El cansancio y sus recompensas.

No se si a alguien le ha pasado que se siente como león enjaulado cuando por algún motivo no puede salir de cacería teniendo encima los términos de la temporada a la vuelta de la esquina.

Algo mas o menos parecido me sucedió esta temporada de cacería al Venado Cola Blanca en Sinaloa, donde, con un solo viaje en el periodo hábil y sin haber tenido la oportunidad de un buen animal, ya que casi siempre veíamos crías, hembras y en mi caso machos pero no muy buenos, faltaba solo una semana para que terminara la temporada y yo hasta el gorro de trabajo y unos cursos que tomaba precisamente los fines de semana.

Fue entonces que decidí una escapada, le pedí permiso a mi hija mayor -que se enoja mucho porque le encantan los venados pero vivos-, y decidí largarme de incógnito de la oficina, sin celulares, radios, laptop y cosas por el estilo, el día jueves 15 de Enero allá con mi compadre, a la sierra de El Fuerte, Sinaloa, para regresarme el domingo 18, fecha en que concluiría la vigencia de los cintillos, yo solo, nomás con mis armas, parque, ropa y comida, sin cobijas ni casa de campaña (allá las tenia con el en su casa), además de que ya no cabían mas cosas en mi carrito, pues la camioneta no pudo salir del taller y tuve que dejar la mujer a pie por el fin de semana, y me largue.

Las precipitaciones no son buenas......... Mi compadre, con quien había hablado recién un día antes, no estaba en su casa, ni tampoco había mas gentes, pues se habían ido a un velorio de un tío de la mujer a otro rancho para el que yo no sabia, y luego de platicar un rato con un vecino de el, que me prestaría unas cobijas, a uno de sus hijos de acompañante, y un burro para la carga, además de mandarle hablar a mi compadre, le di unas pocas de cosas para que me preparara la cena su mujer y nos fuimos a dormir.......

Esa noche el frió se puso bueno, y las cobijas eran casi de mentiritas, el catre rechinaba de los resortes y para acabarla de amolar a la perra de este señor se le ocurrió entrar en celo precisamente esa noche, o cuando menos eso pensaron yo creo todos los chuchos del rancho que la traían encalmada y que fueron a estar ladre y ladre justo por afuera del cuarto que me habían dado, lo que ocasiono que toda la noche me levantara con mi foquito a tirarles piedras, y estuve tentado a sacar la escopeta de su funda y dejar la casa oliendo a pólvora, pero me acorde que los demás estaban descansando y me tuve que aguantar hasta las 3.00 de la mañana, hora en la que me puse por un lado del hornillo a hacer café y comer unas galletas, hasta que se levanto Raúl, que seria mi compañero en lo que llegaba mi compadre de su velorio, subimos la carga al burro y a darle, desde las 5.00 de la mañana hasta las 10.30, hora en que llegamos a donde seria el campamento, y yo lamentándome que mi camioneta no hubiera quedado lista, con un hambre de los mil diablos y además súper cansado por la caminadota.

Armamos el precario campamento y acordamos salir a revisar mas tarde los tiraderos, que son unos potreros desmontados recientemente donde han visto y cazado varias animales, y que en mi viaje anterior me quede con muchas ganas de ir, pues prometía ser buen lugar para campear un poco, lujo que por acá en Sinaloa es muy difícil por el tipo de terreno y monte que tenemos.

Luego de un merecido descanso, salimos a las 2.30 Raúl y yo hacia los potreros, distantes todavía como a unos 2 Kilómetros del campamento. Son estos campos de aproximadamente 4600 has. con unas pocas de lomas ligeras y uno que otro barranco de viejos arroyos, y con una visibilidad tremenda en lo parejo, y yo maldije de nuevo a mi suerte, pues le había prestado a mi compadre los binoculares y estaban dentro de su casa junto con mis cobijas y mi casa de campaña.

Ese día Raúl mato 2 jabalíes con un riflito 22 sin miras, que la verdad yo no se como tira con el, pero les tiro 4 tiros y les pego tres, así que nada mal por el muchacho.

Por la noche me pregunto si no quería ir a lamparear, y ahí le avente un sermón de los de aquellos, hasta que me dijo: -no si yo nomás le preguntaba, por saber si traía lampara, yo no se farear, pero he andado con mi papa y pues conozco tantito de eso. Hasta allí quedo la cosa y nos fuimos a dormir, o a tratar de hacerlo, pues hizo todavía mas frió que la noche anterior en el rancho, y lo que pude dormir fue únicamente alrededor de 2 o 3 horas, pues en la madrugada no aguante y me levante a hacer lumbre porque no podía estar, y Raúl tose que tose.

Como a eso de las 4.30 le hable y le dije que no seria bueno que saliera a cazar, que mejor se quedara a salar la carne de los jabalíes, y a ver si se recuperaba, le deje un radio y tome el otro, me eche un cafecito con galletas y unos huevos cocidos en la mochila, y vamonos.

Aproximadamente a las 8.30 de la mañana, al ir subiendo una loma vi una venada con sus 2 crías como a 100 metros a mi derecha, y me hice de un matorro para ver si había algo mas, y entonces pude ver un macho que venia hacia mi al trote, no era muy grande, pues lo metí al lente y vi que era como de 6 puntas a lo mucho, solo que al llegar como a 50 metros de donde estaba yo se abrió hacia su izquierda y fue directamente a donde estaba un venado que se veía un poco mas grande que el, y al que no había visto, como a 120 metros de mi posición. También a este lo metí al lente y pude verle nomás una de las llaves, pues la otra no estaba por ningún lado, pienso que era mutilon como decimos por acá, y me quede en esa posición sin hacer nada como por espacio de 20 minutos, ambos venados se cruzaron a distancia sin tomarse ni siquiera en cuenta y cada cual luego de un rato se fue de ahí. No volví a ver nada en toda la mañana, así que regrese al campamento luego de que Raúl me aviso por radio que mi compadre había llegado, les dije que fueran haciendo la comida y que me esperaran porque iba con un filo de los mil demonios.

En el camino no vi una zanja al brincar unas ramas y zas!, que doy en el piso con todo y todo, el rifle, la mochila, la cámara, GPS, radio, y demás cachivaches, gracias a Dios que solo fue el porrazo pero siempre tuve que llegar untándome lonol en el codo y una de las rodillas, la cual casualmente siempre me golpeo en estos menesteres, como maldición de un burro que cayo con todo y el menso de yo en unas piedras en un viaje también con mi compadre.

Causa de eso, en la tarde me dedique a tumbar palomas con la escopeta cerca del campamento, y deje a los venados para el día siguiente, que también seria el último.

El bueno de mi compadre, ah que el, no me llevo cobijas, ni mi carpita, solo cigarros, tortillas de harina, su rifle y la mula, así que seria otra nochecita de frío.

Estaba asando unas palomas en la noche, sin que llegaran los compañeros, cuando llegaron ahí conmigo 2 personas del pueblo que iban de cacería, solo que de noche, a juzgar por el equipo que llevaban, y me preguntaron adonde habíamos andado en esos días, con el fin de no ir inútilmente a farear, y por no entrar en polémicas con ellos sobre lo que hacían, les indique que a los potreros, cosa que los desanimo, pues al parecer hacia allá se dirigían, y como yo ya sospechaba que mi compadre se quedo a lamparear allá, pues ya eran casi las 9.00 y no llegaban el y Raúl, decidieron seguir para otro lado.

Efectivamente, mi compadre y Raúl lamparearon, y le tiraron según ellos a un venado muy grande, solo que juzgaron mal la distancia y no le pegaron, pero cuando llegaron yo estaba peleando todavía con las cobijas que no se querían calentar por mas lucha que les hacia, así que platicamos un rato, y acordamos salir temprano a la ultima campeada del viaje, pues había que salir para el rancho y a mi me quedaría todavía la peor parte del viaje solo para regresar a la casa.

Otra vez sin dormir mucho, salimos a las 5.00 de la mañana mi compadre y yo para un lado, y Raúl para el otro, ya que revisaríamos un potrero al que no le habíamos entrado porque solo mi compadre conocía al vaquero del rancho, y no nos habíamos animado a entrar antes nosotros solos.

Como a eso de las 7.00, estaba yo revisando con el lente una lomita que quedo a medio desmontar, cuando escuche un pleito de venados a mi izquierda, pero desgraciadamente hacia donde iba el viento, y lo único que alcance a ver cuando enfoque hacia ese lado, fue la cola de un venado que entraba en un macizo de monte. Lentamente me fui hacia el otro lado de la loma y por el radio le indique a mi compadre que se fuera a la cima de un reliz a ver si veía algún animal, pero el canijo no me contesto, así que tuve que iniciar el acecho luego de caminar hacia el lugar por donde había entrado solo.

En eso estaba cuando escuche los disparos del 243 de mi compadre, fueron 2 casi seguidos, y por radio me dijo que había visto a los venados correr hacia donde estaba yo, que uno de ellos era muy grande y que iban derecho a mi posición, o eso creía, porque de inmediato los vi. salir como flecha, uno tras otro, hacia un cerro todavía enmontado.

Sabía que los animales tendrían que pasar por un claro limpio como de más de 200 metros, así que corrí por el bajo hasta donde pudiera dominar la vista y tratar de disparar.

No tengo muy buena condición para correr por desgracia, pues apenas tengo poco haciendo bastante ejercicio, pero de algo valieron las correteadas a los gansos heridos en una laguna que tuve hace poco, así que encalmado y todo, llegue a un mezquite sombroso y me tumbe de rodillas para esperar el tiro……


Pasaron unos cuantos segundos y luego otros disparos, pero estos de escopeta y cercanos, mas no del lado de donde vendrían los animales, sino de mas delante, y a continuación los vi corriendo por otro clarito como a 100 metros, pero solo vi que pasaron, y maldije a los de las maquinas que desmontaron todo menos esos macizos de monte, casi de 500 metros de largo y que subía hasta un cerro completamente enmantado.

Sin perder las esperanzas, me levante de nuevo y corrí hacia donde vi los animales, cuando menos para decirle a mi compadre para donde habían agarrado, cuando vi salir un aleznillo a la carrera frente a mi, como a 30 metros, que estaba al parecer dentro de unas matas, y no voy a negar que estuve a punto de dispararle cuando aprecie bien su cornamenta y desistí, pues no era el tipo de animal que tenia en mente, así que seguí mi carrera hacia el montecito, y entonces……. Como una visión aparecieron los dos venados de nuevo peleando en lo limpio, como a unos 300 metros de mi, y lo único que acerté hacer fue sentarme atrás de unas piedras y tratar de calcular la distancia y la forma de cazar al mayor.

En el campo de tiro he realizado disparos confiados a 200 y 300 metros, pero con mampuesto, con el 30-06 y solo subiendo un poco la puntería, así que aunque juzgue la distancia en eso, decidí esperar ya con los animales enfocados, a un buen tiro.

Y el más grande me lo dio… En una de las veces que ambos venados voltearon hacia mi dirección, el mas alto se atravesó y suavemente fui jalando el llamador, lo siguiente al disparo fue un taponazo seguido de la carrera del contrincante, mi venado cayo hacia atrás como lo hacen algunas veces las liebres, casi vi que se paro en los cuartos, lo juro, y antes que otra cosa pasara, lance un grito de jubilo y le solté un improperio a mi compadre por el radio, refiriéndome al venado, por supuesto.

Estaba feliz de la pieza y empecé a caminar hacia allá, cuando con desespero vi que se levanto y volvió a caer, y luego otra vez, y se me perdió detrás de unas ramas. Lo busque entre el monte con el lente pero no veía nada, así que ahogue el rifle, tire la mochila y volví a correr, pero ahora como loco y gritándole a mi compadre por el radio que se iba a ir, y corrí, corrí y corrí.

Varias veces tuve que parar para agarrar aire, y se me juntaban en las tripas la emoción, el cansancio y una gastritis horrible que me suele acompañar cuando hago mucho esfuerzo y que no he podido controlarme a pesar de tantos años en este negocio.

Hasta que llegue al lugar del tiro, y vi una gran cantidad de sangre en el suelo y los levantones del venado, no fue mas que seguir el rastro y allí estaba, no mas de 10 metros de donde se metió al monte, era un hermoso venado de 8 puntas que tenia perforada la paleta un poco arriba del codillo, casi casi a donde le dispare, y con semejante destrozo todavía se pudo levantar y caminar ese trecho.

Luego a cargarlo, no lo pude, no tanto por lo pesado, pues no era tan gordo, sino por lo cansado que andaba yo.

Cuando me encontré con mi compadre, el traía un aleznillo que mato el vaquero del rancho quien luego se nos unió, esos fueron los escopetazos que oí.

El venado del vaquero se lo llevo al rancho, y luego de unas fotos, nosotros nos fuimos con el mío al campamento donde nos encontramos con Raúl que estaba haciendo desayuno, levantamos el campamento, descopine el venado y guardamos la carne en unos costales para hacer el regreso al pueblo.

Yo casi rabie con mi compadre porque se había tomado la noche anterior unas cervezas que lleve y no me dejo ni pa remedio, así que lo asoleado me lo tuve que quitar con un suerito vida oral que el llevaba en su cangurera.

Aunque regrese bien cansado, estaba feliz por mi venado, no el mas grande que he matado, pero si el que mas trabajo me ha dado para matar y probablemente mas kilos de gordura me ha hecho perder.


JOSE ANTONIO RUBIO CERVANTES

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