Un día
del mes de abril y suena el teléfono de casa, es "Chiquita"
Flores que me llama desde La Pampa, más precisamente de Doblas,
un pueblo realmente hermoso, enclavado en una geografía agreste
y salvaje, invitándome a cazar en su lindo campo : LOS OLIVOS.
Es para
mí un privilegio cazar en este lugar con una rica fauna, grandes
jabalíes colmilludos, hermosos ciervos, grandes pumas, antílopes;
la fauna menor también es muy numerosa, con liebres, vizcachas,
interminables bandadas de palomas y loros, que hacen el deleite de los
escopeteros.
Chiquita
es hermana de Mabel Flores y ambas son dos espléndidas mujeres
con una gran experiencia en el manejo de ganado bovino y desde hace
bastante tiempo de la cacería también. El motivo de la
llamada es que el encargado del campo, Diego, gran colaborador y con
mucha experiencia en estas lides, había descubierto las huellas
de un gran puma que estaba diezmando sus ovejas, y ellas conocen mi
gran afición a cazar felinos. Tanto en América como en
África, siempre mi primera elección es un felino, sencillamente
porque. . ."Me gusta cazar felinos". . . . no tengo ninguna
duda, que de todos los animales, los felinos son los más inteligentes,
los de mayor vida privada y los he visto realizar cosas increíbles
tengo muchas anécdotas, podría escribir cientos de situaciones
difíciles con felinos, pero la más notable de todas y
que la repito a menudo fue aquella oportunidad en que con un amigo y
gran conocedor de rastros, seguíamos a un puma herido, una de
esas heridas que jamás hubiéramos querido producir a ningún
animal, un disparo en la zona del hígado, lo que provocaba una
pérdida de sangre verdosa y un penoso y largo rastreo.
Después
de mas de dos horas de rastreo, Miguel se detiene, me mira y me dice
- . . . "El puma viene detrás de nosotros". . . se
me puso la piel de gallina, el monte era un fachinal muy enmarañado,
volvimos sobre nuestros pasos y pude ver con gran asombro las pisadas
del gran puma sobre nuestros rastros e incluso sobre los rastros de
su propia sangre, la que usaba según Miguel de "cebo"
para llevarnos a nosotros hacia donde él quería, para
que lo siguiéramos, según el análisis de mi experimentado
guía. Al vernos volver se confundió y trepó a un
pequeño árbol donde lo encontró otro proyectil,
esta vez bien colocado. Miguel lleva en ese desierto más de cincuenta
años cazando pumas y él, estaba convencido que el puma
trataría de saltar sobre nosotros, pero el sexto sentido de este
hombre nacido y criado allí, en ese medio totalmente salvaje,
puso la balanza a nuestro favor.
La gran
sequía caracterizó a esta temporada 2006 y en charla con
otros cazadores y veterinarios de la zona, todos coincidían en
lo pobre de las cornamentas de los ciervos debido justamente a la falta
de buenas pasturas, realmente una lástima.

En un hermoso
atardecer pampeano con sabor a caldén y a tierra impalpable,
arribamos con Pepe a Los Olivos. Campo de una belleza escénica
como pocos, con grandes extensiones de llano y grandes extensiones de
enmarañados y altos bosques de caldenes que son el refugio de
toda una abundante fauna de caza mayor y menor.
Una rápida
recorrida antes de que anocheciera y pudimos observar en sus muchas
aguadas infinidad de rastros de ciervos colorados y jabalíes,
al decir de Diego "
hay millones de jabalíes
"
Diego pone
aceite usado con gasoil en algunos palos estratégicos, en un
gran salitral que posee el campo, donde van los jabalíes a rascarse
y a revolcarse, y allí podíamos ver cantidad y calidad
de los trofeos. En uno en especial, frente al salitral, estaban las
improntas de un padrillo que harían parar los pelos al cazador
más curtido, realmente impresionantes por lo grandes y profundas,
nos indicaban por las claras que se trataba de algo soberbio; además
andaba solo, sin compañía, como corresponde a un viejo
padrillo "matrero", como lo llamaba Diego.
Recorrimos
casi todos los apostaderos del campo, los cuales están estratégicamente
colocados frente a alguna aguada, vertiente o salitral, y en prácticamente
todos, pudimos ver gran cantidad de rastros.
Diego nos
llevó hasta un monte cercano a una pequeña vertiente,
donde el león había llevado a una cordera luego de carnearla,
le había comido parte del pecho y la había cubierto con
ramas y hojas de manera de mimetizarla y esconderla, para seguir con
su festín al día siguiente, día que volvió
y comió una segunda porción, para luego abandonar los
restos para no volver por ellos nunca más. Era precisamente esto,
lo que nos mostraba Diego; y el problema era que ya iban varias corderas
las que había comido.
Cazar pumas
con cebos vivos es una de las prácticas que más me gusta,
es una de mis preferidas, consiste en colocar dos o tres cebos vivos
(cabras u ovejas ) en determinados lugares muy estratégicos,
elegidos en base a un buen conocimiento del campo, o con el consejo
del encargado o peón. Se debe atar con alambre doble con una
especie de pretal al chivo y encadenarlo al tronco de un monte grande,
para evitar que el león lo cargue en sus hombros y se lo lleve
lejos. A todo esto el lugar debe estar ubicado de manera que el puma
pueda llegar hasta él, sin mostrarse en ningún llano,
debe tener cubiertas suficientes para que así sea, caso contrario
el león no entrará jamás. Al otro día se
recorren los cebos y donde el león haya carneado, se construye
un disimulado apostadero, para esperarlo a la noche siguiente, cuando
regrese por el segundo plato.
En este
caso yo no disponía de tantos días para esperar a los
cebos vivos, de manera que con Pepe ideamos otro tipo de estrategia,
primero identificamos como mejor lugar el que estaba cerca de la vertiente,
donde nos apostaríamos muy temprano, pues es un lugar excelente
y con muchas posibilidades de ver fauna de caza mayor de día,
y además en los otros lugares donde suelen "bajar"
colocamos algunos elementos extraños, como bolsas blancas en
un palo, para que las mueva el viento, de manera de provocar en el león,
desconfianza y tratar de encaminarlo a que tome agua cerca nuestro.
Además
en esas orillas había rastros del gran "gato" y rastros
de ese gran padrillo de jabalí, incluso podían bajar ciervos
Colorados también, según Diego.
Mi equipo
para esta oportunidad era un .375 Holland & Holland, con recargas
propias, puntas Swif de 300 gr, con pólvora IMR4350, un visor
Leupold 6x con retículo Heavy Duplex, para tomar puntería
con deficientes condiciones de luz y de manera rápida y por supuesto
mis inseparables prismáticos Swarovsky 8,5 x 42 , una joya que
prolonga mis ojos.
Nos colocamos
muy temprano dentro de una especie de pozo que cumplía las funciones
de apostadero, me gusta mucho este tipo de apostadero, pues me siento
mucho más cerca de la caza, nuestro olor cae dentro del pozo
y no se esparce, algunos cazadores piensan que son peligrosos. . . .
y yo siempre digo que: "El que no da nada a cambio no merece ningún
respeto
" El rifle apoyado sobre mi chaleco en unos troncos,
con bala en boca y sin seguro, apuntando al preciso lugar donde podría
aparecer el león.
Empezaron
a desfilar ante nuestra vista gran cantidad de animales que venían
al agua, zorros, una gran tropa de ñandúes grandes y pequeños
nos deleitaron por un rato largo, también bajó a plena
luz del día una chancha con unas crías grandes, supuestamente
del año anterior, gran cantidad de loros y bandadas inmensas
de palomas venían a saciar su sed antes de retornar al monte.
La luna
iba a salir muy tarde de manera que tendríamos unas dos a tres
horas de absoluta oscuridad, pero por lo menos podríamos escuchar
a nuestros visitantes.
Apretaba
el frío y para combatirlo, tomamos algunos cafecitos que Pepe
había preparado para este momento.
Son más
de las veintitrés horas y aparece el globo amarillo de la luna
a nuestras espaldas, se sintieron algunos tropeles de corridas de animales
cerca del agua, y mi angustia era grande de pensar que tomarían
agua y se marcharían sin que los pudiéramos ver, pero
prender un reflector no corresponde por lo antideportivo, primero y
segundo sería una tontería, pues el gatazo o el padrillo
al ver la luz se harían humo antes de darme oportunidad de tiro,
casi seguro.
Casi la
una de la mañana y la luna plateaba con toda intensidad el salitral,
y vimos cruzar al trote a un gran peludo que se perdió en unos
pajonales. Tres o cuatro patos visitaron y chapotearon en el agua provocando
un escándalo, luego partieron.
Casi las
dos y unos teros alborotan el lugar desde nuestra izquierda, no los
podíamos ver pero algo los había inquietado sin ninguna
duda, de manera que nuestros sentidos se tensaron al máximo.
Reviso minuciosamente todo el terreno, barriéndolo con los prismáticos,
y de pronto mi corazón dio gran salto, hacia nuestra izquierda
a unos ochenta metros, estaba "congelado" el "matrero",
un padrillo descomunal, solo, desconfiado como "viejo tuerto",
al decir de los paisanos, trataba de tomar el aire levantando su jeta,
pero el viento lo teníamos a nuestro favor. Pasaban los minutos
y seguía en la misma posición, realmente es asombroso
poder ver los cuidados y las precauciones que toman estos viejos jabalíes,
y no por algo han llegado a la edad que tienen. . . .
Con los
ojos le planteo a Pepe mi duda si disparo o no, sobre el padrillo, pues
nosotros estamos esperando al león. . . . y mi compañero
se acerca a mi oído y susurra muy por lo bajo " . . . partilo.
. .". El padrillo continuó muy lentamente su marcha como
si presintiera el peligro, ya estaba en medio del blanco salitral, era
todo un espectáculo cinegético, a unos sesenta metros
pude ver, en dos oportunidades, brillar sus grandes colmillos, y cuando
se le ve brillar es que son grandes, lo metí dentro del retículo,
todavía tenía dudas de disparar, pero una fuerza interior,
proveniente del fuego sagrado heredado de mis mayores, como si San Huberto
me decía: "ya es hora. . . ", busqué el encuentro
de la mano con el cuerpo, como adivinando el corazón, y solté
el cañonazo. Sentí la detonación del disparo y
el tremendo "bolsazo" del impacto, 300 gr. a 2500 pies por
segundo es una tremenda energía que puso de rodillas al gran
padrillo, por un instante y luego se tumbó en el mismo lugar
sin dar un solo paso. Esperamos sin movernos unos instantes, para evitar
que el animal cargue adrenalina si es que todavía estaba vivo.
Nos acercamos
por detrás y con las precauciones lógicas ante semejante
trofeo, y estaba totalmente "seco", nuevamente agradecí
a San Huberto, colocando una ramita en su boca, y a mi querido rifle,
que me ha llenado de satisfacciones tantas veces. . . . .

Al otro
día en el casco de la estancia Pepe extrajo los colmillos y medían
25 y 26 centímetros, un hermoso trofeo.
Chiquita
y Mabel nos agasajaron con un exquisito almuerzo, agradecimos mucho
sus atenciones y excelente estadía en sus confortables instalaciones
y con promesas de regresar por el puma o algún buen Colorado,
en alguna luna próxima, nos despedimos de nuestras encantadoras
anfitrionas.-