacerías, me regalaba y ponía ante mis ojos
un Warthog descomunal, no podía creer lo que estaba viendo, justo
cuando estaba chequeando los alrededores con mis binoculares. De inmediato
lo metí en el retículo de la Leupold y con ironía
pregunté a Jhon "
Jhon is good
? A lo que respondió
"
shoot, shoot, is very good
". El disparo fue de
frente, pues así lo tenía, y al cogote, le interesó
una de sus cuatro verrugas, entró en la base del cogote y la
espina, por la posición en que se encontraba, quedando fulminado
"sin pestañar" en el lugar en que se encontraba.
"
Is
Very, Very Old
Really, several years ago, for here such a big
and so old Warthog is not hunted
" decía Jhon mientras
me mostraba sus larguísimos pelos en su crin, llenos de piojos
y pulgas.

La parte
que se veía de sus colmillos era mucho más larga que los
colmillos enteros del jabalí más grande que yo haya cazado.
Wart :
verruga en inglés, y realmente hacía honor a su nombre,
pues sus cuatro verrugas eran grandísimas. Las hembras poseen
solamente dos de esas verrugas.
Una vez
más se repetía la secuencia fotográfica, la carga
del Warthog en la Toyota, y el retorno con la cara llena de risas al
Ranch, esta vez a almorzar cómodamente, mientras nos tomábamos
esas dos horas de descanso.
El cuerpo
del viejo Warthog se lo obsequiamos a Stanley y Ouvro, dos trackers
muy voluntariosos, que lo querían para "charquear"
esa viejísima carne. Gustos son gustos y fue agradable complacerlos
y retribuirles en algo tanta voluntad, pues al fin de cuentas fue posible
la caza del Warthog por la información de uno de ellos.
Una vez
medido los colmillos dieron 12 y 13 pulgadas cada uno y cinco pulgadas
de circunferencia cada colmillo (ambos iguales), esto, me explicó
Jhon, se da siempre, pueden variar los largos pero la circunferencia
de los colmillos no, siempre son iguales, para mi fue otra experiencia
a capitalizar.
Y la cuarta
"Medalla de Oro" para el Rowland Ward, con este magnífico
Warthog, y rompió un record de cuatro años en su "Hunt
Loxodonta Conservancy" de Westfalen, lo que lo llenó de
orgullo, y tomó gran cantidad de fotos.
Era el
turno de las Hartmann's Zebra (Cebras de Montaña), y es justamente
en estas montañas uno de los poquísimos y exclusivos lugares
del mundo en donde se las puede encontrar a este tipo de Cebras.
Son montañas
rocosas, cubiertas de vegetación, de Acacias, de Mopane y altos
pastizales, donde alternan Elefantes, Cebras de Hartmann's, Leopardos,
Chitas, Baboones, Oryx (Gemsbok), Kudú, Warthog, gran cantidad
de fauna menor y muy variadas aves.
Al estar
y caminar por esas montañas entendía a Ernest Hemingway,
cuando decía "
estar enamorado de África y sus
diferentes y bellos escenarios
"
Podíamos
ver muchísimos rastros de Elefantes dentro del bosque (Elefant
dang), incluso un Elefante pasó a menos de treinta metros nuestro.
Jhon con señas me pidió que no fuera a moverme. Tenía
unos colmillos pequeños pero era un Elefante muy viejo. Lo enfoqué
dentro de la mira y juro que me temblaba todo el cuerpo y Jhon se puso
blanco y con cara de susto pensando que le dispararía, bajé
muy despacio el rifle y alcancé a sacarle dos fotos a corta distancia.
Después le expliqué a Jhon que era la primera vez en mi
vida que tenia dentro de la telescópica a un Elefante a unos
veinticinco metros, en un medio totalmente salvaje.
Realmente
África, "El Continente Negro" es tierra de grandes
emociones y grandes contrastes.
Llevábamos
caminando más de seis horas, estábamos muy cansados y
mis brazos estaban bañados en sangre, debido al roce constante
con las espinas. Subimos como de costumbre a una elevación rocosa
muy prominente para observar hacia el valle y tomarnos un respiro. Dejé
mi rifle abajo, para subirme a una roca alta, y me senté más
o menos cerca de Jhon, cuando estábamos bien instalados pudimos
ver con desasosiego que una tropa de Cebras nos observaba desde una
elevación al frente nuestro y a no más de cien metros.
Mientras Jhon se tiraba de cabeza en busca de mi rifle yo las pude ver
perfectamente con mis binoculares. Un gran macho se distinguía
al frente. De inmediato se hicieron humo, a pesar que fuimos rápidamente
en pos de ellas, y las seguimos casi media hora, no las vimos más.
Era la primera vez que en medio de "la batalla" me separaba
de mi rifle y se convirtió en un grosero error, que fue amargo
de digerir y que capitalicé para el futuro.
Regresamos
hasta la Toyota donde comimos unos sándwiches y descansamos media
hora aproximadamente. Luego continuamos viaje por dentro de un río
seco, arenoso y muy pesado para la camioneta que iba en doble tracción
y así mismo era muy dificultoso. Realmente hermoso ir por esa
vena seca con bordes de hermosa y frondosa vegetación.
El cielo
amenazaba tormenta, con grandes y negros nubarrones. Grandes truenos
retumbaban en esas montañas a lo que Jhon me comentaba que sería
la primera de las lluvias, pues no llovía desde febrero, o sea
ocho meses atrás, pero para él era extraño que
la temporada de lluvias fuera a empezar tan pronto.
Dentro
de este escenario abandonamos nuevamente la Toyota, en donde quedaron
los trackers Stanley y Manuel a esperarnos. Nuevamente ascendimos a
otra montaña entre altos pastos y bosque de Mopane. Algunas gotas
de lluvia empezaron a caer y parecían una bendición de
Dios, nos refrescaban mientras subíamos. El ambiente estaba convulsionado
con viento, truenos y algunas gotas, y muchas veces, en estos escenarios
la caza me resultó excelente
en eso estaba pensando cuando
Jhon me preguntó "
did you listen some noise?..."
a lo que respondí negativamente solo con gestos. Nos agazapamos
y ahora sí pude escuchar un tropel, nos adelantamos unos cincuenta
metros y allí estaban las Cebras sobresaliendo de los altos pastizales,
hermosas, relucientes, todo un símbolo de África.
Jhon coloca
rápidamente los shooting stick y me dice "
Jorgui shoot
neck, neck
" mientras enfocaba la mas grande a unos cien metros.
Cuando tuve la tabla del cogote en la mira toqué el disparador
y tras el disparo vimos a la Cebra emprender una frenética carrera.
Jhon maldecía en una mezcla de Afrikaner e inglés y yo
estaba muy confundido pues creía haber disparado bien, aunque
es sabido que con un tiro errado al cogote, el animal se va limpiamente
sin problemas.
El grupo
de Cebras dio un rodeo y se pararon nuevamente a unos ciento treinta
metros debajo de un gran árbol. Jhon colocó nuevamente
los shooting stick y dijo "
tree, tree, shoot, shoot
"
señalando hacia el árbol. Esperé que terminara
de aparecer por atrás del árbol una Cebra muy grande y
esta vez apunté al encuentro de la pierna con el cuerpo. Sonó
el disparo y la Cebra dio un gran salto encogiendo sus patas delanteras,
signo inequívoco de que estaba "tocada", pero emprendió
una veloz carrera. Nuevamente Jhon me miró con dudas a lo que
le respondí que fuéramos a ver antes de hablar. Al llegar
al árbol y sobre una gran formación rocosa los rastros
de sangre eran gigantes, lugar donde presumiblemente la Cebra dio un
"costalazo". Al ver esto Jhon gritaba pero de contento, aún
sin haber encontrado a la Cebra, porque el sabía que con semejante
rastro de sangre no debía de estar muy lejos, y evidentemente
a unos treinta metros encontramos a una hermosísima Cebra.

En pos
de ser honesto y agradecido con la munición factory PMP de 300
gr R-N, que compré en Windhoek, se comportó magníficamente,
entró algo atrás de la paleta y algo bajo, provocando
una herida de gran tamaño en su entrada; y el proyectil no logró
atravesar a la Cebra, sino que quedó debajo del cuero del lado
opuesto. Es decir la Cebra recibió toda la energía que
llevaba el proyectil, el que luego recuperamos y pudimos observar que
había perdido bastante peso.
Nuevamente
los abrazos y la alegría, pero me carcomía la duda sobre
la primera Cebra que había disparado, no obstante prefería
no hacer comentarios al respecto, pero Jhon, me pidió que esperara,
que él iba a rastrear a la primera de las Cebras
(evidentemente
él también tenía dudas). No pasaron diez minutos
y sentía los gritos de Jhon llamándome, donde fui de inmediato.
La Cebra estaba "seca, fulminada" con un impecable tiro en
el cogote (espina), lo que sucedió (hicimos el análisis
en el lugar, mirando los rastros) es que la Cebra cayó fulminada
como por un rayo, con los 300 gr del .375 Holland & Holland, y lo
que vimos, fue a "otra" Cebra emprender una veloz carrera.
Nos confundimos
en un abrazo y Jhon todo un caballero me dijo: "
The mistake
was mine, we have two licenses, so that if you don´t want a Zebra,
I write it to me...", pero nuevamente San Huberto me sacudía
fuerte con tan grandes emociones y algunas lágrimas que se me
escapaban y se confundían con las gotas de lluvia. Decidí
quedarme con las dos Cebras, después de todo, consideré
que era un justo premio logrado en buena ley y en un medio tan agreste
y salvaje como son las Damara Mount.
Realmente
dos hermosos trofeos de Cebras.
Es inimaginable
la tarea de "despanzar" a las Cebras en esas montañas
y hacer camino para llegar hasta ellas con la Toyota para cargarlas,
es una experiencia que ha quedado grabada a fuego en mi espíritu
y en una gran cantidad de fotografías.
Mientras
Stanley y Manuel preparaban la preciosa carga, Jhon me explicaba cosas
sobre las Cebras, como por ejemplo que la frente de la Cebra es como
las huellas digitales en los humanos, que no hay en el mundo dos cebras
que tengan rayas iguales en la frente, toda una novedad para mí.
Por supuesto se sacaron muchas fotografías de la frente de cada
una de ellas.
De regreso
Stanley descubrió parte del cuerpo de un Springbok en la horqueta
de un grueso árbol, signo inequívoco de la actividad de
un Leopardo de muy buen tamaño, el cual podríamos haber
cazado con toda seguridad, planteando un acecho en ese lugar, pero lamentablemente
no teníamos licencia para Leopardo, de manera que nos contentamos
solamente con mirar y fotografiar sus rastros. Además Jhon analizaba
que ese Leopardo tendría muchísima comida con los restos
de las dos Cebras, por varios días. Es un "tiro" pendiente
para el futuro.
Todos mis
trofeos habían sido conseguidos, mi alma henchida de satisfacción
vagaba por la Sabana Africana, en pos de algún Baboon de buen
tamaño. Vimos muchísimos, pero ninguno reunía las
condiciones requeridas, de manera que este "tiro" quedó
pendiente también, para una futura oportunidad.
Solo quedaba
la visita al Ethosa Nacional Park, la que realizamos con muchísimo
tiempo y con lujo de detalles. Las maravillas naturales que se pueden
ver allí parecen salidas de un libro de fantasías, pero
eso es otra historia

"Si
África perdona tu vida
atrapa tu alma
"
- - - - - - - - - - - - 0 - - - - - - - - - - - -
|