El "Continente Negro" siempre fue una meca, una seducción,
un "canto de sirenas", para una infinidad de exploradores,
cazadores de marfil, aventureros, naturalistas, que fueron a ese continente,
en busca de sus objetivos económicos y aventureros, muchas veces
perdiendo sus vidas frente a los peligros del África, fieras
salvajes, tribus de caníbales, enfermedades, y sin embargo aún
hoy, es un imán que sigue atrayendo a infinidad de aventureros
y visitantes de todo el mundo, que buscan dar "rienda suelta"
a sus distintas pasiones, cazar, fotografiar animales salvajes, conocer
desde dentro algunas tribus famosas, como los Masai, los Himba, los
Bushman, los Hereros, Bosquimanos, Kalangas etc.
Recordando
las palabras de uno de los Cazadores Profesionales (P.H.) más
famosos del mundo, como fue Syd Downey :
"En África,
todo es misterio, todo es peligroso, todo muerde o ataca..." y
justamente los peligros, los misterios, las tradiciones ancestrales,
la sabana y las junglas profundas, todos esos contrastes son la atracción
de muchas gentes de todo el mundo.

Una de
esas "Perlas Negras Africanas" se encuentra al norte de Namibia,
cerca del límite con Angola el: "Etosha Nacional Park",
una de las bellezas impactantes del Continente Negro. Un teatro de vida
salvaje y natural, compuesto por millones y millones de actores, donde
la vida y la muerte compiten a diario, donde muchos mueren para que
otros sobrevivan, todo dentro de un escenario natural, agreste, salvaje
y brutal.
Me encontraba
de safari en Damaraland, al norte de Namibia, cerca de un caserío
llamado Kamanjab, a unos ciento cincuenta kilómetros del Etosha
Nacional Park, y por nada del mundo quería perderme de visitar
este verdadero santuario de la Naturaleza y la Vida Salvaje.
Habíamos
viajado unos quinientos kilómetros desde Windhoek, la capital
de Namibia, pasando por las ciudades (en realidad pequeños pueblos)
como Okahandja, Otjiwarongo, Outjo y Kamanjab y justamente desde aquí
hasta Okakuejo que es la entrada al Etosha Nacional Park, hay ciento
cincuenta kilómetros.
Namibia
es un país con implosión demográfica, y una de
las causas más importantes de esto es el SIDA, además
de otras enfermedades, es uno de los países con menor índice
de habitantes por kilómetro cuadrado, de modo que la soledad
se siente muy fuerte en todos los ambientes, no solamente en las rutas.

El ETOSHA
PAN es un desierto que se encuentra casi en el límite con Angola,
de ciento diez por sesenta kilómetros de ancho, es impresionante
observar ese mar de arena, que hace de contención o barrera natural
que evita que los animales se aventuren a cruzarlo hacia el norte o
sea hacia Angola, y en su perímetro sur hay innumerables WATER-HOLES,
o water-point, pozos de agua donde acuden una diversidad inmensa de
animales a saciar su sed. Muchos de estos Water-holes son naturales
(Natural Springs or Fountains) y otros fueron fabricados por el hombre
(Man-made waterpoint).

El Etosha
Nacional Park cubre un área de veintitrés mil kilómetros
cuadrados, con una red caminera de cientos y cientos de kilómetros
entre los Water-holes, de manera que se los puede ir visitando y observando
la fauna desde los vehículos, por carreteras principales y secundarias.
Algunos de estos pozos de agua son muy famosos como es el caso de Okakuejo
donde hay hoteles de cinco estrellas y bungalows, donde se hospeda el
turista y pasa días de observación, fotografiando y filmando
a distintas horas del día el comportamiento de la fauna salvaje
y a distancias muy cortas, llegué en una oportunidad a colocarme
a menos de veinte metros de un elefante tomando agua, fue todo un espectáculo
ver como corrió a una infinidad de otros animales como Cebras,
Ñus, Kudúes, Oryx, Springbok, Warthog, Eland, Red Hartebeest,
Impalas, Steenbok, Damara Dik-Dik, Jirafas, etc., cuando sacó
absolutamente a todos del pozo, entró él solo a tomar
agua hasta saciarse, luego lentamente se retiró y los demás
pudieron entrar nuevamente.

Cuando
uno viaja de un water-hole hacia otro es posible ir viendo muchos animales
en plena sabana, desarrollando diversas actividades, no es difícil
poder observar una Cheetah corriendo a un grupo de Springbok, o a los
perezosos Leones a la sombra de alguna acacia, durmiendo con sus panzas
al sol, descansando de la cacería de la noche anterior y reponiendo
fuerzas para la próxima. También pudimos ver desde muy
cerca y fotografiar a una gran familia de Avestruces con muchas crías,
son realmente muy grandes los Avestruces Africanos, sus crías
con apenas unos días de vida tienen el tamaño de un pavo.

Hay algunos
water-holes muy alejados, a cientos de kilómetros, ubicados en
lugares estratégicos, donde es posible filmar cuando alguno de
los grandes carnívoros acechan y cazan a sus presas cuando "bajan"
al agua. Un atardecer tuve la inmensa suerte de ver cazar a tres Leonas
en equipo y ver cuando una de ellas saltaba sobre el lomo de una Cebra,
cerca del water-hole Duikerdrink.
Similar
al asentamiento de Okakuejo, a lo largo de unos ciento treinta kilómetros
de carretera de tierra, podemos encontrar otros dos emplazamientos con
hoteles cinco estrellas, pista de aterrizaje y servicios, que son Halali
y Namutoni, también con tribunas de observación de la
fauna que se arrima a esos water-holes a saciar su sed.
En Halali
se encuentra un water-hole famoso llamado Moringa donde la densidad
de animales es realmente impresionante. Sin querer pecar de exagerado
y para dar un ejemplo, en el water-hole de Okakuejo al medio día
se podían ver a no más de unos treinta metros nuestro
y hasta donde llegaba nuestra visión, cientos de Spingbok, cientos
de Ñues, cientos de Kudúes, más de sesenta Jirafas,
cientos de cebras, decenas de Red Hartebeest, muchos Eland, muchas Spotted
Hyaena (Hienas moteadas), cientos y cientos de Oryx, varios Elefantes,
y por supuesto a la fauna menor no la tuvimos en cuenta , y a los grandes
depredadores como son los Leones, Leopardos y las Cheetah, no se los
ve en los pozos tomando agua, ellos cazan preferentemente de noche y
durante el día holgazanean.

Lo cierto
es que para quién nunca ha visto este mar de vida salvaje a tan
pocos metros de distancia es un espectáculo impresionante que
quedará registrado de por vida en mis retinas. Gracias a Dios
pude tomar innumerables fotografías de todos estos grupos de
animales, en diferentes situaciones, tales como tomando agua, bañándose,
peleándose. Dos Kudú Cow (Kudú hembra) no quisieron
obedecer la orden del elefante, de abandonar el lago, incluso lo enfrentaron
en una actitud casi suicida, el Elefante se dirigió directo hacia
ellos y de un trompazo arrojó a la de mayor tamaño a unos
diez metros aproximadamente, lo que parece hizo entrar en razones a
la otra hembra que partió en retirada de inmediato.
Son tan
fuertes las vivencias que nos proporciona el Continente Negro, que muchas
noches estando allá, me despertaba sobresaltado y saliendo de
diferentes pesadillas, que vaya a saber qué mezcla de cosas se
haría en mi mente aventurera y cazadora, al presenciar de tan
cerca todas estas vivencias de la vida salvaje.
Las aves
son un capítulo aparte, se las ve por miles desde las más
pequeñas a las de rapiña más grande, como las Águilas
Tawny o las African fish Eagle, son numerosísimos los Greater
Flamingo y los Lesser Flamingo. También hay infinidad de Helmeted
Guineafowl, más conocidas por nosotros como Gallinas de Guinea,
favoritas de los cocineros de los campamentos, son muy parecidas a nuestras
Martinetas Copetonas pero de un tamaño unas cinco veces mayor.
Familias
enteras de Suricatos andan entre las patas de los grandes animales que
se reúnen alrededor de los water-holes.
Mientras
tomábamos un trago hablábamos con Jhon, mi P.H. sobre
la desgastada expresión: "animales en peligro de extinción",
acá deberían venir los que usan ese tipo de expresiones
como recurso para mantener ciertos beneficios económicos (en
Argentina: Curro) y justamente Jhon me explicaba la procreación
de las diferentes especies animales, por ejemplo los Warthog (jabalíes
verrugosos) una hembra joven puede dar a luz a unos diez cachorros por
año, una Cheetah puede llegar a dar unos cuatro o cinco en dos
o tres pariciones por año, los Springbok están por miles
y miles similar a los Impalas de manera que su descendencia aunque fuera
una por año sería de muchos miles por año , similar
es el caso de los Oryx una de las gacelas más bellas del África,
con ese antifaz blanco y negro, que junto con las Cebras son un símbolo
del Continente Negro.
Nos trasladábamos
unos quince a veinte kilómetros y encontrábamos otro water-hole
con otra cantidad inmensa de diferentes animales y entre pozo y pozo
podíamos ver a los animales desplazándose de un lugar
a otro en grandes tropas, jamás imaginadas por quien escribe
esto.
Otro recuerdo
que quedó como una marca a fuego, fue cuando nos dirigíamos
al water-hole "Okerfontein", en un recodo de un camino secundario
y desde un gran árbol se tiró un hermoso Leopardo, fue
como un rayo y desapareció en los pastos sin darme tiempo a disparar
la máquina fotográfica a pesar de lo atento de Jhon que
detuvo de inmediato la camioneta, pero la visión de esa piel
dorada, que tuve a unos diez metros nuestro nunca la olvidaré.
Son tan
grandes las distancias entre estos pozos de agua, cientos y cientos
de kilómetros, con carteles solicitando no descender de los vehículos
por lo peligroso que puede llegar a ser, y realmente todo el mundo cumple
al pie de la letra, además no pude observar un papel o restos
de comida ni bolsas plásticas, en toda esa inmensidad, es digno
de destacar, nobleza obliga.

Ya tomando
el camino de asfalto para salir del parque, nos cruza por delante de
nuestra camioneta, un gran elefante y como para poner un broche de oro
al cúmulo de emociones, que había tenido ese día,
el elefante se detiene un metro delante nuestro, moviendo su cabeza
y trompa de un lado a otro, la trompa casi tocaba el paragolpes de la
camioneta. Jhon no se imaginó que el elefante se iba a detener
y creo que él se preocupó más que yo, muy por lo
bajo me pedía que no me fuera a mover y mucho menos a bajarme
del vehículo, pero alcancé a tomarle algunas fotos al
viejo elefante, típico de los del desierto de Namibia, de muy
gran porte y pequeños colmillos. Movió dos o tres veces
más su cabeza y trompa y continuó su camino.
Sentía mi alma embriagada de tantas emociones, los recuerdos
se atropellaban en mi memoria, recuerdos de viejos lances cinegéticos,
de mi padre, de viejos compañeros de cacerías y mi pecho
iba henchido de satisfacción en un bellísimo atardecer
africano.
Esta vez San Huberto me mostró un Paraíso, sin llevar
a mi querido rifle.
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