Caza mediante campeo en nuestros montes.

Si deseas que resulte productiva y eficaz, la caza por campeo debe ser una actividad sistemática y bien planificada, y no un paseo al asar por el monte con la esperanza de encontrar por casualidad a un venado.

El reconocimiento de la zona es de vital importancia y si el cazador no está familiarizado con ella debe lograr la asistencia de un guía o acompañante local. En varios países del mundo la mayoría de las cacerías por campeo (acecho), las llevan a cabo cazadores individuales conducidos por guardabosques, guías profesionales u otros expertos, excepto en los casos en que el cazador es propietario o alquila derechos de caza en un área de terreno determinada. En gran parte de Canadá y Estados Unidos, en cambio, son cazadores solitarios que cazan venados y diversas especies de carneros y cabras de montaña.

El campeo (acecho) eficaz de cualquier criatura salvaje implica tener en cuenta sus hábitos, movimientos, el ritmo natural de sus rutinas de alimentación, descanso, desplazamientos, que pueden variar de acuerdo con la época del año, y las condiciones meteorológicas del día. Los venados tienen su máxima actividad en los mismísimos momentos en la que del hombre es mínima: al amanecer, al anochecer y durante las horas de oscuridad. El Cazador por campeo (acecho), que desee tener éxito debe entonces andar por allí a la hora en que normalmente estaría durmiendo, cenando o descansando. Sin embargo, es ésta ruptura de la monótona rutina de la vida la que confiere a éste deporte su singular atractivo y satisfacción.

La caza por campeo (acecho) en el monte exige el empleo de todos los sentidos, una considerable destreza y un alto nivel de concentración y conocimiento de si mismo a fin de lograr ser más listo que unas criaturas salvajes vigilantes, astutas, nerviosas y admirablemente bien dotadas de agudos sentidos del oído y del olfato. El campeo en los montes silvestres, tal vez desde un tosco y precario campamento alejado de la carretera, es una actividad muy exigente en cuanto al aspecto físico, pero tampoco se debe subestimar la tensión mental que genera.

La caza por campeo (acecho) tiene como finalidad el control y la administración metódica de las poblaciones de venados, de forma que regule sus cantidades, preserve la salud y el vigor de la especie, y mantenga el equilibrio entre los ejemplares jóvenes y viejos, machos y hembras.

Existen temporadas de caza definidas legalmente para las distintas especies, y dentro de cada una de ellas para los machos y las hembras, los cuales se deben observar estrictamente, excepto cuando resulte imprescindible abatir a un animal para evitarle sufrimientos, o en casos excepcionales, cuando se desee evitar daños intolerables a los cultivos o árboles frutales. De ésta manera, el cazador por campeo (acecho) sale al monte con una idea bastante bien definida de la especie que va a cazar y si dentro de ella debe de elegir a los machos o a las hembras de acuerdo con las temporadas reglamentarias. Debe intentar también disparar selectivamente para escoger una elevada proporción de animales muy viejos sobre los jóvenes.

En los casos en que el cazador o su guía está suficientemente familiarizado con el monte y conoce las especies y cantidades de venados con bastante exactitud, debe elaborar un plan de caza, aunque sea rudimentario. Las salidas anteriores y las observaciones regulares ilustran al cazador acerca de los lugares en que los diversos grupos familiares y las grandes manadas de venados frecuentan, y las rutas que siguen cuando se trasladan.

Si se sabe que los venados se alimentan a horarios regulares en sitios establecidos, el acecho comenzará con una lenta y silenciosa aproximación que evite perturbar no solo al animal que come sino a cualquier otra criatura que se encuentre en el trayecto. El cazador debe estar permanentemente conciente del riesgo de molestar a otros venados vagabundos mientras avanza, y muchas especies de aves pueden delatar su presencia con sus reclamos y movimientos de alarma.

Los venados y otras piezas mayores son rápidos para detectar los movimientos repentinos, pero sus ojos poseen escaso poder de resolución para los objetos estáticos. Por tal razón, los movimientos del cazador deben ser lentos y cautelosos, y su indumentaria debe ser de colores tales que se mimetice con el fondo. Las cazadoras de paño de abrigo verde oliva, las capas y pantalones de color verde artemisa, verde obscuro o marrón son excelentes para éstos fines. En los montes mixtos de especies caducas y coníferas típicos de las regiones templadas, da excelentes resultados el material de diseño disociado desarrollado para el empleo militar puesto que rompe el contorno de la figura humana y contribuye a confundirla con la cobertura que lo rodea.

A fin de reducir aún más la probabilidad de ser delatado por el ruido, el cazador debe hacer suya otra idea militar, que es la de saltar vigorosamente hacia arriba y hacia abajo antes de partir. Esto ayuda a identificar cualquier equipo o accesorio que pueda tintinear o castañear, como monedas, un cuchillo u otros objetos metálicos. Los sonidos de ésta clase resultas extraños para las criaturas salvajes y pueden alarmarlos de inmediato. Las manos se deben enmascarar mediante crema de camuflaje o guantes sin dedos y algunos cazadores utilizan también velos, máscaras o crema de camuflaje para ocultar la llamativa palidez del rostro.

Todo cazador por campeo (acecho) emplea constantemente los binoculares, que deben ser de la mejor calidad óptica y mayor poder de concentración de luz, compatibles con un tamaño y peso razonables fáciles de manejar. Una funda de cuero o de plástico sirve para proteger los binoculares de las gotas de lluvia, y la correa para colgar al cuello debe ser ancha o pasar en forma de "8" por los hombros.

Lo más importante, sin embargo, es el rumbo de aproximación del cazador en relación al viento reinante, que puede llevar su olor al venado y alarmarle. Mientras en campo abierto es bastante más fácil determinar la dirección del viento, los montes producen turbulencias y remolinos muchas veces impredecibles, debido a que los grupos de árboles, los claros y los caminos desvían las corrientes de aire y modifican su dirección. El cazador tiene que moverse siempre contra el viento o por lo menos transversalmente, y durante su lenta marcha debe comprobar constantemente su dirección observando el movimiento del pasto y de las hojas, sintiendo el soplo sobre su cara o deteniéndose regularmente para realizar una verificación de la dirección del mismo. Esta prueba la puede hacer con los polvos que se venden comercialmente, o con una bocanada de talco de un pequeño recipiente de goma, o sacudiendo un poco de ceniza fina de un saquito.

Una aproximación sin ruidos significa que hay que moverse a paso lento y medido, evitar las hojas y las ramas secas que pueden crujir o quebrarse, y no chapotear en los charcos. Por tales razones, el calzado debe ser lo suficientemente ligero como para que le cazador pueda sentir paso a paso por donde camina. Los zapatos y botas de suela ligera son los mejores, excepto cuando el tiempo es muy frío. De todos modos, es éste último caso la capa de nieve del suelo ejerce un efecto amortiguador del ruido del pesado calzado que se utiliza en invierno.

Los venados se asustan también por los ruidos que producen las ramas y la vegetación al rozar contra las prendas de vestir inadecuadas. Los materiales sintéticos son particularmente propensos a crujir al caminar y producen ruidosos roces contra las plantas y la maleza. Las prendas de fibras naturales, tales como la lana y el algodón, son silenciosas y cómodas, y la cantidad de capas se puede reducir o aumentar según varíe la temperatura de temporada en temporada e incluso de hora en hora durante una cacería. Existen ya en el mercado materiales naturales resistentes al agua que resultan cómodos y prácticos durante la temporada de frío y humedad.

Artículo enviado por:
Joel Castellanos.

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