Cacería de Venado Cola Blanca Carminis.
Oscar Gustavo Avila Frias.


Mi breve anécdota comienza con la rifa de una cacería, en la cual, el día que quise escoger un numero ya estaban agotados y posteriormente como a la semana veo con admiración números cancelados y opto por uno, de ahí hasta la rifa no me volví a acordar del evento, checando la pagina como una semana después me entero de que había sido el afortunado ganador de la cacería, no lo podía creer, y por consiguiente tampoco mi esposa, ¡hombre como crees te han de estar chamaqueando! Pero como toda persona que se diga cazador de hueso colorado, no me importo y seguí con la ilusión de esta cacería. Me pude poner en contacto con Pedro Julio, ultimamos detalles de la cacería, así también me contacte con los encargados del rancho donde se iba a efectuar dicho evento, a los cuales agradezco enormemente las atenciones prestadas a un servidor y mi esposa; que todavía ingenua me acompaño, insistiendo que hasta no ver no creer.

La cacería estaba dispuesta para el día 21 de diciembre, por lo que salimos el día 20 a medio día, tomando la carretera libre que va a Jilótepec, para después incorporarnos a la carretera federal 57, no sin antes pasar a Villa del Carbón municipio del Estado de México a comprar un rompope, muy característico de estos rumbos; la ultima luz del día nos llego de sorpresa ya casi llegando a San Luís Potosí, no por ello dejamos la carretera, toda la noche viajamos hasta llegar a Sabinas Coahuila, comunidad que conocimos de madrugada, y después de un desayuno muy sabroso en un restaurante llamado "Cazadores", posteriormente nos dirigimos a la casa de Carlos, que al verme se sorprendió por llegar tan temprano; ya que era un poco mas tarde la cita, pero como sabemos que el tiempo apremia a los cazadores por llegar al lugar de su afición y empezar a buscar a los venados, la inquietud y la emoción superaba a la paciencia, por lo que Carlos (el dueño del rancho) me comento "no comas ansias"; por lo que me propuso disfrutar un poco de los atractivos de la población, así nos dispusimos a conocer, recorrimos en poco tiempo la comunidad de Sabinas ya que es pequeño, pero con mucha historia, visitamos lugares donde dejaron huella los revolucionarios, conocimos parte de su arquitectura de los edificios de gobierno, visitamos la parroquia, la cual se encuentra a un costado del Palacio Municipal, que por cierto tiene un hermoso y apacible jardín.

Llego la hora fijada para salir, nos esperaba Carlos para dirigirnos al aeropuerto que se encuentra en Nueva Rosita a unos escasos 10 minutos de Sabinas, ahí subimos a la avioneta, todo el equipaje y algunos de los víveres que se necesitaban en el rancho.

Después de 30 minutos de vuelo y de ver la extensión de terreno tan inmensa con un paisaje sin igual, (yo mientras tanto, imaginaba los venados que me parecía ver correr) llego la hora de aterrizar, por fin tocar suelo, y yo cada vez mas impresionado por la belleza del lugar que me parecía casi imposible que en muy poco tiempo estuviéramos disfrutando de ese paraíso en medio de una zona semidesértica; en el lugar de aterrizaje nos recibió Don Charly quién nos condujo hasta la habitación donde nos hospedaríamos, no sin ante mostrarnos su casa y presentarnos a Doña Elizabeth su esposa. Ya en la habitación, que por cierto es muy confortable y con ese sabor a campo, contando con los servicios necesarios para pasarla de maravilla, no había transcurrido ni 15 minutos cuando Carlos nos llama para ver un oso negro que estaba husmeando a los alrededores, para mi sorpresa el oso se encontraba a menos de 30 metros de nosotros, no lo podía creer, ver mi primer oso y a esa distancia tan cercana, pensé que más me depararía esta cacería?, mi esposa y yo estábamos felices de lo acontecido ya que me considero afortunado de haber visto este animal tan espectacular, ya tan escaso en México, después de tanta emoción nos llamaron a comer, que por cierto los desayunos y las comidas estuvieron muy ricas ya que Doña Elizabeth se esmeraba para que disfrutáramos de ese sazón norteño, habiendo degustado tan rica comida pasamos a los que me trajo aquí, (al rancho La Escondida) pretender cazar un venado carminis o por lo menos sacarle un buen susto al ingrato.

Carlos me facilito un Browming 270 con mira de 9 aumentos y nos dispusimos salir, encontré mi primer venado el cual presentaba 7 puntas, yo me emocione ya que el animal estaba echado y aun así se veía grande, pero Carlos me comento que me esperara ya que es muy común un venado de esas características en el rancho y que se podía encontrar mejores ejemplares, el resto de la tarde vimos mucho venado pero que no eran objeto de trofeo por la temprana edad que presentaban, ya de regreso al rancho nos prestamos a cenar para posteriormente ir a dormir habiendo que madrugar para seguir buscando el bueno, a las 6.30 de la mañana se nos habla para desayunar, salimos como a las 7.30 divisando un grupo de hembras por lo que supusimos el macho se encontraría cerca, nos prestamos en hacer el acecho en este caso él guía, mi esposa y un servidor llegamos al grupo de las hembras las cuales se encontraban a muy poca distancia de nosotros, sin espantarlas proseguimos buscando al macho, que días anteriores ya le habían tratado de hacer el arribo sin éxito, mas adelante lo divisamos con dos hembras me acerco a él a una distancia muy corta con lo cual lo meto a la lente y veo que presenta 7 puntas con lo cual le pido opinión al guía si podremos encontrar algo mas grande y sin vacilar me dijo que si, en ese momento sentí una gran emoción y creo que comencé a temblar ya que nunca me había acercado tanto a un venado, dejándome esta experiencia un buen sabor de boca, proseguimos en nuestra búsqueda, viendo animales de poca cuerna y gran cantidad de hembras, llego la hora de comer, unos taquitos de tortilla de harina con frijolitos y otros de venado, teniendo de postre unas naranjas, al estar comiendo escuche un ruido en la hojarasca y vi salir una hembra y atrás de ella un venado el cual se veía sorprendido pues casi se topa con nosotros, me puse en marcha inmediatamente para lograr verlo y valorar sus astas, pero resulto ser un macho joven, después de un descanso a tanto ajetreo proseguimos ya que habíamos esperado para que bajara un poco el sol y así el venado se empezara a mover, llegamos a una zona donde predominaba la vegetación mas semidesértica, con abundante mezquite y nopal teniendo de fondo unos cerritos que me gustaban para que saltara el venado grande lo cual le comente al guía y aunque no me lo crean, camino adelante entre la vegetación vimos un venado con gran cuerna, se encontraba como 50 mts. de nosotros, con una hembra, la cual, al sentirnos se alejo y se metió entre la vegetación imposibilitándome el tiro, por lo que lo seguimos y ambos venados emprendieron la carrera, como a unos 70 mts. se pararon y, logrando meterlo a la lente quito el seguro y después de una pausa le zumbo tremendo cañonazo que no da en el blanco, sale huyendo y subo otro tiro que ya no pude secuenciar, lo sigo como 50 mts. se detiene, ahora lo tengo a 120mt lo encañono y le vuelvo a zumbar sin éxito alguno, consternado regreso al lugar del primer tiro pero no hay rastro alguno, me comenta Carlos y el guía que el tiro se me adelanto apenas unos 10 cm del pecho del venado, no había forma de disculpar lo sucedido, posteriormente me sugieren que pruebe el rifle pues tal vez pudo moverse la mira, en ese momento recordé los consejos que dan lo cazadores con mas experiencia sobre el probar miras antes de salir a campo y mas cuando el rifle es prestado, pague muy alto el costo por la mala elección ya que el venado valía la pena pues el animal contaba con 9 puntas bien hechas, las cuales yo no pude contar por los nervios y la emoción tan grande que sentí, ni modo no le tocaba, probando el rifle note que el tiro lo estaba jalando ala derecha, por eso digo que no le tocaba por que si lo agarro cruzado al lado opuesto ahora ya estuviera colgado en la pared, pues el efecto que hubiera causado, con una herida atrasada pero mortal, ya que el 270 es muy efectivo para esta especie.

Después de haber fallado un buen venado me sentía inseguro, por lo que el hoy occiso pago esa incertidumbre que me arremetía en el pensamiento, pues al saltar como a 50mt solo vi que tenia cuernas muy simétricas le zumbe sin pensarlo dos veces, cayendo en el mismo lugar donde le tire, un venado promedio del rancho pero que no olvidare por todas las experiencias que viví y por la grata compañía de esta cacería.

Un agradecimiento a todas las personas que hicieron posible el poder disfrutar de esta cacería, a Pedro julio, Don Charly, Doña Elizabeth, Carlos, y en especial a mi esposa Anabel por compartir este vicio cabrón; que llegando los fríos empieza la inquietud en nuestro organismo y no se apacigua hasta estar en la sierra, ya no digamos cazando un venado, si no el simple hecho de verlos correr y admirar a tan hermosos animales, que nos a dado la naturaleza y que ojalá duren por muchos años, lográndose conservar sanas sus poblaciones.

Oscar Gustavo Avila Frias.

Regresar