África, el "Continente Negro" es un poderoso imán
para cientos de cazadores, exploradores y aventureros de todo el mundo.
Cada uno de éstos, detrás de una ilusión o un fanatismo,
cazadores en busca de grandes fieras, buscadores de emociones fuertes,
de fotografías inéditas, de aventuras insólitas,
etc.
Este Continente
tiene tanta "magia" y tanto por descubrir, que al visitante
"lo atropellan" las cosas nuevas y pone su atención
en las más impactantes, o las más peligrosas, o las más
llamativas, pero hay muchísimas otras que pasan a nuestros costados
y no les damos la verdadera importancia o el verdadero valor, porque
frente a esas otras que son deslumbrantes, éstas pasan desapercibidas.
En un típico
safari Africano uno piensa primero en alguno de "Los Cinco Grandes",
León, Elefante, Leopardo, Búfalo ó Rinoceronte,
pero África, gracias a Dios, tiene tantos y tantos animales que
nos pueden dar tantas satisfacciones al verdadero cazador, a los que
llevan el fuego sagrado en sus corazones, que vivir una aventura, en
una tierra de altos contrastes y de fuertes emociones, quedará
como una marca a fuego para el recuerdo, para quienes la experimenten.
Después
de dos viajes de avión de casi quince horas y otras diez horas
de camioneta, en dirección al norte de Namibia, casi con el límite
con Angola, llegamos a un pequeño caserío llamado Kamanjab,
muy cerca de los montes Damaraland, uno de los escasos lugares del mundo
donde habita la hermosa cebra de Hartsmann's (cebra de montaña).
La belleza escénica de esos lugares me impactó desde el
principio, me traía nostalgias de mis imágenes de niño
pensando en vivir en África. Los bellos bosques de Mopane con
sus hojas verdes, amarillas y rojas simultáneamente, por sobre
el pasto ya amarillento y corto por la época del año,
en octubre los animales ya lo comieron mucho y eso permite ver muy lejos
a la caza, a esta época se la llama: "la de la vista larga".
En la ruta,
grandes baboones se cruzaban delante nuestro, de manera permanente,
ya en caminos secundarios o huellas polvorientas era muy fácil
divisar los grandes antílopes, como los Gemsbok (Oryx), los Kudu,
Red Hartebeest, Impalas, Springbok, Cheetah, Warthog, Eland, Hartmann's
Zebras y variada fauna menor.
Ya en plena
sabana, en un lugar lleno de grandes termiteros, que daban la impresión
de un raro paisaje, un grupo de Himbas (raza autóctona de ese
lugar) al lado de un fuego levantaban sus brazos hacia el cielo y los
bajaban a un mismo compás. En medio de ellos yacía uno
de ellos extendido en el suelo y con la cabeza hacia abajo. Todos de
pequeña estatura, muy negros, sumamente atléticos, cantaban
una lúgubre canción en su dialecto, el Himba, que no es
el Africaner, en realidad es una mezcla de Himba, Herero y Bushman lo
que utilizan para hablar entre ellos, algo indescifrable, según
me comentaba Jhon, mi guía, quién también me explicaba
que, para comunicarse con ellos utiliza el Africaner. Una vez más
el fatalismo del África impactaba profundamente en mí,
estaban cantando porque su compañero tendido se iba a morir dentro
de muy poco, por eso lo habían traído hasta ese lugar
de la sabana, en donde luego de esa ceremonia, lo abandonarían
a su suerte, es decir, pasar a ser futura comida de los grandes predadores
y aves de rapiña.
A los únicos
que se llora y se los entierra, es a los niños, no así
a los adultos.
Se produjo
un comentario entre mi guía y los trackers, por supuesto en idioma
Africaner, de manera que me resultaba imposible entender nada, pero
Jhon luego me explicó, que sería un buen lugar para acechar
algún leopardo, lo que realmente me pareció muy repugnante,
aunque supongo, que a los que viven allí, dentro de ese fatalismo,
por supuesto, les da igual acechar a un felino al lado del cadáver
de un impala, de un springbok, o de un humano . . . .
Más
adelante pasamos cerca de lo que pretendían ser dos casas, una
postal miserable con sus flacos y renegridos moradores mirándonos
pasar; la falta de agua en toda Namibia es algo tremendo y muy doloroso
y si a esto le sumamos el Sida, debido a la promiscuidad que existe
en una gran parte de sus pobladores, se llega a lo que hoy está
pasando, a la implosión demográfica, en gran parte de
su territorio.
Tierra
de grandes contrastes, desierto y sabana, recordaba cuando desde Ciudad
del Cabo (Sud Africa), cruzaba todo el Kalahari, hasta Windhoek (capital
de Namibia), y miraba desde el avión, las grandes extensiones
de desierto salpicadas de vegetación y grandes surcos de los
ríos secos.
Mientras
continuábamos nuestra marcha en camioneta por la sabana, cada
tanto podíamos ver diferentes animales de la rica y variada fauna.
En un determinado punto a nuestra derecha nos observaba un Facochero
descomunal, nos miró fijamente por un instante y desapareció
como un fogonazo entre la maleza, dejando un sabor agridulce en mi boca,
daba gracias de haber visto un trofeo semejante, pero sin dar tiempo
absolutamente a nada. A partir de ese momento se instaló en mi
cabeza poder conseguir un buen Faco, como lo denominan comúnmente.
Muy a menudo
observaba en la base de los troncos de muchos Mopanes, la tierra arada
en forma circular, alrededor de los troncos de dichos árboles,
lo que llamó mucho mi atención y se lo consulté
a Jhon, quién me explicó que en esta época de sequía,
los Facos escarban con sus potentes colmillos en busca de raíces
de los árboles . . .("they look for roots. . ."), para
comer, además con este procedimiento limpian sus colmillos de
diferentes jugos vegetales anteriores y los fortalecen con el ejercicio;
la Madre Natura con su infinita sabiduría, permite que esa tierra
arada en esa época de sequía, reciba en poco tiempo mucha
cantidad de agua de la temporada de lluvias (de noviembre a febrero)
y ese árbol se vea muy favorecido, pues la tierra está
blanda y se forma una especie de batea que contiene el agua alrededor
de los troncos.
Warthog
es un cerdo verrugoso, Wart : verruga en inglés y Hog : cerdo,
el macho posee cuatro verrugas, dos de cada lado de su cabezota, mientras
que las hembras solo tienen dos. Estas son madres muy prolíficas,
dan a luz de cuatro a seis crías, dos veces por año. A
su vez las jóvenes madres antes del año ya están
en condiciones de procrear también, de manera que su presencia
en este mundo está planteada para muchos años . . . ."Larga
vida para el Faco".
Poseen
un cuerpo relativamente pequeño comparado con su gran cabeza,
además el cuerpo es pelado, solo en el lomo y desde la cabeza
hacia atrás poseen unas crines muy largas, por lo general plagadas
de piojos o garrapatas, motivo por el cual se suelen dar los baños
de barros y revolcones en los charcos o barreros.
Una tarde
mientras tomábamos el "five tea o'clock" debajo de
unas acacias umbrelas, al costado de la sabana, lugar de una gran belleza
escénica, apareció corriendo de la nada, uno de los pisteros
(tracker) de Jhon, el renegrido Stanley, evidentemente con buenas noticias
por sus expresiones y ademanes. Había visto un gran Faco en un
wáter-hole muy distante desde donde nos encontrábamos,
pero por lo que me explicó Jhon, el tracker veía en los
rastros que el mismo animal frecuentaba ese wáter-hole para saciar
su sed muy seguido, incluso identificó desde donde venía
y por donde salía una vez que tomaba agua. En un determinado
lugar de la senda, que utiliza el Faco para llegar al agua, los pisteros
borran las huellas con alguna rama, por espacio de unos dos o tres metros,
para regresar a día siguiente y ver si la completó, al
pasar nuevamente.
Las crías de Facocheros son una de las comidas preferidas de
los grandes depredadores de la sabana africana, incluso son las herramientas
con las que aprenden a cazar las crías de Cheetah y Leopardos.
También son cazados por los babuinos (monos muy abundantes en
esa zona) que viven en los grandes roqueríos de las montañas
y bajan a los wáter-holes a saciar su sed y para acechar a las
hembras de Facochero cuando se llegan con sus crías a tomar agua
y revolcarse en el barro.- Son innumerables las anécdotas de
fogón referidas a la ferocidad de algunos machos de Faco adultos
o de hembras defendiendo a sus crías.
Algunos
Facocheros hacen cuevas profundas en algunas partes de tierra elevada,
para pernoctar o pasar las horas mas duras de calor, y entran a esas
pequeñas cuevas marcha atrás de manera de dejar expuestos
hacia adelante sus poderosas defensas (colmillos), para enfrentar a
algún depredador que intente entrar, aunque esto es muy conocido
por todos los felinos, hienas y demás depredadores.
Ouvro es
un tracker que conoce mucho de la vida de los Facos y es quien contaba
sus experiencias, traductor mediante, pues habla una mezcla de dialectos
y sonidos guturales, simulando los sonidos que producen los animales
a los que se refiere en sus charlas alrededor del fuego. Nos contaba
que en una oportunidad, hacía varios años atrás,
un gran macho de Faco, con grandísimos colmillos enfrentó
decididamente a una leona que corrían a una pequeña cría
de Faco, y la puso en fuga; otra de sus experiencias y muy interesante
fue cuando entre un babuino y un Faco mataron a una hembra de Cheetah
que había atrapado una cría de Faco.
Y la más
reciente de todas las anécdotas sucedió dos días
antes de mi llegada a Kamanjab, dos babuinos machos, adultos y muy grandes,
cazaron a un Cheetah macho, y se lo comieron junto con sus congéneres
que habían bajado de la montaña que estaba al lado del
wáter-hole. Sucede que ese wáter-hole es el único
lugar en muchísimos kilómetros a la redonda, en donde
pueden venir a sacias su sed todos los habitantes de la sabana.
Ya casi
las veintidós horas y los Bushman empezaban a acomodarse alrededor
del fuego y se tapaban con una pequeña manta cada uno, mientras
continuaban con ese murmullo inentendible, y hablando casi todos a la
vez, hasta que se dormían.
Antes de
las seis todo estaba preparado para la nueva jornada, no hacía
frío, un chaleco de caza, sin mangas era suficiente, un café
con un sándwich y ya estábamos en camino en dirección
a otro wáter.hole muy distante donde Stanley vio a un Faco gigante,
según sus expresiones.

Las Jirafas,
"siempre las Jirafas. . . ." expresión con que Jhon
se refería a ellas, pues siempre estaban presentes en esos lugares,
habían muchísimas, unos machos impresionantemente grandes,
algunos llegaban a pesar cerca de los tres mil kilogramos, según
Jhon, el cuero de uno de estos gigantes pesa alrededor de trescientos
kilogramos y la tarea de cuereado y despostado exige unas cinco o seis
personas con experiencia. Una de estas grandes Jirafas nos salió
delante de la camioneta, la huella tenía arboles de mopane altos
a un costado y hacia el otro costado había un pobre alambrado,
en principio corría delante nuestro tirando hacia atrás
tierra, con sus grandes patas, y Jhon me explicaba que las Jirafas no
saltan, ni siquiera ese pequeño alambre de cinco hilos, además
me dijo que me preparara para ver lo que haría la Jirafa, la
que se arrimó en su carrera al alambre y volteó al tocarlo
algo así como unos treinta metros del alambre, al que pasó
caído, sin ninguna dificultad. Una experiencia inolvidable para
mí y de la que conservo muchas fotos que iba tomando a medida
que sucedía todo lo narrado.
Jhon me
propuso en más de una oportunidad que cazara un buen macho grande
de Jirafa, . . . que tenía dos licencias y que las podía
ocupar, a lo que desistí, pues no estaban en mis objetivos y
no las veía realmente como un trofeo de caza, a pesar de haber
visto muchísimas y de los más variados tamaños
y diferentes tonos de marrones y amarillos, y para ser honesto, una
de ellas, un macho gigantesco de un color marrón oscuro con manchas
perfectas sobre un amarillo fuerte me tentó por un momento, lo
metí en el retículo de la Leupold y luego bajé
el rifle.
Casi las
nueve de la mañana y después de haber cruzado una vastísima
sabana arribamos a unas pequeñas elevaciones de tierra muy seca,
con vegetación muy escasa y achaparrada, la tierra impalpable
se levantaba con las pisadas nuestras, dando una sensación de
miseria a toda esa zona. No muy lejos se había perforado un pozo
para extraer agua, la que salía en pobrísima cantidad
y de muy mala calidad, según lo atestiguaban los marrones, deformes
y escasos dientes de varios de los tracker que nos acompañaban,
quienes en sus travesías por este desierto no tienen otra alternativa
que tomarla.
Desde ese
pozo repartían, por medio de unos caños, el agua hacia
cuatro direcciones, en donde Jhon había colocado un pequeño
bebedero, pues en esa zona, él tenía algunas vacas. Alrededor
de esa bebida habían incontables rastros de todo tipo de animales,
incluso July, mi acompañante Bushman me indicó los rastros
de un Leopardo entre otros.
Ya empezaba
a apretar el sol y en una o dos horas más se pondría muy
caluroso, era justamente la hora a la cual esperaríamos a nuestra
presa, cuando más calor hiciera, de manera que el lance estaba
dispuesto, y como en muchísimas otras ocasiones, había
que empezar a sembrar para luego poder cosechar, o como siempre digo.
. ."Quien no da nada a cambio . . . no merece ningún respeto".
Debajo
de un arbusto achaparrado, espinoso, muy bajo y polvoriento, y con algunos
palos improvisamos un pequeño apostadero, teniendo en cuenta,
primero la dirección del viento, y segundo, el lugar por donde
entraba el Faco. Era el pequeño Bushman (July) quien se quedaría
conmigo, pero luego Jhon cambió de manera de pensar, y les pidió
que hicieran otras observaciones y los mandó en tres direcciones
distintas, de manera que revisaran rastros, para nuestros próximos
objetivos en los días siguientes.
Llevábamos
casi seis horas en esa incómoda posición, el calor, el
polvo que levantaba el viento y lo traía directamente hacia mis
ojos y los mosquitos, además de la inmovilidad que debíamos
mantener, ponían a prueba al más aguerrido, pero "Sarna
con gusto, no pica. . ." decía mi abuela.
El trabajo
con los binoculares era intenso, por suerte, la llegada de varios animales
hacían menos dura la espera, un grupo de Kudu se llegó
a tomar agua, entre ellos había un muy buen macho, trofeo que
yo ya había obtenido dos días antes; dos cebras llegaron
a todo galope, tomaron unos cortos sorbos y como si algo las corriera
partieron como un rayo; un Chacal, parecido a nuestros zorros, también
tomó agua y se marchó tranquilamente, dos grupos de Springbok
también estuvieron un largo rato, siempre atentos, siempre bellísimos,
ágiles y con esos ojos saltones, oteando en todas direcciones.
Ya más
de las quince horas y miraba en mi reloj, que la temperatura estaba
casi en los cuarenta grados, la tierra se nos pegaba en la transpiración
de mi cara debajo del sombrero. Jhon cerraba los ojos y bajaba la cabeza,
según él, así aguantaba más . . . Mi
rifle apoyado sobre un palo, apuntaba directamente hacia la bebida,
un .375 Holland & Holland con una leupold 6X, fija con retículo
heavy dúplex, y los binoculares Svarowsky 8x42 barrían
la amplia zona que dominábamos desde nuestra posición.
Me pareció
ver un movimiento muy rápido entre dos arbustos, y enfoque mis
binoculares directamente a la bebida, la que estaba a unos ochenta metros
de nosotros, y esperé. . . y sí, como de costumbre son
diferentes las formas que utiliza "San Huberto", para indicarme
(ayudarme en realidad) que me ponga alerta, y así estaba cuando
apareció ante mi vista un par de colmillos gigantescos, no podía
creer lo que estaba viendo, además el gran Faco se tenía
que parar solo sobre sus patas traseras para poder llegar al agua, y
eso lo hizo de frente a mí, de manera que lo que veía
era, primero un par de colmillos que hacían parar los pelos de
la nuca, y después, una cabezota gigante con algo del cogote
y nada más, todo se sucedió sumamente rápido, y
mientras cambiaba, de manera muy suave, los binoculares por el rifle,
toqué a Jhon con el codo y mientras lo metía en la cruz
(el tiro ya estaba decidido), pregunté a Jhon "
is
good, Jhon ?. . . ' a lo que respondió, justo cuando partían
los 300 gr de mi .375 H&H, ". . . is very, very, very goooooood,
Jorgui. . .".
El proyectil
atravesó la verruga superior izquierda, entró en la base
del cogote y partió la espina, dejando al gran Faco colgado del
bebedero, no alcanzó a moverse ni un centímetro, tal lo
atestiguan la gran cantidad de fotografías tomadas.
Los gritos
de Jhon sonaban en toda la sabana, ". . . Jorgui, is very very
very old. . . .", me abrazaba y decía cosas incoherentes
e inentendibles para mí, (en Africaner y dialecto Himba), igual
que los Bushman se puso a bailar y a saltar alrededor del hermoso trofeo,
y me pidió que lo siguiera, de manera que los dos bailábamos
alrededor del Faco y al compás de la música de Jhon.
Una vez
pasada toda esa euforia Jhon me explicó que estaba casi seguro
que ese gran Faco era un nuevo record del Westfaln Conservancy (de sus
terrenos de caza) y que el record, anterior había sido cazado
por un inglés unos cinco años atrás.
Repito
por enésima vez, que las medidas no cuentan frente a las emociones,
pero sí creo, que todo esfuerzo merece su premio, aunque muchas
veces no se lo obtiene, pero con templanza y continuidad, se consiguen
las cosas que nos dan grandes satisfacciones.

Tomamos
todas las fotos de rigor en el mismo lugar del impacto y luego con bastante
esfuerzo, lo subimos a la camioneta y partimos de regreso "pa las
casas. . . " al decir de los paisanos amigos. Nuevamente cruzábamos
esa sabana en dirección opuesta, pero ahora lo hacía con
mi pecho henchido de otra gran alegría que me daba el Continente
Negro.
Ya en el
Ranch, celebramos con el "Warthog drink" correspondiente,
es un trago que se hace tomando como base al famoso licor "Amarula"
con algo de menta, muy agradable por cierto; luego los skinners procedieron
al cuereado de la cabeza, por otro lado el cuerpo del viejo Faco me
lo pidieron Ouvro y Stanley (dos de los pisteros), para comerlo junto
con sus familias, supongo que primero tratarían de ablandar algo
a esa durísima carne correosa.

Se lo llevaron
a la mejor usanza Africana, colgado de las patas de un palo entre los
hombros, y con sus caras llenas de risas.

Una vez
extraídos los colmillos midieron doce y trece pulgadas cada uno
y ambos con un mismo grosor de cinco pulgadas, Medalla de Oro para el
Rowland Ward y nuevo Record del "Hunt Loxodonta Conservancy"
de Westfalen, a partir de ese momento.
Toda
una gran alegría y otra de las fuertes emociones que me produjo
el Continente Negro, las que quedaron marcadas a fuego en mi corazón.
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