Oso Café de la península de Kamchatka.

Capítulo X
Kamchatka, la última frontera.

Después de semejante numerazo, me acerco al oso. el cuerpo es grande, pero la cabeza es impresionante. Las manos y las garras son tremendas.

Por fin denoto un signo de felicidad entre mis guías, nos abrazamos y felicitamos mutuamente. Todo es algarabía. Definitivamente si no fuera por ellos nunca hubiéramos cazado estos tremendos animales.

Tomamos las fotos de rigor y nos lleva dos horas decopinar a la bestia.

Nos cae la noche y regresamos al campamento con lámparas de cabeza. La piel es tan grande y pesada que me gana mi lugar sobre el caballo. Tendré que caminar.

Todos estamos felices, vamos tarareando. Wory no deja de silbar mecánicamente
, les pregunto porque y me comentan "los osos de noche". Hacemos otras dos horas al campamento. A estas alturas las ampollas no se sienten tanto y la verdad ya no importan.

Los guías son los que aportan el conocimiento, el empuje, la valentía. Estos en particular son auténticos profesionales, gentes preparadas con grados universitarios en vida salvaje.

Art en particular lo apreciare mucho, aprendo que es un hombre con un valor excepcional, ciertamente a toda prueba. Gente que "Navega" en el invierno subartico trampeando martas sibelinas a 50ºC bajo cero. No creo que se pueda ser más rudo.

Brindamos en el campamento con Vodka, me meten dos farolazos y brindamos también por el oso de Roberto. Todo es felicidad.

La amistad con los Koriaks ahora es una realidad, literalmente me siento como si algún día hubiera yo sido "pastor de caribus".

Wory me regala su bolsa personal de piel de foca, para coser sus ropas. Además me regala tres colmillos de foca (uno cavado para silbar). Los demás Koriacks no se quedan atrás, me regalan garras de osos y sus fotos personales, los cuales conservare toda mi vida. Yo salgo medio "happy" de la casona, voy a mi "covacha" y trato de corresponder de la misma manera.

Les doy mi ropa, les doy mi equipo, en especial a André le entrego mis preciados binoculares. Art prefiere "la lana".

Al día siguiente pasara el bote, para regresarme al campamento base, es sin duda el comienzo de mi regreso a casa.

Gerardo ganara confianza y en días posteriores matara dos osos(los dos arremeten contra el y los guías).

Durante ese tiempo, descansaremos, limpiaremos las pieles, las salaremos e iremos a pescar truchas y salmones.

Como estaba pronosticado, esto fue una "súper aventura". Irrepetible e inolvidable.

Nos despedimos de todo el Staff, agradecidos por sus profesionalismos, antes nuestros guías ahora algunos son nuestros amigos.

Finalmente llega el helicóptero, nos elevamos en la fantástica maquina y en corto tiempo habrá que decir Adiós a Kamchatka.

Al tomar altura veo arroyos y ríos, sus montañas nevadas y sus valles, también veo las huellas de tus osos. No puedo evitar la nostalgia de abandonar este bellísimo, remoto e indómito lugar. Sin lugar a dudas una de las ultimas fronteras. Un edén en donde su gente aun convive salvajemente con los recursos naturales, igual que desde hace muchos miles y miles de años.

La lucha del hombre contra el medio ambiente y las bestias, tristemente terminara sin el compromiso de nosotros los "Amantes de la Naturaleza". Sin su inteligente aprovechamiento no existirá la sustentabilidad necesaria.

Adiós al verdadero "Oro de Rusia". Adiós Kamchatka, gracias por esta peligrosa, interesante y maravillosa aventura, gracias por las emociones y el aprendizaje, gracias por tus presentes y tu gente, eres maravillosa.

Nunca te olvidare. Probablemente nunca más volveré……………………..

Ricardo León.

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