El "huarachón" del vallecito.

Una vez más volvíamos al ejido para una cacería de fin de semana, fuimos Pablo Ortega, mi hijo Francisco y un servidor, Pancho, nuestro guía, ya nos esperaba como cada Viernes de la temporada de cacería.

Llegamos por la noche, a eso de las 8, con una lluvia más o menos buena y un viento frío que nos hacían pensar si al otro día íbamos a poder realizar una campeada por el lugar.

Tan pronto llegamos al campamento armamos nuestras casas de campaña y nos refugiamos en ellas, la lluvia y el viento no amainaban pero tampoco nuestro animo de campear al día siguiente, la naturaleza parecía querer cobrar su factura con nuestra tienda de campaña, parecía que se la iba a llevar el viento con nosotros adentro.

Después de dos horas dejó de llover y el aire se calmó un poco, salimos de nuestras tiendas a disfrutar el momento y el olor a tierra mojada, el ambiente se puso muy agradable, nos preparamos un cafecito y nos aventamos una buena platicada, que para amenizarlas, Pablo es muy bueno. Unos 10 minutos después el cielo estaba casi despejado, dejándose ver una infinidad de estrellas que nos hicieron pensar que el día Sábado iba a estar bueno.

Ese Sábado amaneció muy bonito y nuestro animo muy arriba, disfrutamos un rápido desayuno de huevito con chorizo con sus respectivas tortillas de harina y un cafecito para despertar bien. Antes de que clareara el día empezamos a caminar, llevábamos el plan de llegar hasta un vallecito donde en otras ocasiones habíamos visto huellas de venado, en especial unas de un "huarachón" que pensábamos debería estar muy bueno.

Íbamos los 4 en fila india por la brecha que nos conducía al vallecito, subiendo y bajando cerros y atravesando uno que otro cañón. Pancho el guía iba adelante, yo le seguía, atrás venía Pablo y al último mi hijo, así íbamos cuando de pronto noté un leve movimiento de animales delante de nosotros, detuve a Pancho y en voz baja les dije, ahí están los venados, nunca había visto a unos hombres tan rápidos para apuntar como lo hicieron Pablo y mi hijo, inmediatamente identificaron a los animales, que resultaron ser dos coyotes.

¿Vas a tirarles?, le pregunté a Pablo, a lo que contesto que no, que no tenía caso ya que andábamos en los venados. Le pregunté a mi hijo, ¿quieres tirarles?, su pronta respuesta fue afirmativa, adelante "mijo", y puummm, el coyote estaba abatido a 100 metros con un balazo de 243 en la mera "caja de las herramientas", un tiro más preciso no pudiste hacer hijo, le dije y felicité.

Nos dispusimos a copinarlo de una vez para traernos el cuero y mandar hacer un hermoso tapete para la sala de la casa, seguro que ese coyote nos iba a recordar muchas cosas en un futuro. Pancho estaba en plena faena cuando nos hace el comentario, ¿por qué no se adelantan Pablo y tú?, nosotros horita los alcanzamos. De inmediato le tomamos la palabra empezando a caminar hacia el valle, ahí encontramos unas huellas frescas que claramente evidenciaban una noche de romance y mucha actividad.

Luego caminamos hacia un extremo del valle para tener vista a otro cañón, estaba yo "gemeleando" hacia él cuando me dice Pablo, ahí está un venado, le tiro?, volteé hacia mi izquierda tratando de ubicar al preciado trofeo sobre una ladera, no pude y le dije a Pablo, tirale, el animal se movió y ahí lo ubiqué, Pablo había fallado su primer tiro.

Nuevamente levanté mis binoculares y lo cheque, ¡¡¡era el "huarachón" que andábamos buscando!!!, su canasta se veía muy buena y abierta, las velas traseras muy largas, mínimo tenía 8 puntas el ingrato.

Estimé la distancia entre nosotros y el venado, 450 metros, levanté mi rifle y le cobré un cuerpo arriba, mi corazón latía rápidamente y mis piernas temblaban como nunca en mi vida, era algo incontrolable por mí, por más esfuerzo, concentración y respiración profunda que hacía, nada!, no podía controlar mi nerviosismo, mucho menos mis piernas. (je je je, nomás me acuerdo y me brota la risa)

Por fin hubo un momento de calma en mí y solté el plomazo, a la derecha me dijo Pablo. Enseguida él soltó el suyo, también pegó a la derecha. Preparé mi segundo tiro, nuevamente el nerviosismo llegó a mí, afectando mis piernas y el ritmo de mi corazón.

Como pude me calmé y nuevamente apunté un cuerpo arriba, el balazo provocó una gran polvareda en las patas del animal que lo hizo brincar y emprender la huida hacia arriba del cerro, quise preparar mi tercer tiro pero el cerrojo no lo subía, el cartucho estaba atorado en el magazine, un problema que ya había detectado en mi rifle y que no había corregido. Para cuando pude subirlo, Pablo ya había hechos otros dos disparos, levanté mi rifle solo para ver al "huarachón" trastumbar el cerro.

En eso estábamos cuando llega Pancho y mi hijo, con una tremenda agitación y una cara de interrogación. ¿Dónde está el venado?, fue la pregunta de Pancho. Trastumbó ese cerro, le dije.

Inmediatamente hicimos el plan, Pablo y Pancho subirían por la parte izquierda del cerro, mi hijo y yo por la parte derecha. Una vez arriba identifiqué unas huellas que me hicieron pensar que por ahí había salido el venado, seguimos caminando por una ladera muy pronunciada y peligrosa que me hizo temer por mi hijo, volteé a verlo como venia, échale con cuidado, me dijo.

Después de cruzar un cañón nos encontramos con las huellas que iba dejando el animal en su presurosa huida, las seguimos otro cañón más pero nada, otro cañón más y nada, las huellas seguían mostrando una loca carrera.

Nos detuvimos a "gemelear" hacía los cañones que se veían, no lo pudimos sacar. Ya se nos pelo, le dije a mi hijo, dándome una muda respuesta afirmativa. Seguimos "gemeleando" por una media hora más hasta que decidimos subirnos al filo de la sierra donde estábamos, rápidamente identificamos a Pablo y a Pancho, ellos también a nosotros.

Nos hablamos por los radios sólo para decirnos que no lo encontramos y que ya se nos había pelado el "huarachón", ni modo, no todas son de azúcar le dije a mi hijo, empezando a caminar de regreso al vallecito para reunirnos con nuestros compañeros.

En el trayecto pensaba que no había lugar para excusa alguna, había fallado, simple y sencillamente había fallado los dos tiros que me había dado oportunidad ese precioso y majestuoso animal que temporada tras temporada buscamos, pero venía contento y satisfecho, durante la caminata que dimos buscando al venado, en esas pronunciadas y peligrosas laderas, vi en mi hijo el coraje y determinación que solo tenemos los cazadores, con eso estaba más que pagado.

Espero que este relato tenga continuación porque este fin de semana vamos nuevamente en busca del "huarachón del vallecito".

PJReyes
Ene/04

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