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la
cerceta caía a mis pies, tan muerta como si la hubieran
abatido los perdigones de un tiro de escopeta
¿Qué
fue lo que me llevó a estar en tan singular situación?
Para
explicarlo mejor, comenzaré por aclarar que más
que ser un fanático de la cetrería, sufro de falco
pirexia desde los 11 años de edad.
Falco
Pirexia: Fiebre crónica y progresiva, más que afición
o pasión, por la cetrería. N. del A.
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Estando consciente que el único remedio conocido para aliviar
los síntomas de esa calentura es salir con los "cuates"
a volar halcones, le llamé a mi amigo Salvador Fuentes, quien
además de ser un experto halconero, ocupa el puesto de presidente
de la "Dirección Atizapán", filial de la
"Asociación Queretana de Cetrería". Tan
pronto Salvador supo que quería ir a ver volar a sus halcones,
me preguntó: -¿Vas a ir al evento? Por mi actitud,
se percató que yo ignoraba a qué evento se refería.
Pero, parafraseando a su tocayo, el cronista musical de la Ciudad
de México, Chava Flores, me convenció diciendo: -
vaya
"uste", que va a estar rete suave.
En
un santiamén hice planes, en los que incluí a mis
hijos y a mi padre, para asistir al magno evento de la cetrería
mexicana; el "Falcon Fest", que se llevó a cabo
del 14 al 17 de diciembre de 2006, en las llanuras vecinas de Buena
Vista, Zacatecas. |
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A dicho
evento asistieron más de 270 halconeros procedentes de distintos
estados de la República quienes llevaron algunos halcones peregrinos,
de las praderas y aplomados, para el alto vuelo. Además del escuadrón
de bajo vuelo, encabezado por un águila dorada y formado principalmente
por aguilillas de Harris y gavilanes de cooper.
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Entre
los halconeros asistentes, destacó la presencia de dos
celebridades de la cetrería británica; Bob Dalton,
quien dio una interesantísima ponencia sobre cetrería
con aguilillas de Harris en Bretaña y Diana Durman-Walters
autora del libro "The Modern Falconer", quien además
se dedica a la reproducción de halcones peregrinos, gerifaltes
e híbridos en cautiverio. ¡Ella cría más
de 300 rapaces al año para la familia real de Abu Dhabi!
La
mayoría de los lances fueron a liebres y patos, en algunos
se cobraron las piezas y en otros no, aunque todos ellos estuvieron
llenos de dramatismo, emoción y belleza. Sin embargo hubo
un lance en particular, que será imposible de olvidar y
narro a continuación.
Por
instrucciones de Salvador fui a explorar una charca, al llegar
a esta, a penas me asomé por el bordo, poniendo sumo cuidando
de no alertar a los patos, que posiblemente estarían ahí.
¡Y
efectivamente, ahí estaban algunas cercetas! Di media vuelta
y regresé a los vehículos, donde esperaba un numeroso
grupo de halconeros, tan pronto le reporté a Salvador,
que había patos en la charca, se organizó la campaña
contra ellos.
Alberto
de Ávila, conocido entre los "cuates" como "Tomás"
e inseparable compañero de Chava, tomó a su torzuelo
peregrino, Laila-Sha, le colocó el transmisor y verificó,
con el receptor, que el sistema de telemetría funcionara,
entonces todos los presentes nos encaminamos a paso lento hacia
la charca. Cuando Salvador y Tomás consideraron prudente,
el halconero le quitó la caperuza a su peregrino, este
esperó unos instantes para que sus ojos se acostumbraran
a la brillante luz, propia de un día totalmente soleado
y despejado.
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Bob
Dalton

Diana
Durman-Walters
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El machito
de F. p. anatum miró a su alrededor, como "queriendo reconocer
el terreno", cabeceó un par de veces y emprendió
el vuelo. Le llevó a penas unos cortos minutos alcanzar la altura
a la que le gusta esperar. Mientras tanto, los demás halconeros
rodeamos la charca, manteniéndonos fuera de la vista de los patos
y esperamos atentos a que Salvador nos dijera, por radio, que azuzáramos
a las aves.
Con un
movimiento de su guantelete, Tomás le indicó a su halcón
que volara sobre la charca. Cuando Chava dio la orden, todos nos hicimos
visibles provocando el vuelo de los ánades. Pero. ¿Cuál
va siendo nuestra sorpresa? ¡En la charca había más
patos de los estimados y no sólo unas cuantas cercetas! Con una
pasada, el altanero controló el vuelo de la gran parvada, volvió
a remontar y se mantuvo esperando en el ala, muy atento, mientras que
los patos volaban en círculo sobre el agua, sin abandonar el
refugio que la charca les proporcionaba, pero tampoco sin poder acuatizar
por la presión de tantos hombres rodeándola. Así
pasaron intensos segundos de suspenso, hasta que una hembra de cerceta
de alas verdes voló sobre tierra, entonces el torzuelo cerró
sus alas e inició la picada, convirtiéndose en un bólido
contra aquel pato en particular.
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Cuando
la pobre acuática se dio cuenta que su error le costaría
la vida, trató inútilmente de regresar al agua batiendo
las alas desesperadamente, pero la "calaca ya le sonreía".
El torzuelo la acuchilló limpiamente en el aire y remontó
para frenar su velocidad de vuelo, mientras que la cerceta caía
a mis pies, tan muerta como si la hubieran abatido los perdigones
de un tiro de escopeta y quedó inerte entre las ramas de
un arbusto, la saqué del arbusto y la envíe de nuevo
al suelo, a un lugar libre de vegetación, donde inmediatamente
Laila-Sha se posó sobre su presa, trabándola con
su garras derechas por cuello y con las otras por el pico, entonces
con su propio pico fracturó las vértebras cervicales
del pato, concluyendo así el lance.
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Definitivamente
la altanería es el método más complicado de cazar
patos, pero también es la manera más noble, deportiva,
emocionante, espectacular y divertida. Por eso, mientras pueda hay que
seguir dándole vuelo a Laila-Sha.

La
Orden de San Huberto estuvo presente en el Falcon Fest, dignamente
representada por don Antonio Rivera, quien aparece en la foto
acompañando a Tómas y su torzuelo.
Oración
del Halconero
San
Huberto milagroso
Santo patrono de los cazadores,
en memoria del
Emperador Federico II;
legendario halconero,
defensor de la caza
y apóstol de la cetrería,
yo te pido en este día
suerte en la cacería.
En
todos los lances de mi halcón,
te ruego con mi corazón,
que dotes sus alas y garras
con vigor y fortaleza
para que alcance a su presa
y trabe por la cabeza.
Mas
si al terminar la jornada
retorno con mi morral vacío
por no cobrar nada
ni tan siquiera un conejo
¡Perdona
su tarugada
y quítale lo pendejo!
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Eduardo
Rivera.
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