El Saladito.

Hace unos días, en compañía de un amigo, Pedro Julio, visité el rancho cinegético, "El Saladito", propiedad de Ricardo Montemayor García, es un rancho bien acoplado, ubicado a un costado de Piedras Negras en el municipio de Guerrero, claro está, del esplendoroso estado de Coahuila.

¡Chihuahua!, no quisiera que se escuchara como un comercial, pero así es esto… ahí encontramos infinidad de fauna silvestre en la que se destaca sin lugar a duda el venado cola blanca, pueden los cazadores encontrar por su paso, una cantidad industrial de jabalíes, coyotes, guajolotes, gatos monteses, pumas, y marranos salvajes, sin contar la enorme variedad de peces que brinda el río Bravo, con el cual tiene colindancia este predio.

Muy temprano el sábado nos trasladamos al espiadero, era una mañana muy agradable, un poco fresca con algunas chispitas que hacían un poco más frío el ambiente. A los diez minutos de haber tomado posesión de la torre, fui agradablemente sorprendido por los ruidos de un jabalí que nerviosamente chocaba sus colmillos unos con otros.

Al ver que no existía peligro en el área, el animal volteó hacia el matorral como llamando a su grupo, inmediatamente el área fue tapizado de color negro, había chicos, medianos y la más grande, según fui informado más tarde era la abuela, era un clan matriarcado, dominado por la jabalí hembra, se veía un poco blanca, ya el collar no se apreciaba a lo lejos, quizá por las canas de la experiencia.

Veía ensimismado como jugaban los bebes jabalíes, que no por pequeños son mansos, son bravos igual que los grandes, pues cuando uno de ellos se sintió agredido respondió ferozmente con un ruido de enojo y tirando la tarascada a su fallido ofensor.

Era una mañana de regocijo entre la familia jabalí, ese día no disparé, me sentí mal, afloró en mi el sentimentalismo, se veían tan bonitos los animales que no quise ser inoportuno y romperles la fiesta, no vayan a decir después que soy un aguafiestas. Decidí observarlos y jugar un poco con ellos, empecé a hacer ruidos guturales y eso bastó para que en un santiamén quedara aquel lugar totalmente desierto.

Pasó el tiempo, diez o quince minutos y nuevamente volvió a aparecer la abuela, después el mismo procedimiento, volteó al matorral y en la misma forma que se fueron, regresaron.

Al volver mi vista hacia el lado contrario observé que algo se movía en medio del camino, no podía distinguir si era un gato o un coyote, a medida que se acercó se definió la imagen de un chucho, cuando ya estaba a tiro se me vinieron a la mente las palabras que me dijo mi padre de los coyotes, esos animales tienen el pelo del diablo, es muy difícil atinarles. Pero en fin todo esto creo que eran habladas, apunté lo mejor que pude, centré al animal en la retícula y con un pulso de acero dispare mi BSA 30-06 con una mira Leopul de 4 a 9, después del disparo reinó el silencio…… … todo quedó enmudecido, del coyote solo la materia fecal arrojada producto del miedo, y me imaginé que me enseñaba el dedo cordial bien rígido, doblando los dedos; el índice y el anular de la misma mano. queen saaaobe.

Así paso el tiempo y ya no volví a ver nada los próximos treinta minutos.

Por la tarde después de haber disfrutado una suculenta comida, no sin saborear unas "birongas" bien "helodias", nos dispusimos apostarnos en otras torres, al voltear por la calle periodistas, porque en el rancho tienen nombres los caminos, divisó Ricardo un jabalí, y pues qué haces ahí, apuntar y tratar de llevarme un ejemplar, mampostado fijé mi lente en el objetivo y lo mismo… fallé el tiro. Chin… pero así es esto, no siempre se tienen todas consigo, fue en la noche como a las 6.10 de la tarde, hora en que ya esta oscuro, cuando montado en la torre cerca del río Bravo, le di en su "máuser" a un coyote, sólo vi como se hizo bolita y se fue rodando por el matorral.

Me quité la espinita, pensando para mis adentros, este rancho de Saladito, no tiene más que el nombre.

Por la noche mi amigo Pedro Julio, me comentó: -oye POM, creo que hay que darle una revisada a tu rifle.

Preparamos las cosas necesarias y sólo un disparo bastó para saber que el rifle estaba debidamente apuntado, cosa que hizo que Pedro perorara: -mejor será revisar al pelao. Cosa que no entendí y me ha traído intrigado, quen sabe.

Disfrutamos de una carnita asada por la noche del sábado con sus respectivos Bacardis y algunas "birongas", todo bien, porque había que amanecer en el espiadero.

Antes de irnos a dormir Ricardo le dio instrucciones al trabajador del rancho: -Javier, por favor limpias la parte del frente de la casa, barres por dentro y acomodas el juego de mesa y bancas que traje de san Luis, alimentas al vendadito. Concluyó.

Cuando regresó Ricardo después de habernos dejado en las torres, ya en la casa se topó con Javier, el cual no lo esperaba ya que dormía placidamente en un sillón reclinable, cuando el trabajador abre los ojos y ve al patrón, se deja caer como convulsionándose con los ojos en blanco, a la vez que gritaba con mucha fuerza: - ¡salte conjuro maldito, salte de este cuerpito chambeador!

Y poco a poco se fue quedando como dormido, claro que el patrón no le creyó, trajo una tina con agua fría y lo vertió en el cuerpito chambeador -párate guevón, no inventes pendejadas hay muchas cosas que hacer en el rancho.

Ya de regreso a la casa del Saladito, Pedro Julio y tu charro negro, recogimos todos los implementos que habíamos llevado y retornamos para Saltillo, todo en perfecto orden y con una tranquilidad asombrosa, esa que te brindan unos días de relax. El estrés había sido cosa del pasado, llegamos a nuestras respectivas casas con el espíritu saciado de alimento, listos para empezar una semana productiva.

¡Muchas gracias! ¡Estuvo con madres! muy pronto vamos a regresar.

Pablo Ortega Mata
sampetrino@yahoo.com.mx

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