Cazador.

La Segunda de San Venado.
(El Chúntaro Daniel)

Luis Fernando Wong.


La siguiente parodia se refiere a la de sobra conocida historia de los cazadores con infinidad de ciber conocimientos, que atrapados por el negocio de los artículos de cacería salen con mil y un chuchería y muy pocas veces cazan un buen trofeo. Y la contra parte ubica al peligroso lugareño que sin ningún sofisticado equipo va y hace una matanza de venados.


Corría el día catorce de enero del año dos mil equis, estaban unos venados festejando su día en la ladera de una montaña degustando unas deliciosas hojas de un arbusto de frijolillo acompañadas con tunas de cardenche y un rico cogote de sotol, cuándo el vigía oye unas cuatrimotos y anuncia con voz de alarma…., “¡cuidado que vienen unos cazadores!”, uno de ellos el más viejo llamado Mónico, sin inmutarse, pregunta: ¿y como son?, ante la pregunta, el vigía saca sus binoculares y examina detenidamente a los cazadores y contesta; ¡Vienen vestidos con camuflaje “3D Real Leaf”, traen unos binoculares compactos “Leupold Katmai, un GPS marca “Maguellan”, traen rifles 30-06 marca Marlincher con miras infrarrojas “ATN Nightvision” y telescopios “Swarosvki Z6”, navaja Buck al cinto, botas cazadoras “Black Duty” y ropa térmica  “Gore Tex”, además saca el olfatímetro y anuncia; uno de ellos apesta a prostituta, otro huele a manzana podrida, el tercero viene pegándole a unos cuernos y el cuarto viene gruñendo con un palo en la boca, además; dice visiblemente alarmado; ¡Traen un perro rastreador! ¡y vienen para acá!, al decirlo,  los venados comenzaron a inquietarse y dejaron de comer; ¿Qué más?, preguntan aprensivamente; el vigía enfoca nuevamente sus binoculares y exclama muy alarmado; ¡¡¡A cabrón!!! y por si fuera poco, traen un detector de cuerpos calientes, en ese momento ya todos los venados estaban en su máximo estado de alerta y el venado Mónico seguía sin inmutarse por lo que le preguntan: ¿y tú porque sigues comiendo, qué no ves que hay peligro?, sin dejar de comer, Mónico contesta; ¡Han de ser cazadores regiomontanos, no se muevan y no pasa nada!,……. los demás, tildándolo de suicida y estando al borde del paroxismo, replican; ¡¡pero es que vienen muy bien pertrechados, traen lo último en equipo de rastreo!! …¡¡ Y además traen un perro adiestrado!! uno agrega; ¡parece equipo de los que venden en el otro lado! ….otro opinó; ¡Así fácilmente nos van a encontrar!, y los demás gritaron al unísono;…....¡¡¡¡CORRAMOS!!!.

En eso estaba la discusión cuándo los cazadores ya estaban a escasos metros y un venado no pudo contener el miedo y sale corriendo ladera arriba, cual mariposa de aquí para allá, los demás inmóviles y sudando la gota gorda, esperaban escuchar el estruendo de los poderosos 30-06 y ver caer a su compañero, pasaron algunos segundos que parecían una eternidad y,………, ¡¡De pronto!!.......,¡¡¡Zass!!!.........los cazadores no vieron al venado, siguieron caminando y pasaron de largo…………..……. ¡¡ Fiuuu!!...., respiraron de alivio los venados,   ¡ya ven!, dijo Mónico.

Una vez pasado el peligro, los venados continuaron la fiesta siempre atentos a la llegada de los cazadores, ahora con menos miedo por la experiencia tenida, no faltó el venado cabrón que se le ocurrió apodar al miedoso como “el mariposón”.

A partir de ese año, los venados inventaron un jueguito para cuando llegaran los cazadores y lo bautizaron como el juego del mariposón, este juego trataba de qué; al llegar los cazadores, mediante sorteo al azar un venado sería escogido para demostrar su valentía, el venado sorteado debería salir corriendo de aquí para allá, haciéndole gestos y darle la vuelta a los cazadores para ver si lo veían y le podían pegar, en tanto que los demás venados se divertían viendo como el mariposón les sacaba la lengua a los cazadores.

Lo pusieron en practica, y así continuaron divirtiéndose cada día de San Venado a sabiendas de que era poco el riesgo que corrían, pasaron los años y en otra fiesta de aniversario, el venado Lalo Trinques estaba atisbando con sus nuevos binoculares Leica Geovid, -Que por cierto, días antes se los había agandallado a un cazador de Torreón-,  cuando a la distancia ve un objeto brillar y ve que es un cazador solitario, ¡pa’ luego es tarde!, le mete el “rangefinder” a los binoculares y calcula la distancia; el cazador estaba a tres kilómetros setecientos treinta y tres metros, era uno solo, no había peligro, pero algo le llamó la atención, ese cazador no sabia disfrazarse, traía una vestimenta no muy propia de los cazadores, era tan grotesca que rayaba en lo ridículo, éste usaba unos tenis blancos, más lisos que una plancha, nada adecuados para las piedras; camiseta sport café, imagínense la espinada y quemada con el sol que se debió dar, pantalones verdes tan ruidosos que chillaban al pasar por las ramas y se podía escuchar a kilómetros de distancia; un gorrito de idiota tan descolorido que era difícil adivinar de que color había sido, en la mano traía una botella de pecsi llena de agua, amarrada con un pedazo de mecate, ¿se han de imaginar Ustedes para qué?...., ¡Pa’ la sed! , Ahhh, pero eso si,  traía algo que no podía faltar en todo cazador, enredada en la cintura tenía una camisola de camuflaje, que solo se ponía en sitios donde no había espinas; “Pues, pa’que no se rompiera”,  esta le quedaba un poquito grande, nada más le llegaba hasta las rodillas, esta combinación le pareció jocosa al venado Lalo Trinques, pues lo detectó a varios kilómetros de distancia, Je, Je, rió y se dijo para si, ¿este muchachito a quien cree que va a sorprender?, los otros venados escucharon la risita y le preguntaron que había visto; ¡nada, importante!, contestó, y dijo divertido; es un cazadorcillo novato, parece de esos de Velardeña, y añadió, “preparen el sorteo que ahorita nos vamos a divertir”, ante este comentario, alistándose para otro juego, los demás voltearon para ver al mozalbete que se aproximaba y no pudieron contener la carcajada por la apariencia de este.

Ante tremenda algarabía, el venado Mónico se acerca a preguntar; ¿Qué rifle trae?, el vigía rápidamente se echo los binoculares a la cara y le describió divertido: Mmmm.., Ja, Ja, parece un marca patito, al oírlo, los otros se desternillaban de la risa; ¿Qué más?, pregunto Mónico; lo trae amarrado con alambre y usa una espina de mira delantera, dijo riendo, mientras los demás se mofaban divertidos, “huuuy que miedo tenemos”; ¿Que calibre? inquirió otra vez Mónico; Es un 22 magnum de un tiro, contestó el vigía ya sin poder contener la carcajada y no faltó el sarcástico que sentenció; “esa balita me hace cosquillas”, mientras los demás estaban muertos de la risa por la ocurrencia,  el venado Mónico voltea preocupado hacia donde viene el cazador y al verlo se espanta y exclama:

¡¡¡El Chúntaro Daniel!!!..... ¡Ahora sí nos llevo la chingada!, ¡¡¡CÓRRANLEEEE!!!

 

Luis Fernando Wong López.

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