La "Brama" del 2005 empezaba con sus ancestrales ritos en
el caldenal pampeano. Mediados de un mes de marzo sumamente caluroso,
algo no favorable para la brama, pues se dice que ésta se inicia
con los primeros fríos o las primeras heladas, sin embargo este
año no fue así, una brama "fuerte y tendida"
en medio de altas temperaturas.
Nuevamente
la imponencia de los paisajes pampeanos, esos memorables atardeceres
con arreboles rojizos en sus cielos haciendo contraste con el bosque
agreste y salvaje en donde se oculta y protege nuestro Ciervo Rojo,
donde con su llamado (bramido) envía mensajes a sus hembras,
y advierte a sus contrincantes que está dispuesto a pelear por
su harem. Ese sonido brutal, ronco, mezcla de león y toro, que
retumba en lo más recóndito del monte, marca el inicio
de la procreación y de las luchas por dejar la mejor descendencia,
de esta manera la madre Natura se asegura que sus hijos dilectos, los
más fuertes, los mejores preparados, los más aguerridos,
sean quienes siembren la semilla que perdurará la especie.
También
las hembras alcanzan un estado de excitación muy importante al
escuchar estos llamados de amor de los machos Capitales, pero nunca
desatienden la vigilancia del grupo, pues son ellas las encargadas de
dar seguridad a todo el grupo, incluyendo al macho y los varetos o pequeñas
crías. En cuanto detectan alguna anormalidad, mediante su vista
u olfato, el cuál es finísimo, emiten una especie de tos
seca, corta, muy fuerte, que alerta a todo el grupo y lo ponen en fuga.
Normalmente de esto se encarga una de las ciervas más viejas
y con menos posibilidades de procreación.
Casi las
20 horas y nos encontrábamos caminando dentro de un bosque sumamente
tupido, de árboles muy altos y con pajonales también muy
altos muy secos y agresivos, que nos exigía un precio alto para
poder atravesarlo en pos de un buen bramido. Habíamos iniciado
nuestra cacería esperando al lado de un molino, que está
perdido dentro de un inmenso bosque enmarañado a las 18 horas,
pues ese fue el lugar elegido para esperar el inicio de la "brama"
de esa tarde, y alrededor de las 18:30 horas se inició, lo que
para mí fue uno de los conciertos más deliciosos que jamás
haya escuchado en muchos años de brama. No sé precisar
cuántos eran los machos que bramaban y no quiero exagerar, pero
jamás me encontré rodeado por tantos ciervos Rojos bramando
tan cerca nuestro, tanto que mi guía me miraba asombrado y de
rodillas en el suelo me decía por lo bajo _"están
como locos. . . . a esta hora nunca escuché tantos. . . . y varios
parecen buenos!!!..... a cuál seguimos??". El nerviosismo
era grande y debíamos tomar una decisión, lo primero era
chequear la dirección del viento, la lógica era dirigirnos
hacia donde el viento nos diera de frente en la cara, y justamente hacia
ese lado sonaba uno muy ronco y corto, de esos característicos
de los machos viejos, por lo general, aunque a veces no es así
y a veces nos hemos llevado un buen chasco, cuando descubrimos luego
de una hora de rececho que el "ronco" era muy joven y con
futuro, es decir un ejemplar "no tirable". Por lo caluroso
del día nuestro equipo camuflado era de mangas cortas, de manera
que nuestros brazos estaban expuestos a toda clase de espinas, ramas
secas, cardos secos muy agresivos, y la quinua (planta muy común
en la zona), muy seca y en algunos lugares de hasta dos metros de altura,
lo que nos lastimaba permanentemente nuestros brazos hasta hacerlos
sangrar.
El ruido
que veníamos provocando era vergonzoso, creo que los ciervos
nos escucharían desde un kilómetro, un circo haría
menos ruido que nosotros dentro de ese monte, de esa forma era seguro
que no íbamos a cazar nada, de manera le pedí a mi guía
que nos detuviéramos y que cambiáramos de método,
pues era absurdo e inútil continuar haciendo semejante batifondo.
Salimos
en dirección a un cortafuego muy ancho arriesgando que nos ventearan,
pero de la otra forma seguro que no podríamos aproximarnos. Habíamos
perdido muchísimo tiempo y del más valioso lidiando con
esos altos pastizales y la luz del día prácticamente nos
estaba abandonando, en medio del mayor concierto que yo recuerde haya
escuchado en una brama, con solo hacer memoria de ese maravilloso momento
vuelve a mí la gran emoción que sentí ese día.
Puedo asegurarles que eran más de veinte ciervos los que bramaban
con toda furia, se notaba que había jóvenes y muy viejos,
sonaba como un coro de brutales sonidos dentro del caldenal pampeano
y mi carga de adrenalina era muy grande también, similar a la
desazón de saberlos a menos de cincuenta metros y no poder distinguir
bien sus cornamentas, ni siquiera con los prismáticos, en el
gran "limpión" de cortafuego (una gran faja desmontada
de aproximadamente unos cincuenta metros de ancha), se veían
los bultos negros, como siluetas fantasmales bramando de manera inusitada.
Y lo peor del caso fue que deberíamos caminar por el medio de
ese cortafuego para retornar al casco de la estancia. Algunos ciervos
llegaron a bramar a unos veinte metros nuestro en ese espacio abierto,
veíamos la negra silueta y sentíamos el tremendo bramido
e inmediatamente que nos acercábamos unos metros más,
sentíamos el tropel de su carrera, que era corta, no más
de cincuenta metros, y repetían la acción nuevamente.
El gran
cansancio de todo ese día y las emociones tan fuertes habían
hecho mella en mi cuerpo, la caminata fue muy larga y eran casi las
veintidós horas cuando llegábamos al casco de la estancia,
donde un agradable olorcito a un asado, bien criollo, a la parrilla,
nos esperaba de la mano de Pepe, por supuesto muy bien acompañado
de un excelente malbec.
Mientras
nos deleitábamos con esas carnes pampeanas exquisitamente asadas,
podíamos escuchar el concierto de bramidos que venían
de todos lados, estábamos en medio de un gran caldenal, el cual
es un campo de brama, es decir a principios de marzo empiezan a aparecer
los grandes Ciervos Rojos, a cumplir con un rito ancestral, aparearse,
dejar descendencia, y luego retornar a la soledad en lo más profundo
de los bosques.
Con nuestros
anfitriones, muy aficionados a la caza, mantuvimos una agradable sobremesa
en donde el tema principal eran las armas, los calibres, el tipos de
munición, los lugares a impactar, etc. etc.
Para mí
es una regla básica, el uso de mi querido y excelente .375 Holland
& Holland, para este tipo de cacerías, en los montes pampeanos.
Siempre uso puntas de 300 gr., en esta oportunidad llevaba algo totalmente
nuevo al respecto, es decir puntas Barnes Triple Shock Monolíticas,
que apenas hacen contacto con el animal, su punta se abre formando un
helicoide de cuatro hojas, son de un solo material y punta hueca pre
fragmentada. Tienen una ingeniería de punta, gran choque y gran
penetración. Por supuesto son para animales de talla importante
y quería experimentar con ellas en un buen Colorado pampeano.
Al decir
de mi amigo Pepe: "Tira con una amoladora. . . ."
Daban las
doce de la noche y ya era mi cumpleaños, de manera que brindamos,
en mi caso sumamente mesurado, pues dentro de cuatro horas debería
esta de pie y marchando nuevamente a ese molino que usábamos
de punto de partida, cuando arrancara "la Brama". Y con promesas
de una celebración a lo grande el día siguiente, nos fuimos
a dormir.
Las cuatro
de la madrugada y Pepe nos servía un desayuno ligero e inmediatamente
nos pusimos en marcha con mi guía, deberíamos estar antes
de que amaneciera nuevamente en el molino, eran varios kilómetros,
y yo no quise que Pepe nos acercara con la camioneta, es mucho ruido
dentro del monte. Con una pequeñísima mochila en donde
llevo mi G.P.S., una cortaplumas multiuso, un encendedor para verificar
la dirección del viento, una pequeña chaira por si hay
que afilar el cuchillo para carnear en el monte, una linternita pequeña,
fósforos (envueltos en naylon), tres o cuatro municiones (sin
que hagan ruido) y dos naranjas. Mis prismáticos Swarovski 8.5
x 42 atados con el arnés a mi pecho (son mis mejores aliados
y son los que realmente cazan), mi rifle en la mano y andando. . . .
.
Las madrugadas
son frescas, pero es preferible sentir algo de fresco al principio,
hasta que se levante el sol, y luego se pasa, de esta manera evitamos
andar cargando una prenda cuando aprieta el sol.
Todavía
bien de noche arribamos al molino, el cual ya lo tenía marcado
como un waipoint en mi g.p.s., de manera de ir conociendo bien el campo
y para orientarme en caso de andar solo, sin necesidad del guía,
por cualquier eventualidad.
Nos sentamos
a descansar y tomar unos tragos de agua mientras esperábamos
el amanecer y la "brama" del amanecer que es la más
hermosa y larga, en realidad eso es una apreciación muy personal,
quizá porque me fue muy bien en esos horarios durante varias
"bramas". . . . .
La fresca
brisa del amanecer me daba en la cara trayendo esos exquisitos aromas
de las diferentes plantas del monte pampeano, y mientras miraba cómo
se iban las últimas estrellas pensaba
.. " hoy es 15
de marzo, claro hoy es mi cumpleaños
. La verdad que hoy
me podría hacer yo mismo un muy buen regalo
.. o mejor dicho
San Huberto me podría hacer hoy, un excelente regalo
."
Y mientras estaba en esas cosas nos sorprendió el primer bramido
del día, todavía noche cerrada. A los diez minutos otro,
un rato después otro más y ya comenzaba a verse más
claro para el este y se iniciaba el gran concierto que me hacía
subir la adrenalina y agudizar mis sentidos.
Sonaban
por todos lados, habían roncos y agudos, fuertes y apagados,
largos y entrecortados, de manera que deberíamos optar por uno
y empezar con la aproximación, poníamos una ramita en
la dirección del que me gustaba, y veíamos cada cuánto
tiempo se repetía. Me gustaba uno que sonaba muy, muy ronco y
muy entrecortado y lo hacía siempre después de otro muy
fuerte que se sentía al sur, como si le contestara. De esta manera
estuvimos unos veinte minutos y la reiteración fue buena sonó
cuatro veces hacia el norte algo hacia el este, de manera que se tomó
la decisión de recechar a "ese" y emprendimos despacio
el acercamiento, y lamentablemente de nuevo los montes de "quinua"
muy secos y muy ruidosos al quebrarse, ponían en alerta a todos
los Colorados de una extensa zona, pues poseen una vista y un oído
extraordinarios. Mi guía insistía en que si avanzábamos
velozmente los sorprenderíamos y podría tener disparo,
a lo que yo le contestaba que ellos tienen movimientos que son como
flashes y pueden desaparecer en un instante.
El bosque
alto y muy enmarañado nos iba haciendo perder la dirección
y andábamos girando dentro de ese monte. Podíamos ver
los "peladeros" (plantas preferidas por los Ciervos para "pelar"
o sea quitarse la felpa que en un momento les recubrió su nueva
cornamenta), la planta que más usan para estos menesteres es
la llamada en la zona "Sombra de toro" que tiene bastante
follaje y es espinosa, suele quedar una vara central pelada y totalmente
seca evidenciando la furia de quien la agredió e incluso las
plantas altas nos pueden dar buena información de la altura y
corpulencia del Ciervo, solo con mirar harta qué altura llegó
el ataque.
Estábamos
metidos en una verdadera zona de brama y hasta el olor muy fuerte a
orín era evidente en muchos lugares.
A medida
que el sol subía lentamente la brama empezaba a disminuir y los
rezongos se distanciaban cada vez más sin poder indicarnos la
ubicación de los Colorados. Normalmente la brama se corta alrededor
del las nueve o diez de la mañana y vuelve por la tarde a la
caída del sol.
Evidentemente
mi guía era un conocedor del terreno solamente, de recechar Ciervos
era un cero a la izquierda, pero el Coto tiene reglamentaciones que
se deben cumplir y una de ellas es que debe de ir el cazador acompañado
por el guía, aunque yo lo podía reemplazar de maravillas
con mi g.p.s., pero las cosas eran así
.
Ya de vuelta
a la estancia con el sol sobre nuestras cabezas veo en un pequeño
cortafuego, un excelente ciervo de espaldas a nosotros, veía
una de sus coronas y le contaba tres puntas muy gruesas, nos arrodillamos
de inmediato escondiéndonos, y mi guía me pide que espere
que él debería verificar. Yo le indicaba a dónde
debería buscar y él me miraba como dudando y no veía
al Ciervo que estaba entre una maraña de ramas, es cierto, pero
para una persona avezada a cazar o guiar no debería haber demorado
tanto, y sí, pasó lo que tenía que pasar, el Colorado
tomó el aire, se dio vuelta y como un fogonazo partió,
a lo que mi guía me respondió
"una lástima
que te demoraste porque era bueno. . . .", la bronca ya no me dejaba
ni pensar, de manera que me colgué el .375 al hombro y sin mediar
palabra emprendimos el regreso por el cortafuego sin mirar a los costados,
en dirección al casco de la estancia.

Almuerzo
y luego dos horas de descanso para retornar a las dieciséis nuevamente
al monte, pero en el almuerzo desplegué mi estrategia a usar
esa tarde con la finalidad de sacarme de encima a mi guía, sin
hacerlo sentir mal, al contrario, tratando de que el se convirtiera
en el principal protagonista del lance. De manera que hablando con el
dueño del campo, de las condiciones de sequedad de algunos lugares,
justamente en donde se hallaba una buena concentración de ciervos
buenos, y que la aproximación era muy ruidosa, le propuse a mi
guía que él entrara por el monte seco, diera un rodeo
pasando cerca del molino, y luego doblara en la dirección del
gran cortafuego, es decir que repitiera el camino, pero con la diferencia
que yo iría en dirección contraria y nos encontraríamos
en un gran caldén que está más o menos en la mitad
de ese cortafuego. Incluso ese gran árbol tiene emplazados tres
o cuatro palos de manera muy precaria, simulando una especie de "machan"
a media altura, pero desde allí y con la ayuda de los prismáticos
se podía observar mucho espacio hacia ambos lados. El tema es
que los ciervos no se muestran en esos peladeros hasta que el sol no
ha caído, de manera que el tiempo con luz diurna de que dispondría
para poder ver, evaluar y disparar sobre un Colorado sería sumamente
corto. Además siempre estaba la posibilidad de que apareciera
alguno aunque solo sea de paso y cruzara el peladero o saliera huyendo
despavorido de los tremendos ruidos que haría mi guía.
. . . . . .
Mi desplazamiento
hacia el lugar establecido fue muy táctico, muy preciso, como
a mí me gusta, iba solo, me movía unos cincuenta metros
por dentro del monte, al borde del peladero, pero sin dejarme ver, hacía
una parada y observaba hacia adelante y hacia atrás, esperaba
unos minutos y repetía la operación. Controlaba cada tanto
la dirección del viento con mi encendedor.
Casi las
diecinueve horas y se siente el primer bramido muy fuerte y hacia el
frente donde me dirigía, el viento lo tenía totalmente
a mi favor, me daba de lleno en la cara, pero a poco de andar suena
uno a mis espaldas, me quedé congelado en cuclillas al lado de
un tronco, desde donde miraba en todas las direcciones con mis prismáticos.
En eso estaba cuando empiezan a salir un grupo de hembras con algunos
varetos al cortafuego, y evidentemente el macho estaba cerca, pero la
actitud de nerviosismo de las hembras le indicaban que no era prudente
asomarse, y seguía bramando desde dentro del monte. Nuevamente
se inició el gran concierto de bramidos, sonaban muchísimos
ciervos a la redonda sin que se mostrase ninguno, ya podía ver
el gran árbol al que me dirigía, estaba a unos quinientos
metros, y como era un lugar muy estratégico, me apuré
para ganar tiempo y posicionarme en el mismo. Antes de llegar al árbol
sonaba hacia delante y algo a la derecha un bramido muy ronco y entrecortado,
no tan fuerte, pero muy grave.
Llegué
al gran caldén, me escondí entre sus ramas, encontré
en ellas un apoyo perfecto para poder disparar con mi rifle en casi
todas las direcciones, y en eso estaba cuando se mostró un gran
Ciervo Colorado a mi frente en dirección al sur y a unos cien
metros. Levantó tierra con sus manos, lanzó otro bramido,
el que fue contestado por algún otro ciervo, mientras yo lo evaluaba
con las últimas luces de ese hermoso día.
Y sí,
. . . creo que San Huberto me decía: --- "Adelante es un
buen trece puntas, un catorce impar, de cuernas gruesas y muy armoniosas,
es tu regalo de cumpleaños, tranquilo, a la base del cogote.
. . . " y sonó letal y preciso como en muchas otras oportunidades
mi .375 H&H, el Colorado dio un gran salto y arrancó en una
veloz y corta carrera de no más de treinta metros y dio de lleno
contra un enmarañado monte, en donde se clavó de cabeza.-
Casi sin luz me acerqué lentamente por atrás como corresponde
y preparado para rematar, como normalmente suelo hacer, pero en este
caso no fue necesario, la combinación de calibre y munición
más que excelente, todo una sumatoria de cosas lindas, un lindo
trofeo, una experiencia balística muy buena, en un lindo día.
. . .

Casi de
inmediato llegó mi guía y sacando pecho, dijo "Se
dio todo tal cual lo planeamos !!...."
En la estancia
nos esperaban con una hermosa cena con champaña y hasta una torta
de cumpleaños que Pepe con el dueño del Coto habían
ido a buscarla hasta un pueblo cercano.
Con la
fresca brisa de la noche pampeana en mi cara, miraba al cielo y daba
gracias a Dios...

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