¡Buenos
días Marthita!, hoy es un buen día, ¿no te parece?,
el sol brilla a toda intensidad, aun así hace un poco de frío,
fíjate vieja que anoche estuve pensando mucho sobre la situación
que hay en la mina, ya me estoy cansando, todos los días es lo
mismo, ahí los días no son claros, y las noches son eso,
oscuridad total dentro del pozo, últimamente me he sentido un
poco mal de la espalda, cuando toso me duele, creo que son los pulmones,
después de pensarlo mucho creo que hoy es el último día
que asisto a la chamba, y nomás porque quiero sacar la raya completa.
Ya ves, Andrés dejo la chamba y no pasa nada, eso de la antigüedad
se me hace que es puro cuento, dicen que en Piedras podemos encontrar
trabajo en las maquiladoras, pagan un poco menos pero vive uno como
la gente, de día.
Lo único
que me apura es que a Marthita no le vamos hacer la fiesta de quince
años que le habíamos prometido, pero Dios es grande y
además todavía faltan ocho meses, quizá en ese
tiempo logremos vender la "troca" y con lo que saque en la
maquiladora le hacemos algo para que no pase de oquis su cumpleaños.
A la ahijada
Dorita también le hicieron su "fiestecita" y no salió
tan "pior" y eso que mi compadre ya ves como se las gasta.
No te preocupes vieja, todo va a salir bien, por lo pronto hazme unos
huevitos rancheros, ya Dios dirá.
¡Pepe,
Pepe!, aquí te busca Mario, gritó la mujer un poco alterada,
ya que quien buscaba a su viejo no era bien recibido en la casa, a Mario
se le conocía como el que siempre anda invitando a los amigos
a chuparse unas "chelas", como no pudieron tener hijos, pues
es a quien le sobra un poco más de su sueldo. ¿Qué
onda Pepe?, vamos a echarnos unas "birongas", que al cabo
entramos hasta en la madrugada, -bueno pero nadamás unas dos
o tres.
- ¡Marthita,
"ahorita" vengo, no me tardo!
En la cantina
de la colonia departían los amigos de siempre, se habían
conocido en la mina, eran compadres de borrachera, Pepe era un poco
más grande, le llevaba solo un año de edad, pero no era
nada, se veían igual, de complexión gruesa ambos, a sus
treinta y tantos años no hay diferencia, ventrudos y un poco
percudidos por el carbón de la mina, los dientes blancos resaltaban
con el color de su piel.
Oye Mario
hoy estaba platicando con mi vieja, creo que es el ultimo día
que voy al jale, ya me aburrí, hay ocasiones en que sueño
tantas cosas que ya hasta me da miedo entrar al pozo, también
le platicaba que ahí adentro no sabe uno que si hay luz o está
oscuro, siempre está en tinieblas, el otro día me dio
un "vágido", casi me caigo, nadamás que me recargué
en las escaleras que están en el nivel dos, ahí estuve
casi una hora, no sé si me perdí o solo me quede descansando,
eso no se lo he platicado a mi vieja para que no se preocupe, dicen
que es por la falta de oxígeno, yo no sé, pero sentí
que todo me dio vuelta, y es que no sabes que onda, ya ves que el gas
no huele, y realmente esta cabrón, ojalá que ya hubiera
pasado el día que me falta para sacar la raya completa.
Pues no
creas Pepe, a mi también me ha pasado, solo que yo si me desmayé
y me descalabré aquí, mira aquí en donde esta la
oreja, se hizo a un lado la cachucha y José miró un chichón
rojo con la punta aun llena de sangre seca. Ah cabrón y porque
no dijiste nada, no, no vayan a decir que anda uno de revoltoso, ya
ves como son, no puede uno decir nada sin que te agarren de carrilla
y eso a mi me da vergüenza de a madre.
Oye compadre
o nos estamos haciendo viejos o estamos valiendo madre, ya no servimos
para eso, pues mira Mario, yo ya te dije, es de a de veras, yo me salgo
ya de chambear aquí, voy a buscar suerte en Piedras, a lo mejor
me va más bien, o quien sabe, pero le voy a buscar en las maquiladoras,
o donde sea, finalmente donde quiera salen los "chenchos",
solo hay que buscarlos.
La noche
caía y los amigos estaban un poco pasados de copas, ya vámonos
Mario, Marthita mi vieja ha de estar ya bien enojada, ¡ámonos,
que nos pegan!, dijo Pepe, aventando la silla de la cantina, ambos salieron,
vivían por el rumbo, así es que se acompañaron
dando traspiés por todas las banquetas. Bueno Mario ya llegué
ahí nos vimos muchas gracias, ha estado con madre la plática,
y piensa eso, deberías también tu de salirte de este jale.
No Pepe, por mi no hay fijón, como no tengo perro que me ladre,
no hay compromisos, el único compromiso que tengo es con mi vieja,
y si me muero a ella le dan mi seguro, así que no me voy a rajar,
bueno ahí nos vemos, paso por ti en la mañana, me voy
a llevar la "troca", dijo Mario con la mano derecha levantada
y se perdió en la casi oscuridad.
Marthita,
viejita, "onde" andas, dijo Pepe entrando a su casa, acá
estoy en la cocina contesto Martha, no sabía si se sentía
molesta o contenta, ya que le hacía feliz que Pepe dejara la
mina, acá estoy preparando la cena, ¿quieres que te haga
algo?, tengo tortillas de harina, -si son de harina ni me las calientes,
si son de maíz ni me las mientes, contestó Pepe en broma.
Luego de
cenar y de acostar a la familia los esposos se fueron a la cama
¡ay viejo! ya quisiera que hubieras terminado el jornal, -no te
preocupes como quiera pasa
zzz
pobre mi viejo exclamó
Marthita, que bueno que ya "mero" termina, Dios nos ha de
ayudar.
¡Buenos
días Pepe!, ¿cómo amaneciste compadre?, bien, muy
bien, Mario, ¿y tu? bien también, fíjate que pensé
lo que me dijiste ayer en la cantina, y a lo mejor también le
entro, sólo que lo tengo que pensar más. Pues yo ya estoy
decidido Mario, ahora que termine el turno hablo con el supervisor,
yo sé que no dan lana, pero le voy a decir que haber si me dan
algo, -pues ojalá que te den de perdido para tener mientras consigues
algo. El resto del camino se la pasaron en silencio, como rezando cada
quién las oraciones matutinas.
¡Buenos
días!, ¡buenos días!, todo mundo se saludaba al
momento que checaban la tarjeta de asistencia, hacían fila para
entrar, ¡órale no se entretengan!, ¡a la noche se
acuestan juntos!, ¡caminando y "miando"!, gritaban contentos
todos los obreros. Después de la hora de entrada, todos estaban
en silencio a oscuras, como siempre, sólo los iluminaba la flama
de la lámpara de carburo, aquella llama que parecía que
se apagaba con el aire de los resuellos, pero siempre salía triunfante,
permanecía encendida. El reflejo de la lumbre hacía destellar
las partículas de carbón con algunos cuarcitos adheridos
a las rocas y que parecían diamantes, para quien es la primera
vez resultará asombroso estar dentro de una mina, para los trabajadores
acostumbrados a las tinieblas es costumbre, es normal, es la vida
Al bajar
Pepe, en el nivel tres empezó a sentir nuevamente el mareo que
le había dado hace una semana, pero se hizo fuerte, se cogió
de los barrotes y no pasó nada, al rato se me pasa, pensó.
Sacó un envase de Coca que llevaba lleno con agua y dio un trago
prolongado, pensando en que era la resaca del día anterior.
¡Pepe,
Pepe!, ¿dónde andas?, acá estoy le contestó
al supervisor que reclamaba su presencia, -mira Pepe, te avientas este
jornal, de aquí hasta aquella saliente, no te vayas a salir,
para no perder el corte, "ta gueno", no te apures, ni que
no me conocieras. ¡A darle que es mole de olla!, dijo Pepe dándose
ánimos para que el trabajo fuera menos pesado.
Eran escasas
dos horas que habían iniciado el jornal, cuando un estruendo
los hizo correr hacia donde estaba todavía el supervisor repartiendo
el trabajo, ¿qué pasó? gritaron todos, ¡no
sé, dijo el supervisor!, debe haber sido algún flamazo
en la entrada. Casi al instante, se oyó como se estaba deslizando
la tierra hacia donde estaban ellos, ¡aguas! dijo el supervisor,
y todos corrieron a protegerse en la esquina de último nivel.
Calma, aquí no pasa nada, las piedras caerán al fondo
no hay problema. Pero era demasiado lo que caía, de tal manera
que el fondo se lleno de inmediato, hasta llegar a la boca del último
nivel. Las piedras seguían cayendo, con más rapidez, tanto,
que inmediatamente tapó la entrada del último nivel donde
se guarecían los mineros.
Un vez
que pasó el ruido dijo el supervisor, no hay bronca, ¡tápense
la boca con el paño!, vamos a respirar despacio, no nos calentemos,
tranquilos, no pasa nada. En ese momento a José le dio de nuevo
el desvanecimiento, pero ahora si se dieron cuenta todos, ¡hey
José! ¿qué te pasa?, ¡échenle agua
en la frente!, dijo uno de sus compañeros, al sentir el frío
del agua sobre su cara José despertó de inmediato, ¡ah
chingao! ¿qué me pasó?, nada, te desmayaste dijo
uno de sus compañeros, ahh me duele la cabeza, ¿todos
están bien?, preguntó el supervisor, si, todos estamos
bien.
No pasa
nada, ya ha pasado otras veces, vamos a calmarnos y que se apacigüe
la tierra, después destaparemos la entrada y salimos, no hay
problemas.
Después
de algún tiempo, empezaron a escarbar en la entrada para salir
por el tiro. La tierra estaba muy caliente, tanto que ya no pudieron
hacer nada, ¡aguántense!, vamos a dejar que se enfríe,
respiren despacio, hay que hacer que nos rinda el aire, oye ¿Por
qué esta caliente la tierra?, no se puede ni tocar, no sé
dijo el jefe, mejor apártense.
Nuevamente
José tuvo un desmayo, durante su inconciencia, pensó en
todo lo que pudo haber hecho antes de entrar a la mina, como si por
su mente fueran pasando los capítulos de su vida como si estuviera
viendo la tele, chingao como es que me viene, si ya no quería,
todo por sacar la raya completa. Mi viejita, mis hijos, ¡ay cabrón!
la fiestecita de quince años de Marthita. ¡Auxilio, ayúdenme!
Ya cálmate José aquí estamos solos, -me falta aire,
no puedo respirar, quítenme eso de la garganta no puedo jalar
aire
ah ah ahg
José
había dejado de respirar, víctima de un supuesto infarto,
esto hizo que sus compañeros perdieran la calma. -Jefe ¿qué
vamos a hacer?, ¡calma! decía el jefe, ¡calma!, vamos
a salir todos no se preocupen, ¡calma!, ¡por favor, cálmense!,
el miedo y la desesperación se iba apoderando de ellos, gritos,
llantos, suspiros
Poco a
poco fueron cayendo, después de José, siguió Mario,
después otro y otro, el supervisor, otro, en fin, los que quedaron
con vida empezaron a rezar, unos a la virgen de Guadalupe, otros simplemente
le gritaban a Dios, exigían ayuda al todopoderoso, ¡Padre
ayúdanos!, ¡si fueras nuestro Padre no nos tratarías
así!, después la calma. Padre nuestro que estás
en el cielo
En la intemperie
ya se habían reunido los familiares, fueron atraídos por
la estruendosa explosión que había sacudido a Sabinas,
todo mundo quería llegar a la mina, quizá con la esperanza
de encontrar a sus familiares con vida, ojalá que no hayan entrado,
pensaban algunos. A la llegada a la mina, ¡oh desilusión!,
todos habían entrado, sólo los que daban mantenimiento
a la entrada estaban afuera, los demás en las tinieblas que les
proporcionaba el lugar de su empleo desconociéndose sus paraderos.
El llanto,
los rezos, las misas, todo fue en vano, el tiempo pasó y no pudieron
llegar a donde se encontraban los restos mortales de los mineros, el
gas metano, el dióxido de carbono, el nitrógeno, y la
falta de oxigeno, habían acabado con las esperanzas de todos
ellos.
Ya no estarían
con sus familias, los recuerdos quedarán, las esperanzas rotas
se quedaban a mitad del camino, las fiestas planeadas, las bodas, los
quinceaños, los viajes, la ilusión de otro empleo, todo
había quedado enterrado bajo los escombros de la mina, la mina
de carbón, llamada Pasta de Conchos del municipio de san Juan
de Sabinas. Así es esto.
Pablo
Ortega Mata.
sampetrino@yahoo.com.mx