Llegué
a BCS en febrero de 1997 por cuestiones de trabajo. El primer dia, al
salir del hotel, lo primero que ví fue un letrero del CLUB DE
CAZA, TIRO, PESCA, GAVILANES, A.C. Me dio gusto ya que iniciaba bien
mi estancia en ese bello Estado ya que ya tenía datos de un club
cinegético. En ese entonces la cacería era una obsesión
para mí; en todo momento libre pensaba, hablaba, soñaba
en ella. Actualmente es mi pasión.
El trabajo,
los viajes a Saltillo y dentro del Estado de BCS ocupaban mi tiempo.
Pero en una plática, un compañero de trabajo me dijo que
su tío era cazador y socio de un club. En poco tiempo hice contacto
con él (Profr. Raúl Pedrín Trasviña) y me
invitó a una reunión oficial del club para que me fueran
conociendo y así lo hice, iniciando de esa manera una muy bonita
amistad con el "Profe".
Con el
tiempo me di de alta en el club, tramité mi permiso de cacería
pero no tenía rifle. Anduve consiguiendo hasta que otro buen
amigo me prestó un .243 que posteriormente le compré.
No tenía tiros y la temporada estaba por iniciar. Este calibre
nadie lo usaba allá y por lo tanto no había cartuchos.
Pocos días antes de la temporada me visitó otro buen amigo
y me dijo: te traigo 2 cajas de cartuchos pero el dueño no te
las quiso cobrar. Nunca supe quien me las envió. Aunque no estaba
muy preocupado, ya que Raúl me había prometido que me
prestaría uno de sus rifles si no conseguía, me dio gusto
estar completo.
Tramité
la transportación, medio apunté el rifle (ya que los tiros
eran de varias cargas y marcas, unos de fábrica y otros recargados)
y me puse de acuerdo con Raúl para salir de cacería. El
se iría desde el martes y yo lo alcanzaría el sábado.
El sábado
10 de enero de 1988, a las 5 de la mañana, salí de la
casa rumbo al rancho y a las 6 ya estaba allá. Saboreamos un
café de olla que Pancho (otro inolvidable amigo) preparó,
nos alistamos y a las 7 salimos a campear. Íbamos Raúl,
Loreto (otro amigo y guía) y Yo.
¡Estaba
campeando en BCS en cacería de venado! Apenas lo podía
creer. ¡Ah como estaba disfrutando esos momentos!. Esos pensamientos
y emoción me ocupaban cuando nos detuvimos. Raúl aprovechó
para orientarme en el terreno y darme puntos de referencia por si acaso.
Un gran amigo, no cabe duda.
Eran aproximadamente
las 8 de la mañana cuando llegamos a un arroyo y decidimos caminar
por el, rumbo a la Cabeza de Indio (un punto en la sierra llamado así
por una piedra que en verdad lo parece). Un rato después hallamos
una huella fresca de venado y la seguimos. Raúl y Loreto seguían
adelante y Yo atrás. La huella subía por una vereda y
ellos siguieron por el arroyo. Les silbé y les avisé que
la seguiría. Estuvieron de acuerdo.
Ahora iba
solo siguiendo esa huella que gran emoción me causaba. La vereda
ascendía por la loma y casi en el filo continuaba por la ladera
para dar vuelta en una cañada. Eran alrededor de las 8:30 de
la mañana y unos pasos antes de dar vuelta escuché un
tropel y el rodar de piedras. Instintivamente me descolgué el
rifle y me detuve, pero pensé: debe ser una vaca. Iba a colgarme
el rifle cuando pienso: ¡ni madre, aquí no hay vacas!.
Las vacas están encerradas. Todo esto en unos cuantos segundos.
Corté cartucho y recordé que el rifle me había
quedado apuntado alto y derecho. Di unos cuantos pasos dando vuelta
en la cañada y ahí lo vi: un tremendo Venado Bura Cola
Prieta. Imponente y bello corriendo siempre por la vereda y pensé
que atravesaría el filo y se iría. Lo estaba admirando
y ni el intento de apuntarle hacía.
Pero cual
sería mi sorpresa que el venado dio vuelta por la cañada
siguiendo la vereda que pasaba enfrente de mí. Yo estaba inmóvil,
siguiéndolo ya con la retícula, y el venado pasaba frente
a mí. No se porque pero el venado se detuvo (quizá no
me ubicó o por curioso) pero ahí estaba: parado, atravesado
y viendo hacia mí. Coloqué la cruz del telescopio a la
altura de su rodilla y delante de el más o menos en línea
con su boca. Disparé y escuché lo que llamamos el tamborazo.
Inmediatamente lo busqué y me pareció ver que trastabilló
o se ladeó un poco pero arrancó violentamente hacia la
sierra y entre las hierbas. Ya no buscó la vereda. Con la emoción
saliéndoseme, convertida en violentos latidos del corazón
y el temblor de manos que todos conocemos, rápidamente corté
cartucho y le aventé otro tiro que lógicamente fallé.
Dejé
de verlo y es eso escuche los gritos de Raúl preguntándome
que pasaba. Le grité que un venado y que también arrancan
para arriba de la loma. Los dos subieron corriendo y en unos instantes
estaban conmigo. Comprobé que son unos excelentes caminantes
y su condición física envidiable. La loma estaba bastante
alta.
Revisamos
el lugar encontrando solo el arrancón pero ni una gota de sangre.
Me decían ¡no le diste! Pero pensaba que sí, (entonces
porque trastabilló y se ladeó; o ¿fue mi imaginación?)
. Decidimos seguir por entre el monte siguiéndolo a ver si encontrábamos
algo, pero nada. Llegamos hasta el fin de esa loma y nos detuvimos en
el filo viendo una profunda cañada y me dije: va a estar dura
la bajada pero tenemos que verlo de nuevo. Ahí estuvimos unos
quince minutos buscándolo con los binoculares y nada. Acordamos
que Loreto bajaría por la cañada para ver si lo sacaba
y nosotros le daríamos vuelta al cañón buscando
huellas. Apenas nos habíamos separado cuando nos dice Loreto:
¡ahí enfrente va un venado muy grande! Inmediatamente lo
vimos y Raúl se hincó y le apuntó con su 300 Savage
y le tiró. El venado se detuvo y ya lo tenía cruzado (apuntándole
a la parte más baja del codillo y delante de el, ya que recordé
donde traía apuntado el rifle) por lo que le dije a Raúl:
no te levantes, voy a tirar. ¡Disparé y el venado cayó!
Se le doblaron primero las patas traseras y luego se fue de lado. Ya
estaba. Les dije: vamos a espera unos minutos haber que pasa. Un rato
después Raúl y Loreto se fueron a ver el venado y Yo me
quise quedar por si se levantaba; no quería dejar de verlo ya
que muchas cosas se venían a mi mente y, la verdad, quería
tener otra oportunidad si se levantaba.
Llegaron
Raúl y Loreto y me gritaron ¡ya vente, ya está y
está bien bueno! Entonces si me fui hacia ellos y ahí
estaba ese gran venado. Eran las 9:30 de la mañana, más
o menos.

Lo revisamos
y encontramos 2 impactos: uno en la parte alta y trasera de los pulmones
y otro también en la parte alta, pero casi donde empiezan las
piernas, que le tocó la columna vertebral. Por eso se dobló
primero de las patas traseras. Ya se han de imaginar el gusto y el festejo:
ahí tomamos muchas fotos, lo abrimos, lo bajamos hasta una sombra
y lo colgamos en un palo fierro, le echamos encima una chamarra con
fuertes olores nuestros para evitar que se acercaran los depredadores,
tomamos agua, descansamos y nos fuimos al rancho. Más tarde volverían
en el burro por el.
Ya más
serenos comentamos que sí era el venado al que le había
tirado antes, pero tenía solo 2 tiros y le habíamos aventado
tres y surgieron las siguientes preguntas: ¿quién le pegó?
¿de quién es? Como buenos amigos, y dando muestras de
nuestra caballerosidad, decidimos: el venado es de los dos, los dos
le pegamos. Gustosos nos saludamos y continuamos el festejo. Me cedió
el trofeo para disecarlo y hasta la fecha conservo y lo considero un
símbolo de amistad entre Raúl y Yo. Es nuestro venado.

El festejo
en el rancho fue de pronósticos. Buena comida, cheve, amigos
y música. Pancho y Loreto se fueron por el venado y regresaron
como a las 3 horas. Más fotos y pláticas acerca de la
"hazaña". Por la tarde tuvimos que salir a un restaurante
en la carretera a surtir más cheve ya que se nos había
terminado. Inmensamente felices continuamos el festejo jugando "malilla"
(juego de cartas sudcaliforniano) hasta muy tarde. Bueno, ellos jugaron
ya que Yo jamás aprendí a hacerlo.
Como a
las 11 de la noche me retiré a descansar (puse mi cama en la
caja de mi camioneta) y me acosté al aire libre, sin toldo. Aún
me faltaba otra sorpresa: el cielo estaba maravillosamente estrellado
y, entre recordando el suceso y viendo las estrellas, me quedé
dormido.
Día
inolvidable que arraigó mi corazón a BCS y me dejó
grandes amigos (Raúl, Loreto, Pancho, Pinto, El Bola, Chayo Espinoza,
Benigno y otros más que jamás olvidaré) y a quienes
dedico estas líneas como un homenaje a su gran calidad de personas.
"DONDE RIFAN GAVILANES NO HAY PALOMAS"
Jesús
Domingo Reyes Dávila.
Gavilán por siempre.