En la cacería
de coyotes hay de encuentros a encuentros con ese animal.
Como resultado
de muchos factores, existe un gran variedad de repuestas de los coyotes
al sonido de los llamadores. En gran parte el tipo de respuesta depende
de la personalidad individual de cada animal: Es o no agresivo? Es inteligente
o bobo? Cauto o curioso? También influyen las experiencias que
haya tenido a lo largo de su vida: A acudido al sonido de un llamador?
Le han disparado?
También
es importante la situación en que se encuentra el coyote cuando
los sonidos del llamador interrumpen sus actividades normales: Está
hambriento o recién comido? Esta cansado?
No podemos
saber lo anterior al momento que empezamos a llamarlo, pero cualquiera
que haya cazado coyotes por un buen tiempo puede testificar las variaciones
en la respuesta. Hay unos que se acercan despacio pero sin distraerse,
otros se acercan distrayéndose con todo lo que se van encontrando.
En algunos casos se acercan a la carrera y no buscan otra cosa que matar,
y vienen a donde tú estás. Este es un aspecto de la caza
de depredadores que la hace ocupar un lugar aparte de los otros tipos
de cacería.
Cualquiera
que ha estado en esas circunstancias y diga no se ha sobresaltado, o
se está engañando solo o no le funcionan las glándulas
que producen adrenalina.
De hecho
yo no odio a los coyotes. Comprendo la animosidad que sienten contra
ellos los rancheros que sufren los ataques de estos animales a las cabras,
borregos, gallinas, etc. Aún cuando yo se que una vez que el
coyote se da cuenta de que se las está viendo con un ser humano
saldrá disparado en dirección contraria a la que venía
sobre ti, esto será una experiencia electrizante. Yo he visto
venir un coyote con una expresión tan escalofriante que ha sido
un alivio el disparar y matarlo.
Alguien
podrá pensar que esta reacción es un tanto aprensiva,
sobre todo para aquellos que solo han visto a los coyotes correr aún
cuando van heridos de muerte.
Aunque
es cierto que yo nunca he sido atacado por un coyote, soy afecto a pensar
que si algo puede pasar, pasará.
Hace algunos
años, estaba llamando coyotes, perfectamente camouflageado, en
la ladera de un cerro pedregoso de un rancho llamado El Rodeo, en Villagrán,
Tamaulipas, usaba de mampuesto una piedra grande. Empecé a llamar
a bajo volumen. Después de solo unos minutos sentí a mis
espaldas un pequeño ruido. Cuando volví la cabeza vi un
coyote de muy buen tamaño a unos dos metros de donde yo estaba
sentado, tenía en un costillar una cicatriz, producto tal vez
de una mordida o del tallón de una bala, tenía los ojos
puestos en mi y al ver mi movimiento gruñó. Todavía
creo que estaba pensando en atacarme, pero cuando empecé a mover
el rifle para dispararle, lo pensó mejor y en unos segundos se
perdió entre los chaparros. Sentado como estaba, con las piernas
encogidas y pesando yo 57 kilos, ha de haber pensado que tenía
el tamaño apropiado para convertirme en su presa.
En Estados
Unidos se han dado dos casos en que los coyotes han atacado y matado
a niños.
Buena
suerte y buena caza.
Rafael Adame W.